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Actividad Económica bajo Ley de Dios
Séptimo Mandamiento tiene un sentido más profundo, distribución de los bienes.


Por: Marlene Yanez | Fuente: Catholic.Net



Actividad económica es entendida como aquella en donde se producen e intercambian bienes y servicios para cubrir las necesidades de las poblaciones; debe estar al servicio de las personas y no solamente a aumentar el lucro o el poder. Hoy en día, vemos escenarios diversos en torno a esta definición: Naciones en guerra por dinero y poder, corrupción al interior de los Gobiernos y una Sed personal por aumentar riquezas transgrediendo la integridad de las personas, entre otros.

En este sentido, del Séptimo, de los Diez Mandamientos entregados por Dios a Moisés en el monte Sinaí, “No Robarás”, se desprenden aristas mucho más profundas de lo que nos dice en primera instancia el término. Declara el destino y distribución universal de los bienes; el derecho a la propiedad privada; el respeto a las personas, a sus bienes y a la integridad de la creación.  Es decir, no basta con “no tomar el bien ajeno” para cumplir este Mandamiento.

Nos basamos entonces en la idea del respeto a los bienes ajenos mediante la práctica de la justicia, de la caridad, de la templanza y de la solidaridad. Y si ejercemos una actividad económica de donde debemos obtener recursos, muchas veces monetarios, o bien trabajar o tener una empresa privada que por definición tiene fines de lucro y su propósito es incrementar su patrimonio, podría resultarnos difícil combinar los conceptos anteriores. El comercio, los negocios, las empresas y la actividad económica en general, suelen no ser compatibles con una práctica cristiana que intente cumplir el Séptimo Mandamiento con todas sus implicancias.

Se evidencia lo anterior, en la corrupción en las empresas: lavado de dinero, uso de información privilegiada, fraudes y así podríamos enumerar un listado inmenso. Más aún, si vamos a la Web, podremos encontrar listados completos de los casos más “exitosos” de corrupción en la empresa. Claramente miles de prácticas que bajo ningún punto de vista, agradan a Dios.

Podríamos hablar de ética empresarial y de aquello existe mucha bibliografía. Pero situémonos en el Mandamiento “No Robar” que nos exigen primero que todo a ser justos de corazón. Si somos empresarios, si trabajamos en una empresa con fines de lucro, si trabajamos en el sector comercio o si debemos cumplir metas para obtener nuestro sueldo, no olvidemos que el mayor Proveedor es Dios y es a él a quien debemos agradar antes que a todos. Si estamos en amistad con Él, sin pecado, es el Señor quien nos proporcionará los bienes que necesitamos y no precisamente nuestro jefe o nuestros clientes. “Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?” (Mateo 6:25).



La invitación es a trabajar considerando estos elementos sin importar a qué nos dedicamos; no sólo en el Sector Comercio podemos encontrar faltas a la voluntad de Dios, ya que las tentaciones pueden aparecer en cualquier lugar. Ser justos con nuestros compañeros de trabajo; ser solidarios ante una necesidad de un colega; ser caritativos con nuestros recursos; si somos empresarios, actuar con justicia frente a nuestros clientes y empleados e incluso, el uso prudente de los recursos naturales y animales son algunas  prácticas agradables a Dios en el desarrollo de una actividad o en el ejercicio de nuestras profesiones.

Y no sólo este Mandamiento nos exige a obrar de manera correcta sino también “Las Bienaventuranzas” (Mateo 5:3-12). Es así como una de ellas nos dice: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. No olvidemos que las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde Abraham ordenándose al Reino de los cielos. Responden al deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre.



 

sss




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