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Para embarazadas: salubridad sí, no aborto
Hay graves necesidades de apoyo mundial para tener partos sanos, y al mismo tiempo detener las muertes de mujeres por practicarse un aborto “seguro”


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Yo influyo.com



Gran preocupación y deseo de ayudar a las mujeres embarazadas, esas que pueden morir en un aborto insalubre, es el supuesto deseo de los proabortistas, los partidarios de la cultura de la muerte. No tienen empacho en pedir que la sociedad y los gobiernos ayuden médicamente a las embarazadas a matar al bebé en su seno abortándolo, pero no se preocupan por las madres y niños que mueren por partos mal o no atendidos.
 
¿De verdad quieren salvar mujeres? Aquí está la ocasión, manifestándose con el mismo vigor en la exigencia de mejor atención pre-parto, en parto y post-parto de mujeres humildes del mundo, especialmente en África y Asia.
 
El número de mujeres fallecidas a consecuencia de un aborto insalubre es desconocido (y siempre agigantado), pero lo que sí sabe el mundo, es el gran, enorme número de mujeres que fallecen por un parto insalubre, y el también gran número de bebés que mueren por esos malos partos.
 
Si de salvar vidas se trata, hay que ayudar a millones de mujeres, sobre todo de los países o regiones más pobres, para que tengan una adecuada atención en sus partos. Sin embargo, los proabortistas del mundo no manifiestan interés alguno por esas mujeres y sus hijos, que en zonas paupérrimas mueren en gran número por falta de atención médica.
 
Un estudio difundido el martes 6 de octubre de 2009, por la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, en su Congreso desarrollado en Cape Town, Sudáfrica, hace saber al mundo que cada año mueren más de dos millones de bebés y madres por complicaciones de parto. Esa cifra, afirman, sobrepasa la de muertes infantiles por malaria (paludismo) y por VIH/SIDA.
 
Cerca del 42 por ciento de las 536,000 muertes maternas en el mundo ocurren durante el parto, de acuerdo con el estudio, debido a falta de cuidados médicos.
 
El informe dice que muchas de esas muertes pueden ser evitadas mejorando los sistemas básicos de salud, y adiestrando a trabajadores locales de salud para realizar operaciones cesáreas de emergencia y en otras técnicas para salvar vidas.
 
¿Qué es lo más grave del asunto? Que esas muertes pudieron ser fácilmente evitadas. El mundo, escribe Celean Jacobson, de Associated Press, citando el estudio, continúa perdiéndose el grito no escuchado de 230 bebés que mueren cada hora por complicaciones de parto.
 
El reportaje de la AP indica que Joy Lawn, directora de la campaña “Salvar vidas de recién nacidos”, de la ONG “Save the Children” (Salvemos a los Niños), les dijo que los resultados del estudio asombraron a los investigadores, pero que esta falta de cuidados a madres y sus hijos, “es vista como asunto de mujeres, los partos prematuros no cuentan y algunas veces las muertes de mujeres si siquiera cuentan”.
 
Mientras estos miles de vidas se pierden, pudiendo en su gran mayoría ser salvadas, ¿en dónde están los esfuerzos en su favor de hombres y mujeres por-aborto y sus organizaciones? Simplemente NO existen, no les importa, solamente exigen facilidades médicas para quienes abortan, es todo.
 
¿Por qué quieren ayuda para matar nonatos, pero no se preocupan por todas esas vidas perdidas por escasa o nula atención médica? Sería muy interesante oír su respuesta, si la tienen.
 
Pero hay algo más. El Instituto Católico por la Familia y Derechos Humanos (CFHRI), de Estados Unidos, comunicó que, de acuerdo a otro informe de agosto de 2009, proveniente nada menos que de una importante organización pro-aborto, la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), la liberalización del aborto ha significado un aumento de muertes maternas como consecuencia de esta práctica en Sudáfrica.
 
La mortalidad materna, informó la IPPF, “aumentó en veinte por ciento en el período 2005-2007 en Sudáfrica, un país que desde 1996 ha tenido una de las leyes en materia de aborto más permisivas del continente africano”.
 
En su reportaje, el CFHRI recuerda que “los países en desarrollo han sido presionados en los últimos años por diversos organismos de las Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil a favor del aborto, incluida la IPPF, para despenalizar el aborto como medida para reducir las tasas de mortalidad materna. Sin embargo, el último descubrimiento de la IPPF es el más reciente hecho de un número creciente de pruebas que demuestran la opuesta relación entre el aborto legal y alta mortalidad materna”.
 
Una comparación en cuanto a muertes maternas, incluido por supuesto el aborto provocado, indica que son mucho mayores en países liberales hacia el aborto, y mucho más reducidas en países que legalmente impiden el mismo. Chile, Nicaragua y Sri Lanka son citados como ejemplo de menores muertes, mientras que Nepal y Guyana tienen enormes tasas de mortalidad materna, sin duda asociadas al aborto libre, todo ello con datos de la OMS.
 
Termina el reportaje del CFHRI con esta información: “el país con menor tasa de mortalidad materna en todo el mundo es Irlanda, un país que prohíbe el aborto y cuya Constitución protege explícitamente los derechos de los no nacidos”.
 
Así, la realidad acusa a los pro-abortistas de su supuesto intento de salvar vidas de mujeres embarazadas que abortan. Hay graves necesidades de apoyo mundial para tener partos sanos, y al mismo tiempo detener las muertes de mujeres por practicarse un aborto “seguro”, pero sus acciones lo dicen: NO les importa, sólo quieren abortos a discreción.
 
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