Menu


Ofensiva abortista en Hispanoamérica
Investigación de fondo de José Arturo Quarracino


Por: José Arturo Quarracino, Miembro del Movimiento por la Restauración Cívica (Buenos Aires, Argentina) | Fuente: churchforum.com



 

 

EL HOLOCAUSTO DEMOGRÁFICO ANGLOAMERICANO, bajo la guía de los HERMANOS ROCKEFELLER

Desde el punto de vista poblacional, la mayor parte del mundo en su conjunto está viviendo y padeciendo el proceso que se conoce como invierno demográfico, es decir, el envejecimiento de las poblaciones a causa del descenso del índice de natalidad, lo cual produce el aumento paulatino del número de personas ancianas y de edad adulta, al mismo tiempo que disminuye el número de niños y jóvenes. Este invierno demográfico afecta a China, a prácticamente todos los países de Europa, a Rusia[1]

Los países hispanoamericanos no estamos exentos de este drama: un reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) informa que «disminuye el crecimiento demográfico y la población envejece», con el agravante ˆen comparación con las zonas más desarrolladas del planeta- que «la cobertura social es más precaria». Si bien la población mundial aumenta anualmente a razón de 78 millones de personas, y más del 95% de ellas nacen en los países en desarrollo, no deja de preocupar el hecho que el crecimiento demográfico descendió en América latina y el Caribe: de un índice 2.7 por año a mediados del siglo XX, se ha pasado en la actualidad a una tasa de 1.5. El retroceso más evidente y relevante en la región lo constituye «la caída en la tasa de fecundidad». El dato más llamativo es que en el transcurso de los últimos 40 años los índices reproductivos (en su momento entre los más elevados del planeta) han disminuido a niveles por debajo de la tasa media global, con el agravante que la transición demográfica a escala mundial «se está dando en forma más acelerada [en los países en desarrollo] que en los países ricos». Por supuesto, América latina está dentro de esa transición demográfica más acelerada[2]

.Los únicos países del mundo que no sufren este envejecimiento poblacional son los países musulmanes.

Este proceso de envejecimiento poblacional no ha acontecido casualmente. Como hemos de mostrar a continuación, es un proceso proyectado, diseñado y ejecutado por el clan Rockefeller, al servicio de la oligarquía mundial que es la «dueña» del Nuevo Orden Mundial, es decir, del imperialismo privado globalizador, el que para llevar a cabo su proyecto se ha servido del gobierno de Estados Unidos y de los organismos internacionales como las Naciones Unidas, y que últimamente se ha asociado política y financieramente al Gobierno británico.

1. EL INVIERNO DEMOGRÁFICO Y EL PROYECTO ROCKEFELLER


Hasta mediados de la década del 60´, la población mundial crecía naturalmente y en forma paulatina. Hacia mediados del siglo XIX, hubo mil millones de habitantes en el mundo. Hacia 1930, hubo 2 mil millones de personas, y en 1960 la cifra llegó a 3 mil millones de personas. Ante este crecimiento poblacional, los ricos del mundo se dispusieron a impedir que dicho proceso continuara, para no tener que compartir las riquezas que venían acaparando y que no querían compartir de ninguna manera, y porque además preveían (y proyectaban) a nivel mundial la concentración económica en marcha. Es por eso que en 1966 John Davison Rockefeller III hizo firmar a 30 líderes mundiales un documento (prácticamente desconocido hasta hoy) en el que se postulaba que «el crecimiento no planificado el crecimiento poblacional mundial amenazaba a la paz mundial», con lo cual convirtió en problema de Estado el temor de la plutocracia americana y mundial[3]

En otras palabras: esta Declaración de Rockefeller constituye la «Carta Magna» del control mundial de la natalidad, el objetivo estratégico compartido la plutocracia mundial (poder privado multinacional, representado por la dinastía Rockefeller), algunos líderes del Tercer Mundo y por uno de los líderes comunistas más importantes de ese entonces. En esta Declaración se postula el falso dogma fundamental de decidir la cantidad de hijos y el espaciamiento entre ellos como el derecho humano básico, dogma que desde entonces ha servido para «justificar» el control del crecimiento poblacional y los elementos que lo hacen posible (dispositivos anticonceptivos, esterilización voluntaria y legalización del aborto)[4]

La falsedad de este dogma radica en que constituye un fraude ideológico que desplaza e ignora el verdadero derecho básico, el de la vida, lo cual es fundamental para Rockefeller, ya que le ha posibilitado postular como derecho humano básico la arbitrariedad de decidir quien tiene derecho a vivir y quien no, ignorando el derecho a la vida del nascituro. Este falso dogma básico es el que Rockefeller ha impuesto no sólo en los objetivos y metas de las fundaciones privadas que financian y apoyan mundialmente el control de la natalidad, sino también en la doctrina de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, en las políticas del Banco Mundial y en las políticas impulsadas por las Naciones Unidas y sus diversos organismos y agencias (Organización Mundial de la Salud, Fondo de las Naciones Unidas para Población, Comisión de Derechos Humanos), como hemos de mostrar a continuación.

En otras palabras: la ideología de Rockefeller (y de la plutocracia que representa y para la que opera políticamente) impera no sólo en instituciones y organizaciones privadas no gubernamentales, sino también y fundamentalmente en las sucesivas administraciones gubernamentales de Estados Unidos y en los organismos oficiales internacionales, que han sometido y someten a los pueblos y naciones del mundo al poder privado mundial, el verdadero y auténtico gobierno mundial del planeta, lo cual permite afirmar, sin el más mínimo margen de error, que los poderes públicos y privados del mundo, oficiales y no oficiales, están al servicio de la dinastía Rockefeller y de la oligarquía mundial que la cobija. El mundo en su conjunto está gobernando por una oligarquía plutocrática, no por una democracia.

2. EL PROYECTO ROCKEFELLER COMO BASE Y FUNDAMENTO DE LA POLÍTICA INTERNA ESTADOUNIDENSE


En 1972, a pedido del presidente Richard Nixon, la Commission on Population Growth and the American Future [Comisión Rockefeller], presidida por el mismísimo John Davison Rockefeller III, elaboró un informe sobre el «crecimiento poblacional y el futuro americano», en el que está diseñada toda la estrategia para el control de la natalidad en Estados Unidos[5]

Este documento es importantísimo, por un lado, por el detalle de su presentación, y por otro lado, porque constituye la base a partir de la cual se diseñó la estrategia antinatalista a nivel planetario.

Entre los aportes novedosos de este informe, se cuentan, entre otros: el concepto del embarazo no deseado como justificación para el aborto, el tríptico antinatalista (esterilización voluntaria, dispositivos contraceptivos y despenalización del aborto), la equiparación entre la mujer pudiente y la mujer pobre en su «derecho» a matar a su hijo como acto de justicia social, la «medicalización» del aborto presentándolo como un problema de salud pública (encubriendo así su carácter de acción criminal), la despenalización del aborto cuando éste sea producto de un acuerdo entre el médico y la madre, introducción del control de la natalidad en las currículas escolares y universitarias, cambio radical en el sistema político y en los valores culturales, uso intensivo de los medios de comunicación, etc.

3. EL PROYECTO ROCKEFELLER COMO BASAMENTO Y FUNDAMENTO DE LA POLÍTICA IMPERIALISTA OFICIAL DE ESTADOS UNIDOS


A. En 1974, también a pedido del presidente Nixon, en su función de consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger («agente» del grupo Rockefeller), elaboró un famoso informe, en el que ha presentado el control del crecimiento poblacional como estrategia para salvaguardar la seguridad nacional de los Estados Unidos y sus intereses de ultramar[6]

El título de este documento, mantenido en secreto durante 15 años (hasta 1989), es de por sí elocuente y pone en evidencia que el control de la natalidad ˆen forma directa o en forma eufemística [salud sexual, salud reproductiva, derechos sexuales y reproductivos, etc.]- está en función de proteger la seguridad nacional de Estados Unidos, para beneficio del verdadero poder que controla la administración gubernamental de Estados Unidos, es decir, del poder privado que gobierna siempre, sea a través del partido Republicano, sea a través del partido Demócrata. Este informe ofrece planes alternativos de acción para Estados Unidos en el aspecto demográfico, especialmente en los países en vías de desarrollo, con la finalidad de «tomar medidas que reduzcan la fertilidad [a nivel mundial] en las décadas de 1970 y 1980», posibilitar con ello el crecimiento económico y el ingreso per capita de los países en desarrollo, de manera de evitar conflictos sociales y políticos que pongan en peligro el suministro de los recursos que los países en desarrollo poseen y que el mundo desarrollado necesita[7]

Los objetivos planteados son los de «acomodar un crecimiento poblacional continuo de hasta 6 mil millones de personas para la mitad del siglo XXI» y «mantener el nivel final tan cercano como sea posible a 8 mil millones» hacia el año 2075, impidiendo que alcance la cifra de 10 mil millones ó 13 mil millones de habitantes en el mundo. Poniendo en evidencia el carácter imperialista de esta política, el Memorando recomienda controlar el crecimiento poblacional en los países en desarrollo más grandes y de crecimiento poblacional más rápido, allí donde existe interés estratégico y político de los Estados Unidos[8]

Entre las recomendaciones dadas por el «empleado» de los Rockefeller en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos para llevar a cabo la política imperialista y antinatalista encomendada, se destacan: a) disimular las actividades de Estados Unidos en el ámbito poblacional, mediante acciones y agentes que actúen dentro de los países en desarrollo, y b) enfatizar el derecho de los individuos y parejas a determinar libremente responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos[9], es decir, pregonar e imponer el dogma rockefelleriano como criterio justificativo y básico.

En 1975, el presidente Gerald Ford rubricó este informe de Kissinger y lo oficializó como política de la administración gubernamental estadounidense y de su proyección imperialista[10]

Esta directiva presidencial reconoce que desde la fecha mencionada el gobierno de los Estados Unidos ha declarado una guerra mundial secreta contra los pueblos del mundo, en nombre de la seguridad nacional: «el Presidente cree que el liderazgo de Estados Unidos es esencial para combatir el crecimiento poblacional», con la finalidad de «promover la Seguridad de Estados Unidos y sus intereses de ultramar». Según esta directiva, los esfuerzos oficiales de Estados Unidos debían desde entonces ser claros y concretos, sobre todo en las regiones donde las reducciones en fertilidad eran necesarias para Estados Unidos, razón por la cual recomienda como estrategia básica para los programas poblaciones de los países en desarrollo a) alentar a los líderes de países en desarrollo claves para que «apoyen los programas nacionales y multilaterales de asistencia poblacional», b) disimular el carácter imperialista de la política poblacional, «trabajando cerca de otros en vez de imponer nuestro punto de vista», y c) imponer la concepción ideológica infanticida de Rockefeller: en todos estos esfuerzos en pos del control de la natalidad, «debemos reconocer la dignidad básica del individuo y su derecho para escoger libremente sus objetivos familiares y las alternativas de planificación familiar».



B. En junio de 1994, el entonces presidente «demócrata» de los Estados Unidos, William B. Clinton, ordenó redactar un borrador de una Directiva de Decisión Presidencial, por medio del Consejo de Seguridad Nacional, para continuar a nivel mundial con la política de control del crecimiento poblacional mundial, en función del Memorando de 1974 redactado por Henry Kissinger, para retomar en forma oficial la política imperialista del control de la natalidad[11]

En la redacción de este documento, nunca rubricado oficialmente, colaboraron el Departamento de Estado, el Departamento del Tesoro, el Departamento de Servicios Humanos y de Salud, la Agencia para el Desarrollo Internacional y la Agencia para Protección del Medio Ambiente. Llama la atención que el Consejo de Seguridad Nacional fuese visualizado como el responsable último de este documento y de la problemática en él planteada. Reiterando la política de Nixon (Ford)-Kissinger, también para la administración demócrata del presidente Clinton el crecimiento poblacional mundial afectaba la seguridad nacional∑ de los Estados Unidos. En este horizonte estratégico, el dogma del derecho «básico» de decidir la cantidad de hijos y su espaciamiento constituía el fundamento reiterado permanentemente a lo largo del documento, por cuanto la meta de la política norteamericana sobre el crecimiento poblacional mundial debía ser la de «dirigir una respuesta internacional global, inmediata y concertada, a las tendencias del crecimiento poblacional», sobre la base de tres objetivos que se refuerzan mutuamente, y que constituyen la prueba evidente de la influencia del proyecto y del ideario de la dinastía Rockefeller: 1) «promover el respeto de los derechos y capacidades de los individuos y de las parejas para determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos»; 2) «mejorar la salud reproductiva individual, atendiendo especialmente las necesidades de salud reproductiva de mujeres y adolescentes, y las necesidades generales de salud de bebés y niños»; para lograr con ello 3) «reducir el índice de crecimiento poblacional tan rápido como sea posible a los niveles que sean consistentes con un desarrollo sustentable»[12]

Como se puede apreciar, este documento no esconde nada: el derecho de decidir la cantidad de hijos y su espaciamiento sustentaba el objetivo de lograr lo más rápidamente posible el descenso del índice de crecimiento poblacional, es decir, el presidente «demócrata» Clinton asumió sin más como política poblacional norteamericana el proyecto de Rockefeller anunciado en 1966.

Más todavía, este falso derecho básico y la política antinatalista fundada en él han constituido la finalidad esencial de la política exterior americana del gobierno «demócrata» de Clinton, una auténtica y real política imperialista, como lo prueba el hecho que para la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, a celebrarse en El Cairo (Egipto) poco tiempo después (setiembre de 1994), el borrador esbozado proponía que Estados Unidos buscara un consenso «que provea un fundamento sólido para la futura cooperación internacional sobre población, y que sea consistente con la política norteamericana»[13]

Específicamente, proponía que Estados Unidos se esforzara por lograr «un consenso internacional sobre aproximaciones programáticas de largo plazo hacia las metas de reducir el crecimiento poblacional mundial». En este horizonte estratégico, el objetivo político de Clinton en la famosa Conferencia en El Cairo fue, en el campo de los derechos reproductivos, «reforzar y fortalecer las recomendaciones de conferencias previas [∑] para asegurar que los individuos y las parejas tengan el derecho a decidir libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos», y que «los gobiernos respeten este derecho»[14]

En otras palabras: lo que la administración Clinton pretendía en la mencionada Conferencia, en una actitud por demás lacaya y servil, era asegurarse que el ideario y el proyecto antinatalistas de los Rockefeller y de la plutocracia mundial fueran asumidos por todos los gobiernos del mundo. Y cosa por demás importante: para poder tener éxito en esta política, el documento proponía la promoción y jerarquización de las falsamente llamadas organizaciones no-gubernamentales en apoyo de su política: «la estrategia para lograr los objetivos norteamericanos incluye un rol para las organizaciones no-gubernamentales en la Conferencia»[15]

Como en su momento Richard Nixon y Gerald Ford, el demócrata William B. Clinton convirtió a los Estados Unidos en el ariete a través del cual impulsó en todo el mundo el proyecto criminal de controlar el crecimiento poblacional, objetivo máximo de los Rockefeller y de sus «colegas» en el dominio del mundo.

4. LA IDEOLOGÍA ANTINATALISTA DE LA DINASTÍA ROCKEFELLER IMPUESTA EN LAS NACIONES UNIDAS



A. En agosto de 1974, la ONU organizó en Bucarest la Conferencia Mundial sobre Población, y rubricó por consenso un documento en el que propuso «ayudar a coordinar las tendencias poblaciones y las tendencias del desarrollo económico y social»[16]

Aquí, la dinastía Rockefeller ha comenzado a imponer a las Naciones Unidas su ideología infanticida, ya que se reconoce en este documento que uno de los principios que sostiene los objetivos del mismo y que se respeta en su formulación es que «todas las parejas e individuos tienen el derecho básico de decidir libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos»[17]

Pero esta enunciación no sólo es una cuestión de principio formal, sino de acción concreta, ya que recomienda que todos los países, independientemente de sus propias metas demográficas generales, deben «respetar y asegurar el derecho de las personas a determinar [∑] el número y espaciamiento de sus hijos»[18]

La evidencia es innegable: desde 1974, las Naciones Unidas ha comenzado oficialmente a ponerse al servicio del proyecto geopolítico antinatalista del clan Rockefeller y de la oligarquía mundial que representa.



B. En la Conferencia Mundial sobre Población y Desarrollo, celebrada en El Cairo en setiembre de 1994, los Rockefeller lograron imponer su dogma básico antinatalista como doctrina internacional para todos los Estados del mundo, o dicho de otra forma, las Naciones Unidas y los países que estuvieron de acuerdo convirtieron la ideología de los Rockefeller en doctrina oficial del organismo internacional, poniendo así a éste último organismo a su servicio. Esto se puede comprobar muy fácilmente con la simple lectura del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, documento oficial presentado al final de la Conferencia. En este texto hay acompañamientos implícitos a la ideología rockefelleriana, por ejemplo, cuando se destaca que constituye un logro el hecho que al momento de celebrarse el encuentro hayan bajado los índices de nacimientos a nivel mundial, aunque en forma no tan amplia como era deseable[19] , o cuando se ignora la injusticia social como causa de la pobreza, para atribuirlo simplemente a causas «naturales»[20]. Pero también hay acompañamientos explícitos de la mencionada ideología plutocrática antinatalista, como es el caso del concepto de salud reproductiva como «un estado de completo bienestar físico, mental y social»[21], y más todavía el concepto de derechos reproductivos, el cual no es otra cosa que una construcción ideológica de neto cuño rockefelleriano, ya que tiene como exclusivo sustento y soporte el ya mencionado dogma del derecho falsamente básico de decidir la cantidad de hijos y su espaciamiento: «estos derechos [reproductivos] se basan en el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas e individuos de decidir libre y responsablemente el número, espaciamiento y oportunidad de sus hijos [∑]»[22]

En este sentido, cabe destacar que una de las personas que más se esforzó en imponer esta orientación antinatalista de la Conferencia y que además contribuyó a forjar e imponer el concepto de «salud reproductiva» y este fundamento recién explicitado fue Adrienne Germain, fundadora y presidente de International Women´s Health Coalition, anteriormente miembro y colaboradora de Ford Foundation y del Population Council, es decir, una «agente , delegada o representante» de los Rockefeller y al servicio de su proyecto genocida[23]

. De este modo, la ideología del clan Rockefeller se ha convertido en doctrina oficial de las Naciones Unidas y en el justificativo ideológico del imperialismo demográfico, proceso al que todos los países y pueblos del mundo deben someterse.



C. El United Nations Fund Population Agency ˆ UNFPA [Agencia del Fondo de las Naciones Unidas para Población] es el organismo creado a comienzos de la década de 1970 en las Naciones Unidas, por sugerencia de uno de los miembros del clan, el tantas veces citado John Davison Rockefeller III, para ocuparse de los temas poblacionales a nivel mundial. Hace tiempo que este organismo supuestamente internacional está promoviendo en forma oficial los planes y proyectos antinatalistas del poder privado mundial. No es casualidad que entre las fundaciones privadas que financian (y luego se financian de) a este departamento sean el Population Council y la Internacional Planned Parenthood Federation, el primero propiedad de los Rockefeller y la segunda controlada por un miembro de la corporación (más específicamente, de la Rockefeller Foundation).

Para no extendernos demasiado, y a modo de ejemplo, podemos consultar el último informe sobre el estado de la población mundial elaborado por este organismo de las Naciones Unidas: State of World Population 2005 [Estado sobre la Población Mundial 2005], el cual enfatiza la igualdad de género y la salud reproductiva como los dos «elementos» indispensables para que los jóvenes puedan cumplir un rol de importancia en el desarrollo de sus países y para crear un mundo mejor para ellos mismos y para las generaciones futuras. En otras palabras: si los jóvenes de todo el mundo adoptan la ideología de los Rockefeller y siguen sus «consejos filantrópicos», podrán vivir en un mundo feliz. Este informe enfatiza las desigualdades de género es uno de los agentes primarios que causan pobreza y exclusión ˆno la injusticia social- y que el acceso a los servicios de salud reproductiva es lo que hace posible que las mujeres pobres mejoren su calidad, porque «la incapacidad para determinar cuando y de qué modo tener hijos limita las elecciones de vida de una mujer». Es decir: si una mujer es infeliz en la vida o no puede realizar su potencial pleno, es porque los hijos le complican la vida, no la injusticia social, la violencia doméstica, el desempleo propio o el del esposo, la falta de atención médica, etc. Y como frutilla del postre, este informe oficial (al servicio de la ideología plutocrática), reafirme el dogma básico antinatalista de los Rockefeller: «permitir a los individuos elegir libremente el número y espaciamiento de sus hijos deriva en familias más pequeñas, crecimiento poblacional más lento y reducida presión sobre los recursos naturales»[24] , lo cual coincide con los postulados y objetivos planteados en el informe de 1972 sobre Población y el futuro americano, cuya autoría le corresponde al gran magnate John Davison Rockefeller III, omnipresente como alma mater y factotum del invierno demográfico que estamos atravesando mundialmente.



D. La World Health Organization [Reproductive Health and Research] ˆ WHO [Organización Mundial para la Salud [Departamento de Salud Reproductiva e Investigación]] es el organismo de Naciones Unidas encargado de «respaldar y facilitar el acceso universal e igualitario a servicios de salud sexual y reproductiva», a través de ámbitos políticos, legales y regulatorios que «remuevan las barreras legales y políticas que impiden el uso de intervenciones y otros servicios necesarios para salvar vidas», para acelerar el progreso en salud sexual y reproductiva. Asimilando infundadamente el recurso universal de la anticoncepción con la salvación de la vida, este departamento promueve que «todas las regulaciones y políticas relevantes sean revisadas y que las barreras y restricciones sean removidas», entre ellas, la aprobación del esposa para que una mujer recurra a la contracepción, o que los menores requieran de la autorización de sus padres para acceder a información y servicios de contracepción, esterilización o aborto[25] . Entre las instituciones internacionales privadas que aportan fondos a este departamento se encuentran la IPPF, la IWHC, dominadas ambas por la familia Rockefeller, el Population Council (propiedad de los Rockefeller); entre los organismos «oficiales» se cuentan el Banco Mundial, el Fondo para Población de las Naciones Unidas (financiado, entre otros, por los Rockefeller) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional[26]

Este organismo recibe donaciones también del Safe Motherhood Inter.-Agency Group (IAG), un conglomerado de instituciones nacionales e internacionales que promueven y financian el programa Safe Motherhood Initiative. Entre los miembros de este grupo se cuentan el Banco Mundial, la misma Organización Mundial de la Salud, la IPPF y∑ el Population Council[27]

Una de las directoras de este departamento, desde 1991, es Jane Cottingham. Es cofundadora de ISIS-Women´s International Cross-Cultural Exchange (WICCE), un organismo dedicado a promocionar la justicia y el «empoderamiento de las mujeres y sus derechos. Entre los donantes y financistas de este organismo se cuentan la Ford Foundation (controlada y presidida por una empleada de la corporación Rockefeller) y la Heinrich Boll Foundation.

5. MIEMBROS DE LA CORPORACIÓN ROCKEFELLER A CARGO DEL HOLOCAUSTO DEMOGRÁFICO MUNDIAL



Para asegurarse que los lineamientos ideológicos antinatalistas trazados no sean sólo enunciaciones teóricas abstractas, sino que sirvan de impulso para llevar a cabo políticas concretas de control del crecimiento poblacional, los Rockefeller se han asegurado la presencia de varios miembros de su corporación al frente de los más importantes organismos oficiales y organizaciones privadas, para controlar y supervisar el cumplimiento de su proyecto antidemográfico, posibilitando el invierno demográfico que hoy padecemos a escala planetaria.



A. La Ford Foundation [Fundación Ford] es una de las organizaciones «privadas» precursoras en el control de la natalidad y uno de los aliados más estrechos de la Corporación Rockefeller. Un documento elaborado en 1969, muy poco conocido, explicitó el aporte pionero a la causa colonialista demográfica que la Fundación había llevado a cabo hasta entonces, junto con la Fundación Rockefeller y la Federación Internacional de Paternidad Planificada[28].

Es discutible el carácter de «privada» de la Fundación, por cuanto es conocida su relación histórica, desde sus inicios, con el Departamento de Estado norteamericano y con la CIA (Central Intelligence Agency), al punto que algunos comentaristas la consideran cobertura u organismo fachada de ésta última[29]

. Desde su creación en 1936 hasta los comienzos de la década del 90, casi todos los presidentes de la FF fueron directores o miembros de la CIA, del Council on Foreign Relations ˆ CFR (Consejo para las Relaciones Internacionales)[30] y colaboradores de la corporación Rockefeller (Richard Bisell, John Mc Coy, McGeorge Bundy, etc.). A partir de 1996 es presidente de la Ford Foundation una mujer, Susan V. Berresford (también miembro del Consejo para las Relaciones Internacionales), quien en los comienzos de su carrera profesional se había desempeñado en el Chase Manhattan Corporation (Rockefeller). En síntesis: la Ford Foundation [CIA] y Rockefeller forman «un solo corazón».



B. El Center for Reproductive Rights [Centro por los Derechos Reproductivos] es un organismo creado en 1992, con la finalidad de insertar y legitimar el control del crecimiento poblacional en el plano legislativo y jurídico. Al igual que los Rockefeller, este organismo cree que «la ley debe dar a las mujeres la libertad de decidir si quieren tener hijos y en qué forma», y por eso mismo «asegurar a todas las mujeres el acceso a los servicios básicos de salud, que incluyen la anticoncepción y el aborto seguro y legal», entre otras cosas[31.

En absoluta «unidad doctrinal» con los magnates estadounidenses recién mencionados, este organismo reconoce sin tapujo alguno que el núcleo y razón de ser de los derechos sexuales y reproductivos es la legalización o despenalización del aborto, no la salud de las mujeres: «El derecho de la mujer a decidir si tiene o no un hijo y cuándo tenerlo es la esencia de los derechos reproductivos». Esta organización ha sido una de las que ha respaldado internacional y jurídicamente la demanda presentada exitosamente por Mónica Roa López en Colombia, solicitando la despenalización del aborto. Uno de los miembros en su Directorio es Nafis Sadik, quien presidió la Conferencia Internacional de El Cairo, destacándose por su tenaces esfuerzos en promover la institucionalización de los programas antinatalistas y de control de la natalidad como política oficial de las Naciones Unidas.

Este Centro no sólo tiene coincidencia ideológica con los Rockefeller: dos miembros de su Junta Directiva son a la vez representantes del Population Council: Michelle H. Allen y Sheldon Segal[32] .



C. La International Women´s Health Coalition [Coalición Internacional por la Salud de las Mujeres] fue fundada en 1984 por Joan Dunlop y Adrienne Germain, con la finalidad de promover los derechos de salud reproductiva y para defender el acceso al aborto realizado en condiciones seguras, lo cual es el ideal primigenio y originario planteado ya en 1972 por John Davison Rockefeller III en su Informe al presidente Nixon. En su página web en Internet, esta organización reconoce que promueve una política imperialista, ya que «trabaja para generar políticas y programas de salud y población, y procura financiamiento para promover y proteger los derechos de las mujeres y niñas de todo el mundo, particularmente en África, Asia, América latina y en los países otrora socialistas», como norteamericanos que salen a «salvar» al mundo.

Pero la personalidad de la presidente de este organismo pone en claro cuál es el aporte «salvífico» que la Coalición hace al mundo y a la dignidad de las mujeres. Antes de fundar esta institución, Adrienne Germain trabajó en el Population Council de Rockefeller y en la Ford Foundation de la CIA. También fue delegada, estratega central y negociadora de la administración Clinton en la Conferencia sobre Población y Desarrollo en El Cairo (1994) y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995). Actualmente colabora con las Naciones Unidas en la Fuerza de Tareas para los Objetivos de Desarrollo del Milenio, integra dos comités asesores de Human Rights Watch (emprendimiento conjunto de George Soros y del Departamento de Estado norteamericano, activo promotor de la despenalización del aborto en nuestro país el año pasado) y es miembro del Council on Foreign Relations[33] . En síntesis: la presidente de esta Coalición -una activa jugadora de primer nivel en el poder privado mundial- es discípula de los Rockefeller.



D. La International Planned Parenthood Federation [Federación Internacional por la Paternidad Planificada] fue fundada en 1952, como iniciativa de la Tercera Conferencia Internacional sobre Paternidad Planificada celebrada en Bombay (India) en ese mismo año. Los ocho socios fundadores de la IPPF fueron las asociaciones de la India, el Reino Unido, los Estados Unidos, Holanda, Suecia, Alemania Occidental, Singapur y Hong-Kong[34] . Es la institución anti-vida más grande, la mejor financiada y la más fuerte a nivel internacional[35], conformada como una red de entidades nacionales de planificación familiar. Mediante esta organización, financiada con diversos subsidios gubernamentales (más de la mitad de sus ingresos proceden generalmente de aportes gubernamentales), se han llevado a cabo en todo el mundo programas de distribución e implante de anticonceptivos, y en forma paralela, servicios de abortos a petición. Actualmente tiene sedes en 178 países, con su sede central situada en Londres (Gran Bretaña).

Entre los gobiernos que aportan fondos se encuentran los de Australia, Canadá, Dinamarca, Alemania, Japón (el que más provee), Holanda, Noruega, Suecia, Suiza, Gran Bretaña, Estados Unidos (hasta el año 2001). Entre los privados que más aportan se encuentran la Fundación Bill y Melinda Gates, la Comisión Europea, la Fundación Ford, la Fundación William y Flora Hewlett, la Fundación Rockefeller. Y lo que es muy llamativo, la mismísima ONU le aporta fondos, a través del Fondo para Población y del Fondo para el Desarrollo[36].

En el marco estratégico de su accionar, la IPPF tiene como meta respecto al aborto que éste sea «reconocido universalmente como un derecho de la mujer para elegir y tener acceso al aborto seguro», y además que haya «una reducción en la incidencia del aborto inseguro». En otras palabras: esta organización da por supuesto e intenta imponer el criterio que el aborto no es un crimen sino un derecho, y que el problema radica fundamentalmente en que muchas mujeres no tienen la certeza o la seguridad de poder matar con éxito a su hijo. Orientada de esta manera, la IPPF se plantea como objetivo para lograr la meta fijada que se fortalezca el compromiso público y político para [reconocer] el derecho a elegir y tener acceso a un aborto seguro, incrementar el acceso al aborto seguro, que los servicios relacionados con el aborto sean presentados como una parte integral de los servicios de salud reproductiva, y que se perciba que el aborto inseguro impacta y afecta a la salud pública y a la justicia social. Estos dos últimos objetivos son los que en 1972 ya se había planteado John Davison Rockefeller III en su Informe al presidente Nixon ya citado: encubrir que el aborto es un crimen, presentándolo como un problema de salud pública (lo mismo que en su momento hizo Hitler en Alemania), y que la falta de acceso de las mujeres pobres al aborto seguro es un ejemplo de injusticia social, porque esto sí puede hacerlo la mujer pudiente[37] . Vale la pena reiterar una vez más que para esta institución, presidida por un discípulo de la dinastía Rockefeller, éste el es el único caso de injusticia social reconocido: que la mujer pudiente puede matar a su hijo nascituro en forma segura, mientras que las mujeres pobres corren sus riesgos. No quiere erradicar el crimen, sino universalizarlo. Parecería ser que no hay otros casos ni ejemplos de injusticia social más que éste.

Además, la IPPF ha formado una especie de asociación con el Population Council (Consejo de Población) y con algunos organismos de las Naciones Unidas como el Programa para el Desarrollo, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, el Fondo de las Naciones Unidas para Población y el Fondo para la Infancia (UNICEF). Estas organizaciones se dedican a promover la «planificación familiar» y el aborto, menos (se supone) UNICEF. Sin embargo, la red que ha creado UNICEF a través del mundo le sirve a la IPPF para llevar a cabo sus programas de «educación» sexual y de control demográfico por medio de fármacos abortivos y de la esterilización[38] .

Para lograr sus objetivos abortivos, la IPPF ha implementado en febrero de este año (2006) un programa llamado Global Safe Abortion Fund [Fondos para el Aborto Seguro Universal], con la finalidad de «incrementar el acceso a los servicios generales para el aborto seguro», en particular «para las mujeres marginadas y vulnerables». Es decir: derecho a abortar para las mujeres pobres, nada de promoción ni de dignificación, sólo derecho a matar al propio hijo, como si éste fuera la causa de la pobreza de su madre. Es que en definitiva no se busca erradicar la pobreza de las mujeres sino institucionalizarla y mantenerla in aeternum. Los ricos, como los miembros de la IPPF no acercan ni alimentos, ni medicamentos ni posibilidades de trabajo a las mujeres pobres, sólo le reconocen el derecho a matar a su cría[39] . Es por eso que una de las finalidades de este programa es ayudar a mejorar el acceso a los servicios de aborto seguro en los países pobres. Es decir, el objetivo no es erradicar la pobreza, sino que los pobres se eliminen a sí mismos, matando a sus hijos «en forma segura y sin riesgos».

Lo grave es que esto no constituye el objetivo ni la labor de una organización privada no gubernamental, sino que cuenta con el respaldo financiero del mismísimo gobierno británico, el cual ha aportado inicialmente 3 millones de libras esterlinas para el programa, a través del Department for International Development (DFID) [Departamento para el Desarrollo Internacional]. En otras palabras: la despenalización y la legalización del aborto, así como la asistencia médica y sanitaria para el ejercicio de este crimen, es política oficial del Reino Unido de Gran Bretaña, ejecutada por el Ministro de dicho Departamento, Mr. Gareth Thomas, tal como la misma IPPF reconoce: este nuevo programa, diseñado para respaldar servicios e información para reducir universalmente el aborto inseguro «fue bien recibido políticamente y ha recibido respaldo financiero por parte del Gobierno del Reino Unido»[40]

También donan y aportan fondos a la institución los gobiernos de Japón, Suecia, Noruega, Alemania, Australia y Nueva Zelandia. Evidentemente, se trata de una organización pseudo no-gubernamental.

También en Hispanoamérica se intenta imponer la concepción rockefelleriana tan particular de la injusticia social destinada a justificar el asesinato del hijo nascituro. En marzo de este año (2006), Carmen Barroso, Directora regional de la IPPF, mantuvo reuniones reservadas (¿¿??) con autoridades sanitarias y legisladores del país hermano de la República Oriental del Uruguay, y luego fue entrevistada por el Semanario Brecha, el 24 de marzo de 2006. En dicha entrevista, comienza afirmando que el aborto, además de ser «un problema grave de salud pública» [LO CUAL ES FALSO, en realidad y en rigor de verdad es UN CRIMEN], «es también un problema de justicia social», ya que «las mujeres más pobres son las que recurren al aborto inseguro», mientras que «las mujeres ricas, aun cuando el aborto no es permitido por la ley, tienen siempre la oportunidad de encontrar una salida segura aunque sea a un alto costo». Una vez más, por boca de una latinoamericana, y a través de un órgano de prensa de la «izquierda revolucionaria», se trata de imponer en Hispanomérica la concepción y la ideología de los Rockefeller sobre la justicia social, reducida al plano estrictamente sexual y para justificar el asesinato de los propios hijos por parte de los pobres. Para la plutocracia mundial y para los «revolucionarios» latinoamericanos, lo condenable no es el crimen que se comete contra un ser humano inocente e indefenso, sino que las pobres corren riesgo al hacerlo bajo condiciones inadecuadas. No sólo esto: la mencionada Directora reconoce también que en definitiva la legalización y perfeccionamiento del aborto es una política financiada por varios gobiernos europeos (que no identifica), una política de los ricos que gobiernan en los países prósperos contra los pobres del mundo, para que no se reproduzcan[41]

Desde 2002, es Director General de la IPPF Steven Sinding, quien previamente se había desempeñado como Consejero sobre población en el Banco Mundial, como miembro de USAID (US Agency for International Development) [Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional], y como no podía ser de otra manera, como Director del programa Ciencias sobre Población∑ en la Rockefeller Foundation (1991-1999) y como profesor sobre Salud Pública en la Universidad de Columbia (1999-2002), una de las instituciones universitarias dedicadas al estudio del control de la natalidad. Como «discípulo» de la dinastía Rockefeller, Sinding ha elaborado una visión y un marco proyectados a diez años para la labor de la IPPF, concentrando su actividad en cinco ámbitos: Juventud, Sida, Aborto, Acceso y Consejería Legal, considerando de hecho e infundadamente que el aborto es un derecho, no un crimen, que debe ser reconocido y legitimado por todos los países.

CONCLUSIÓN



Todo lo expuesto, que puede ser profundizado a través de las citas que hemos hecho en las notas respectivas, es una prueba contundente respecto al carácter imperialista que reviste el proyecto plutocrático y oligarca del poder privado mundial ˆparadigma del cual es el clan Rockefeller, de Ohio (Estados Unidos)-, con la pretensión de ejercer el control de la natalidad a nivel mundial a través de la despenalización del aborto, sobre la base de la doctrina de la salud reproductiva y de los derechos sexuales y reproductivos. Es indudable que:

1. la dinastía Rockefeller, cara visible del poder privado mundial ˆel auténtico «amo» del mundo- y brazo ejecutor de las políticas trazadas y diseñadas por dicho poder, es el creador del dogma básico que fundamenta y justifica ˆhasta con la legalización del aborto- el control imperialista del crecimiento poblacional mundial y el consiguiente holocausto demográfico que actualmente asesina a 30 millones de nascituros por año.

2. la dinastía Rockefeller ha convertido su miedo corporativo privado ˆel control del crecimiento poblacional mundial- en problema de Estado a nivel planetario

3. la dinastía Rockefeller ha diseñado y oficializado para los Estados Unidos el control de la natalidad

4. a través de uno de sus empleados ˆSir Henry Kissinger-, la dinastía Rockefeller ha diseñado y oficializado el control de la natalidad en todo el mundo, en el horizonte y marco estratégicos de proteger la seguridad nacional de Estados Unidos (país al que tiene sometido y dominado a su antojo)

5. la dinastía Rockefeller ha implementado a través de las Naciones Unidas y de su agencia dedicada al tema poblacional su proyecto de control de la natalidad a escala planetaria. Específicamente, ha logrado que las Naciones Unidas haya adoptado como política oficial que trata de imponer por encima de las soberanías nacionales su ideología antinatalista y sus proyectos antidemográficos, bajo los eufemismos de la salud reproductiva y de los derechos sexuales y reproductivos.

6. la dinastía Rockefeller ha establecido una alianza estratégica con las más importantes instituciones que promueven la política imperial de controlar el crecimiento poblacional mundial, situando en sus órganos de conducción a miembros de su corporación o del propio organismo que ha creado para ocuparse de los temas demográficos y poblacionales.

7. la dinastía Rockefeller ha asociado a los mencionados organismos e instituciones privadas a diversos gobiernos (el estadounidense, algunos europeos y algunos asiáticos), mediante el apoyo y el respaldo financieros, para llevar a cabo sus planes concretos de control de la natalidad. En particular, se ha asociado al Gobierno británico para financiar a nivel mundial la política del aborto legal y seguro.



Todo esto constituye el horizonte estratégico en el que se enmarcan las monocordes propuestas presentadas en nuestro país y en los países hermanos de la Patria Grande iberoamericana, al servicio de la multinacional de la muerte inspirada y conducida por la dinastía Rockefeller. En otras palabras: PROMOVER SUPUESTOS DERECHOS REPRODUCTIVOS Y LA SALUD REPRODUCTIVA ES TRABAJAR A FAVOR DEL CRIMINAL PROYECTO ANTINATALISTA DE LA DINASTÍA ROCKEFELLER.

En última instancia, como ejemplar paradigma del poder imperialista angloamericano, la ofensiva antinatalista y abortista busca no sólo eliminar las generaciones futuras, sino colonizarnos en forma integral (política, económica, social, ideológica y culturalmente), prostituyendo nuestros valores culturales y nuestro sistema político, convirtiéndonos en asesinos de nuestros propios hijos y nietos, la única forma que les posibilitará consolidar in aeternum nuestro sometimiento colonial. Frente a esta actualísima y renovada política colonialista británica y angloamericana que pretende recolonizar a nuestros pueblos de Iberoamérica, se impone la resistencia cultural y política, restaurando y recreando nuestra herencia y memoria históricas, para afirmar un profundo nacionalismo cultural y político y forjar con ello una auténtica cultura de la vida que nos permita ser libres y dignos frente a la soberbia arrogante de los personeros apátridas y criminales del Nuevo Orden Mundial. Este momento histórico nos impone la disyuntiva: o libres y dignos hijos de la Patria y de su historia, o traidores al servicio del poder imperialista plutocrático angloamericano. Dos siglos atrás, nuestros antepasados nos mostraron y enseñaron que se debe resistir a los asesinos que nos invaden, por izquierda y por derecha. Toda forma de lucha y resistencia nos es válida, lo único que tenemos impedido hacer es vivir de rodillas por cobardía, frente a los enemigos de la raza humana que no sólo quieren saquear nuestras riquezas y nuestros recursos, sino también eliminar a nuestros descendientes, para robarnos nuestro futuro y nuestro destino.

Ellos tienen la riqueza y los medios, pero carecen del capital que nosotros poseemos: una Causa noble por la cual vivir y luchar, la Verdad que nos ilumina y sostiene y el Amor que nos impulsa a vivir al servicio de quienes nos rodean y de nuestra Patria para lograr así nuestro propia realización personal, ya que nadie se realiza ni tiene destino en una comunidad que no se realiza. Sabemos que no se vence con violencia, mucho menos a un enemigo tan poderoso como el que ha venido a esclavizarnos, sólo se lo vence con inteligencia y organización. En esta lucha tan particular, madre de todas las batallas porque está en juego la vida de los más indefensos e inocentes de todos los seres humanos, no vence quien tiene más fuerza y más recursos, sino quien está dispuesto a vencer y tiene la perseverancia necesaria para alcanzar la victoria. Unidos, solidarios y organizados seremos invencibles y podremos resistir esta diabólica ofensiva contra los más pobres e indefensos de todos los seres humanos, si nos sostenemos en Aquél que vino para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia. Pero como en todos los órdenes de la vida, también en este campo la resistencia y la victoria han de ser políticas, o no servirán de nada.


--------------------------------------------------------------------------------


[1] Clarín, artículo de Hinde Pomeraniec, 7 de enero de 2005; La Nación, artículo de Elisabetta Piqué, corresponsal del diario en Italia, 13 de enero de 2005; La Nación, 15 y 16 de marzo de 2006, sobre el problema que afronta Alemania, al ser uno de los países del mundo con el índice más bajo de natalidad; Agencia Zenit, 26 de febrero de 2006, Código ZSI06022503. Según el periódico The Guardian, Rusia perderá más de 400 mil millones de dólares en los próximos 20 años si no logra resolver el problema del descenso poblacional, según un informe de un lobista, Delovaya Rosilla. Éste es el motivo que ha llevado al presidente Vladimir Putin a anunciar un plan para duplicar la población en 10 años, mediante una serie de medidas económicas y sociales (Clarín, 15 de mayo de 2006, nota de Gustavo Sierra).


[2] Sebastián Campanario, en Clarín, «Suplemento Económico», 29 de enero de 2006.


[3] Statement on Population from World Leaders (1966) [Declaración sobre Población por parte de líderes mundiales (1966)], redactado por el mencionado magnate «filántropo» y firmado, entre otros, por Harold Holt, Primer ministro de Australia; Dr. Carlos Lleras Restrepo, Presidente de Colombia, Indira Gandhi, Primer ministro de India; Tte. General J. A. Ankrah, Presidente del Consejo de Liberación Nacional de Ghana; el Sha Mohammad Reza Pahlavi, Emperador de Irán; Dr. Joaquín Balaguer, Presidente de República Dominicana; el rey Hussein, de Jordania; el General Cheng Hee Park, Presidente de la República de Corea; Tage Erlander, Primer ministro de Suecia; el rey Mahendra, de Nepal; Eric Williams, Primer ministro de Trinidad y Tobago; Eisako Sato, Primer Ministro de Japón; Lyndon B. Johnson, Presidente de Estados Unidos; Harold Wilson, Primer ministro de Gran Bretaña; Ferdinand Marcos, Presidente de Filipinas; y dos líderes del Tercer Mundo: Gamal Abdel Nasser, Presidente de República Árabe de Egipto y el comunista Mariscal Josip Broz (Tito), Presidente de Yugoslavia. La firma de este último puso en evidencia que a) el comunismo no representaba una amenaza para los ricos del mundo, y b) que el nacionalismo independiente del Tercer Mundo y sus pueblos era el verdadero enemigo de la plutocracia capitalista. Se puede consultar este documento en su versión original en inglés en: p; http://www.popcouncil.org/mediacenter/popstatement.html .


[4] Ibidem: «Creemos que la gran mayoría de los padres desean tener el conocimiento y los medios para planificar sus familias; que la oportunidad para decidir el número y el espaciamiento de los hijos es un derecho humano básico».


[5] Center for Research on Population and Security, Population and the American Future, New York, 1972.


[6] Memorando 200/74. Implicancias del crecimiento poblacional mundial para la seguridad nacional de los Estados Unidos y sus intereses de ultramar. En el marco del compromiso de los líderes de los países desarrollados y en desarrollo, este Memorando recomienda la aplicación en Estados Unidos del Informe de la Comisión Rockefeller arriba citado. No hay que olvidar que este documento sigue vigente en la política oficial internacional de las administraciones norteamericanas, ya que no ha sido derogado.


[7] Op. cit., Resumen Ejecutivo, «Efectos políticos de los factores de población»: las consecuencias políticas de los factores de población, entre ellos el rápido crecimiento poblacional, «son dañinas para la estabilidad interna y las relaciones internacionales de países en cuyo progreso Estados Unidos está interesado, creando así problemas políticos e incluso de seguridad nacional para Estados Unidos».


[8] Op. cit., Resumen Ejecutivo, «Recomendaciones de Política». Los países en cuestión son: India, Bangladesh, Paquistán, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. Vale la pena destacar que el Consejo de Población [Population Council] (creado por John Davison Rockefeller III en 1952 para ocuparse del tema poblacional), posee oficinas y delegaciones en casi todos estos países mencionados en el Memorando de Kissinger, lo cual prueba la vinculación -histórica y geopolítica- estrecha y profunda entre los problemas y necesidades del poder plutocrático privado y los gobiernos de Estados Unidos.


[9] Ibidem.


[10] Decisión de Seguridad Nacional 314/75, del 26 de noviembre de 1975.


[11] Los detalles de esta iniciativa inconclusa se encuentran en la obra de Stephen Mumford, The Life and Death of NSSM 200: How the Destruction of Political Will Doomed a U.S. Population Policy [Vida y muerte del Memorando Secreto de Seguridad Nacional 200: Cómo la destrucción de la voluntad política condenó a la muerte a una política poblacional americana]. Se puede consultar y obtener este texto en Internet, en http://www.population-security.org/index.html.


[12] Ibidem [subrayado nuestro].


[13] Op. cit., «1. Fostering an International Consensus for Action» [Promoviendo un consenso internacional para la acción].


[14] Ibidem. En rigor de verdad, el «gran» demócrata estadounidense ha puesto al descubierto el carácter de ficción que ha adquirido la política contemporánea mundial (no sólo la estadounidense), ya que es formalmente democrática, pero oligárquica en su esencia. Por un lado, promueve las diferencias y los antagonismos ideológicos y políticos ˆizquierda o derecha, conservador o progresista, etc.-, en forma periódica organiza actos eleccionarios en los que el común de los hombres «elegimos» «nuestros» representantes y gobernantes, pero por otro lado, a pesar de todas las «diferencias», impone una única cosmovisión «válida» y «consagrada» sobre todo por los grandes medios de comunicación, diseñada por los grandes poderes privados del mundo que se han nucleado y organizado en instituciones secretas o discretas, en las que discuten las grandes políticas mundiales que luego «nuestros representantes y gobernantes» se encargarán de ejecutar localmente, por supuesto que encubriendo a sus inspiradores y patrones, a través de «gestiones administrativas» disfrazadas de progreso y de crecimiento «sustentables».


[15] Ibidem. Sobre la base de lo afirmado por James Petras, consideramos que es falsa la denominación de diversos organismos como organizaciones no-gubernamentales, sobre todo en los dedicados a las cuestiones de salud reproductiva y derechos reproductivos, cuando es público y notorio que su existencia y su funcionamiento dependen en muchos casos de financiamiento público estatal permanente, sobre todo estadounidense y europeo. Cf. James Petras, «Imperialism and NGOs in Latin America», en Monthly Review (Vol.49, Nº 7), Diciembre de 1997, Nueva York, pp. 10-27.


[16] ONU-Agency for International Development, World Population Plan of Action [Plan de Acción para la Población mundial], Bucarest, 1974.


[17] Op. cit., «B. Principles and objectives of the Plan, f».


[18] Op. cit., «C. Recommendations for Action, 1. Population Goals and Policies, c. Reproduction, family formation and the status of woman, 29 y 43». Con esto se buscaba imponer otro criterio recomendado en 1972 por los Rockefeller: «formar familias más pequeñas y mejorar el status individual de las mujeres».


[19] Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, Parte Uno, «Preámbulo», 1.3; 1.8. Esta disminución fue presentada como un logro, simplemente porque así lo había instituido y postulado John Davison Rockefeller III en 1972.


[20] Ibidem, 1.5: «en cuestiones poblaciones se le dio explícitamente a la Conferencia de 1994 un mandato más amplio que el otorgado a conferencias anteriores sobre población, reflejando la conciencia creciente que población, pobreza, modelos de producción y consumo y el medio ambiente están tan íntimamente conectados, de tal forma que ninguno de ellos puede ser considerado en forma aislada».


[21] Ibidem, 7.1. Aunque en esencia este concepto es paradójicamente contraceptivo, ya que incluye la capacidad de reproducirse y «la libertad de decidir si, cuando y con cuánta frecuencia hacerlo», lo cual implica «el derecho de hombres y mujeres a estar informados y a tener libre acceso a métodos de planificación familiar seguros, efe

 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |