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Acompañar a Jesús y a su Madre
¿Cómo vivir la Semana Santa?


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



Estas a punto de iniciar la Semana Santa, después de 40 días de cuaresma, y te haces una pregunta. ¿Cómo puedo vivirla?

Aparece un abanico de posibilidades.  La primera que te viene a la mente y te atrae con gran fuerza es vacacionar, la playa, zonas arqueológicas, montañas, museos, saborear la gastronomía de otros lugares, ir de compras, incluso visitar pueblos donde se viva la Semana Santa con representaciones del Domingo de Pascua, la Institución de la Eucaristía, la Pasión de Cristo.

Sin embargo, ¿hay una fuerza interna que te lleva a cuestionarte, Cómo puedo vivir más a fondo la Semana Santa? Cómo puedo acompañar desde mi situación a Jesús y a María en esos momentos especialmente dolorosos vividos por amor a mí, y a cada uno de mis hermanos.

Uno de los pensamientos que llegan a tu mente es la de unirte en una oración muy especial, meditar esos momentos de la Pasión ante el Santísimo expuesto, reflexionar el Viacrucis, asistir a las actividades que organiza la Parroquia, unirte a Jesús y a María en esos momentos de dolor.

Otra opción es realizar un retiro, donde te encuentres con el Señor para hacer una revisión de tu vida y tomar resoluciones que te lleven a vivir mas comprometido con tu fe.



También te han invitado a misionar, sí a visitar zonas muy marginadas llevando la Palabra de Dios, compañía, escucha… y sabes por testimonios de tus amigos que no das tú, que recibes a manos llenas, sí, muchas historias saldrán a tu encuentro y te marcaran con un sello indeleble, que cambiará tu vida, te han dicho que quien va por primera vez, se ilusiona y se convence de que no puede ni quiere perder esa riqueza del encuentro con el hermano.
También tienes la opción de visitar a esa madre, padre, hermano, amigo que esta enfermo, tal vez con gran necesidad de cuidados y compañía.

Te queda elegir la forma de vivir tu Semana Santa, de decidir que este tiempo, sea la oportunidad de abrazar a Jesús y a María, de consolar sus corazones. Si es muy sencillo, basta abrazar a ese hermano que te sale al encuentro a ese pariente que visitas… Tu corazón te dice y tienes la certeza de que tomando estas resoluciones te estrechas a los corazones de Jesús y de María y les das un gran consuelo.
 

 

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