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Más hacer y menos decir.
Salgamos de nuestro Confort, ayudemos a los que nos rodean.


Por: Maria Luisa Martinez Robles | Fuente: Catholic.Net



Estamos acostumbrados a disponer de todo lo necesario para vivir cómodamente. Desarrollar nuestro trabajo teniendo todo controlado. Nos olvidamos que las dificultades nos hacen más fuertes. Superar obstáculos nos hace reflexionar sobre la necesidad de compartir nuestra vida con otras personas. No podemos encerrarnos en la rutina, en el confort. Tenemos todos los medios a nuestro alcance pero  debemos pensar que no todo el mundo dispone de nuestros privilegios. Regalemos nuestro tiempo. Ayudemos a los que nos rodean con nuestros conocimientos. Hay muchas cosas que no se aprenden en la Universidad y podemos enseñarlas a los demás. Decía Cicerón “ una cosa es saber y otra saber enseñar” No perdamos el contacto, el diálogo y la comunicación con nuestros semejantes. Necesitamos compartir. Necesitamos  hacer más y decir menos, menos hablar y más escuchar.

 

Actuamos

Escucharemos al que lo necesite. Consolaremos al triste.

 



Del Santo Evangelio

(Lc. 6.43-44)

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.



18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.



Una bonita historia para pensar.

 

Hemos perdido el norte

Todo el equipo estábamos preparados para un gran proyecto a desarrollar con gran cantidad y diversidad de medios. Dispuestos para partir con todo el material disponible y muy seguros de que alcanzaríamos el éxito en tan ambiciosa misión.

Sobradamente preparados tanto en  tecnología, lo último en medios de comunicación, informática y recursos humanos. No escatimamos en proveernos de los últimos adelantos y avances que la ciencia ponía a nuestro alcance. Un conjunto de personas cualificadas y dispuestas a innovar aplicando sus conocimientos en una empresa pionera.

Emprendimos el  camino. Teníamos  que atravesar un bosque, una escarpada montaña y arriba, en el norte empezaríamos a trabajar en el proyecto.

Cuando llevábamos unas horas de trayecto antes de llegar al bosque cayó un rayo. Se levanto un viento huracanado y se formó una enorme tormenta. De pronto el motor del convoy se paró. No podíamos arrancarlo. Lo miramos pero  el motor estaba gripado. El GPS no funcionaba, los móviles se quedaron sin batería. Esperamos dentro de la cabina. Las nubes se fueron disipando. A lo lejos vimos brillar una luz. Una pequeña casa apareció en medio del bosque. Nos dirigimos  allí. Un hombre salió a nuestro encuentro. Nos hizo pasar, nos invitó a quedarnos y a tomar algunos alimentos. A la mañana siguiente nos mostraría el camino. Si se dirigían al norte, la Estrella Polar guiaría de noche y de día el musgo de los troncos  de los árboles indicarían la dirección hacia nuestro destino.

Nos contó que no tenía móvil, ni televisión. Hace años harto de la civilización, de intrigas y corrupción, se había retirado  con su perro a esa casa. Tenía una granja, un huerto y unos caballos.

Nos prestaría los caballos para que fuesen a buscar ayuda.

Nos mostraría el camino, no debían preocuparse.

Admiraba nuestra preparación, nuestro ánimo para emprender nuevos retos, pero él había aprendido que lo importante son las personas, no las máquinas.Todos los días iba a un pueblo  cercano y enseñaba a los niños a leer y a los padres a cultivar la tierra.

La tecnología es buena pero sin olvidar quién la utiliza.

Einstein  decía que no hay nadie tan ignorante que no pueda enseñarnos  algo. A veces la gente sencilla nos da a entender que complicamos mucho las cosas. Nos creemos que lo tenemos todo controlado y lo verdaderamente importante son los demás. Es dejarnos ayudar. Es valorar lo que nos pueden enseñar, no creer que lo sabemos todo. No perdamos “el norte”.

sss




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