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En honor del patrono San Fermín
San Fermín protagonista de las calles de Pamplona: la procesión, la función de vísperas y la octava


Por: navarra.com | Fuente: navarra.com



La Procesión

La devoción a San Fermín es una buena herencia que los padres pamploneses dejan a sus hijos. Quizás no sea una devoción de todos los días del año, pero no cabe duda que San Fermín se alza cada año, en la segunda semana de julio, con un protagonismo religioso que relega a los demás miembros de la corte celestial a una posición difusa y secundaria. No en vano se invoca al santo antes de cada encierro, se espera con fe su capotillo salvador en los derrotes peligrosos de la carrera y se le reza continuamente en su barroca capilla de la iglesia de San Lorenzo, donde esos días desplaza al titular.

Pero cuando San Fermín se erige en protagonista de la calle -la cual, conviene no olvidarlo, es el ámbito natural de las fiestas- es cuando lo llevan en procesión por las calles del casco viejo en la mañana del día 7, acompañado de las autoridades, de los distintos gremios de la ciudad, de los gigantes y cabezudos de la banda municipal de música y del pueblo llano, que luce sus mejores galas festivas -camisa blanca, falda o pantalón blanco, faja y pañuelo rojo y alpargatas con cintas también rojas- para acompañarlo en su paseo por las calles de los viejos burgos medievales. Y, en varias ocasiones, la solemnidad del cortejo es interrumpida -con calculada espontaneidad- por el agudo eco de una jota que rasga el limpio aire de la mañana y pone a prueba el emocionable corazón de los oyentes.

Cuenta la tradición que Honesto evangelizó la Pamplona romana enviado por San Saturnino, consiguiendo que el senador Firmo se convirtiera al cristianismo con toda su familia. Su hijo Fermín fue consagrado obispo muy joven y evangelizó las Galias, hasta que en Amiens fue encarcelado y decapitado un veinticinco de septiembre. San Fermín es patrono principal del reino de Navarra y de la diócesis de Pamplona desde una fecha imprecisa. Las celebraciones en su honor tenían lugar el 10 de octubre, cuando se conmemoraba su entrada en Amiens, pero ya en 1591 se consiguió trasladar el culto al 7 de julio, en época más propicia para la fiesta que el imprevisible otoño. La imagen que se pasea por las calles de los tres viejos núcleos primigenios -la Navarrería, el burgo de San Cernin y la población de San Nicolás- es una talla de madera de finales del siglo XV, recubierto de plata y con un relicario, también de plata, abierto en el pecho; el busto se asienta en una rica peana labrada en plata en 1746.


Vísperas

La función de Vísperas se celebra a las ocho de la tarde del día 6 en la capilla de San Fermín de la parroquia de San Lorenzo. Con acompañamiento de la orquesta Pablo Sarasate, la Capilla de Música de la catedral de Pamplona con el apoyo de los tiples de la Escolanía Loyola- canta las Vísperas compuestas en el siglo XIX para la ocasión por Mariano García y Joaquín Maya, ambos compositores de la tierra. Esta función religiosa era hasta 1941 el primer acto sanferminero, pero ese año se inició la tradición del chupinazo y hoy es la explosión del cohete en el aire y la explosión de la alegría en el suelo lo que marca el inicio de las fiestas.

Asiste a las Vísperas la Corporación Municipal en traje de gala: frac y chistera, los hombres; y vestido inspirado en el tradicional de los valles pirenaicos orientales, las mujeres. Para ello salen a las cinco y media por la puerta principal del Ayuntamiento, donde les espera una muchedumbre apretada de jóvenes pamploneses que impiden avanzar al cortejo a los sones, repetidos hasta el infinito, del Vals de Astráin: es el popular "Riau-Riau", un pulso entre la autoridad y el pueblo que suele terminar con la paciencia de la primera en su afán de llegar a tiempo a la función de Vísperas. El alcalde y los concejales van acompañados de la banda de música, de clarineros, timbaleros, maceros, libreas y la guardia municipal, que mantiene un fuerte cordón de sudorosos policías que intentan, muchas veces sin conseguirlo, avanzar siquiera unos palmos. La marea humana va precedida de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, que hace las delicias de los niños que esperan junto a sus padres el paso de la pausada comitiva.

En los últimos años ha sido suspendido el "Riau-Riau" debido a que los incidentes provocados por algún sector impedían cualquier avance de la comitiva, lo que provocaba un retraso exagerado en la función de Vísperas.


La Octava

A las once de la mañana del día 14 -a los siete días de la festividad de San Fermín- se celebra la función religiosa de la Octava en la capilla del santo patrono, en la que también interviene la Capilla de Música de la catedral. Asiste asimismo la Corporación Municipal, que un cuarto de hora antes ha salido del Ayuntamiento en traje de gala y con todo el boato de sus acompañantes festivos. Con ellos vuelve, al finalizar el oficio, a la Casa Consistorial, en cuya plaza los Gigantes interpretan varios bailes como despedida oficial de su participación en las fiestas (aunque la despedida definitiva y popular tiene lugar en el ámbito mágico y sensible de la estación de autobuses, donde cada día, a las dos de la tarde, gigantes y cabezudos se retiran a descansar, después de su recorrido mañanero por las calles y plazas del centro de la ciudad, donde han corrido con el calor de la alegría infantil de niños y no tan niños). Como no podía ser menos, no falta en la comitiva la banda de música municipal, La Pamplonesa.

 





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