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El Papa de los pactos lateranenses
S.S. Pío XI fue el CCLIX Papa de la Iglesia Católica entre 1922 y 1939


Por: Hernán Bressi | Fuente: Catholic.net



1. El Papa de los pactos lateranenses

En 1919, aprovechando su gran formación académica, piedad y por su fluidez en el manejo de idiomas, el Papa Benedicto XV lo envía a Europa del Este especialmente a Polonia para preservar la integridad física y espiritual de los católicos bajo el bloque soviético construyendo puentes diplomáticos con la U.R.S.S., primero como visitador apostólico, y al año siguiente como nuncio, nombrándolo para ello arzobispo titular de Lepanto. Testimoniando un gran celo pastoral en agosto de 1920, cuando el ejército bolchevique se acercaba amenazante a las puertas de Varsovia, monseñor Ratti se negó a abandonar la cuidad.

En 1921 el Papa Benedicto XV lo llamó de vuelta a Italia nombrándolo arzobispo de Milán y elevándolo a la dignidad cardenalicia. Pocos meses después el cardenal Achille Ratti sería elegido sucesor de S.S. Benedicto XV en la Sede de Pedro. Con el nombre de Pío XI él tomaba ahora en sus manos el timón de la Barca de Pedro en medio de un mundo abatido por la tempestad de la Gran Guerra.

2. La paz de Cristo en el Reino de Cristo

El magisterio de Pío XI ha pasado a la historia como el del hombre que puso freno condenando a los distintos totalitarismos de sesgo pagano, ateo y materialista de su tiempo (mitbrennendersorge -nazismo-, non abbiamobisogno -fascismo- y divinis redemptorispromissio-comunismo ateo-), el estadista de los Pactos Lateranenses, el académico tomista con una gran devoción por la Madonna, el pastor de las misionesevangélicas a Rusia, con una férrea voluntad de recristianizar la sociedad bajo la paz de Cristo dejando patente está intencionalidad en su primera encíclica programática de gobierno Urbi Arcano de 1922 en su punto 1 diciéndonos claramente que el objetivo de la Encíclica y de su Pontificado es la pacificación del mundo: “(…) Nadie hay que ignore que ni para los hombres en particular, ni para la sociedad, ni para los pueblos, se ha conseguido una paz verdadera después de la guerra calamitosa, y que todavía se echa de menos la tranquilidad activa y fructuosa” y en su capítulo II analizando el diagnóstico situacional del mundo nos dice que los males Presentes son:



  • La falta de paz.

“…Admirablemente cuadran a nuestra Edad aquellas palabras de los Profetas: Esperamos la paz y este bien no vino; el tiempo de restaurarnos, y de aquí el terror; el tiempo de restaurarnos, y de aquí a todos turbados. Esperamos la luz; y he aquí las tinieblas…; y la justicia, y no viene; la salud, y se ha alejado de nosotros.(UA,2)

  • Daños espirituales.

“…Y a todos estos males aquí enumerados vienen a poner el colmo aquellos que, cierto, no percibe el hombre animal, pero que son, sin embargo, los más graves de nuestro tiempo. Queremos decir los daños causados en todo lo que se refiere a los intereses espirituales y sobrenaturales, de los que tan íntimamente depende la vida de las almas; y tales daños, como fácilmente se comprende, son tanto más de llorar que las pérdida de los bienes terrenos, cuando el espíritu aventaja a la materia”.(UA,6)

Por lo que a modo de resumen podríamos decir con el Santo Padre: “…En vez, pues, de la confianza y seguridad reina la congojosa incertidumbre y el temor; en vez del trabajo y la actividad, la inercia y la desidia; en vez de la tranquilidad del orden, en que consiste la paz, la perturbación de las empresas industriales, la languidez del comercio, la decadencia en el estudio de las letras y de las artes; de ahí también, lo que es más de lamentar, el que se eche de menos en muchas partes la conducta de vida verdaderamente cristiana, de modo que no solamente la sociedad parece no progresar en la verdadera civilización de que suelen gloriarse los hombres, sino que parece querer volver a la barbarie”.(UA,5)

El Santo Padre ve con suma preocupación el avance del laicismo, el ateísmo y la lente apostasía del mundo moderno recordándonos que los grandes enemigos de la santidad católica: el mundo, el demonio y la carne están afiándose como carta de ciudadanía en los pueblos, comunidades y Estados católicos “…porque la concupiscencia de la carne, o sea de los placeres, es la peste más funesta que se puede pensar para perturbar las familias y la misma sociedad: de la concupiscencia de los ojos, o sea de la codicia del poseer, nacen las despiadadas luchas de clases sociales, atento a cada cual en demasía a sus propios intereses; y la soberbia de vida es decir, el ansia de mandar a los demás, ha llevado a los partidos políticos a contiendas tan encarnizadas, que no se detienen ni ante la rebelión, ni ante el crimen de lesa majestad, ni ante el parricido mismo de la patria”.(UA, 9)

El ambiente anticristiano que se respira queriendo “…prescindir de Dios y de su Cristo en la educación de la juventud; pero necesariamente se ha seguido, no ya que la religión fuese excluida de las escuelas sino que en ellas fuese de una manera oculta o patente combatida y que los niños se llegasen a persuadir que para bien vivir son de ninguna o de poca importancia las verdaderas religiosas; de las que nunca oyen hablar, o si oyen, es con palabras de desprecio” (UA, 11), va seduciendo y formando generaciones de jóvenes con valores opuestos a los de Cristo Rey al excluir a Dios de la familia como política de Estado.



Solamente por medio de la paz y extensión en el Reino de Cristo que es fruto y garantía de caridad social, el hombre y los pueblos pueden perfeccionarse por medio de su dignificación. “…Síguese de ahí claramente que la verdadera paz de Cristo no puede apartarse de las normas de justicia, ya porque es Dios mismo el que juzga la justicia, y ya porque la paz es obra de la injusticia; pero no debe constar tan sólo de la dura e inflexible justicia, sino que a suavizarla ha de entrar en no menor parte la caridad que es la virtud apta por su misma naturaleza para reconciliar a los hombres de los hombres”(UA,13), (…) la tan deseada paz de Cristo, no puede existir si no se observan fielmente por todos en la vida pública y en la privada las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo: y una vez así constituida ordenadamente la sociedad, pueda por fin la iglesia, desempeñando su divino encargo, hacer valer los derechos todos de Dios, lo mismo sobre los individuos que sobre las sociedades(UA,16)”.

Por eso lamisión de los Seglares es precaverse contra el modernismo teológico, filosófico, jurídico y social, razón por la cuál hubo por parte del Santo Padre un interés particular por solucionar la “cuestión romana” y los Estados pontificios usurpados como medio de afianzamiento hacia la pacificación universal en Cristo: “…Y siendo esto así, no hay para qué decir con qué dolor vemos que entre tantas naciones que viven en relaciones amistosas con esta Sede Apostólica falte Italia; Italia Nuestra Patria querida, escogida por el mismo Dios, que con su Providencia dirige el curso y orden de todas las cosas y tiempos, para colocar en ella la Sede de su Vicario en la tierra, para que esta santa ciudad, asiento un tiempo de un imperio muy extendido, pero al fin limitado a ciertos términos, llegase un día a ser cabeza de todo el orbe de la tierra. (…) Pero tanto el origen como la naturaleza divina de este principado, como el sagrado Principado no parezca hallarse sujeto a ningún poder humano, a ninguna ley (aunque ésta prometa, mediante ciertas defensas o garantías, proteger la libertad del Romano Pontífice), sino que debe ser y aparecer bien clara y completamente independiente y soberano”(UA, 20d).

3. La cuestión social después de la crisis de Wall Street.

El contexto internacional cambió. El colapso de Wall Street parecería darle la razón a Marx, agravándose el problema de la redistribución de los ingresos. La crisis de los Estado ha llevado al sector privado a tener más injerencia en los asuntos públicos que antes. Los grupos de poderes, los fondos de inversión, las corporaciones transnacionales, los grandes multimedios y las bolsas de comercio son los nuevos actores y directores de este nuevo escenario. La hegemonía económica, la lucha por el control de los asuntos públicos y la pugna y crisis de los Estados son las nuevas variables. El imperialismo económico es la forma de sometimiento más común en estos nuevos amaneceres de la década que comienza. La brecha entre ricos y pobres se ha incrementado. La acumulación de poder, riquezas y recursos en manos de unos pocos es el fruto natural del establecimiento del mercado como dueño y señor de la vida de los hombres. El hombre es el nuevo instrumento de la economía. Como resultado de esta nueva cosmovisión nadie puede obrar contra la voluntad del mercado. El poder internacional del dinero ejerce el imperio de una manera tiránica y despótica.

Por ese motivo, Pío XI, se ve en la necesidad de actualizar la cuestión social. El derecho a la propiedad privada es un derecho natural del hombre que tiene un doble carácter según su ejercicio: 1. social; 2. individual. El hombre es anterior al Estado y la familia a la sociedad civil. Según la ley natural, la utilización de las cosas creadas por Dios por el hombre debe observarse por un recto orden, debiendo existir una distribución equitativa entre trabajo y capital como medio para conservar y fomentar el bien común integral de toda la sociedad. La virtud de la caridad y la justicia deben nutrir esta relación. La justicia social prohíbe que una clase esclavice a otra en detrimentos de sus propios beneficios. Los réditos de las clases sociales deben ser el resultado del trabajo de sus integrantes. Cada cual debe ganarse lo suyo ajustándose a las normas del bien común. El capital no puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital.

El papa también ataca duramente aquellos que llamados católicos explotan a los obreros abusando de la religión misma y tratan de encubrir en nombre de ella sus falencias. La Iglesia ve en el capitalismo un sistema económico no un estilo de vida. Si el capitalismo se rige por los principios de la recta razón o de la filosofía social cristiano sobre la dignidad trascendente de la persona, este sistema económico va ser bien acogido por la doctrina social de la Iglesia en caso contrario, va ser rechazado.

Estasy otras propuestas, son tratada por Pío XI en su encíclica QuadragesimoAnno de 1931 como respuesta a los ataques vertidos contra León XIII de no admitir al asalariado sino que incluso se detiene a explicarlos según las normas de justicia que han de regularlo. El hombre, a través del trabajo le da una nueva forma o fruto a la cosa recibida pero también la ocupación de una cosa de nadie es considerada como título de dominio.En el contrato de sociedad, los patrones y obreros son partes integrantes en la administración y en los beneficios percibidos. Los contratos de trabajos se atenúan con los contrato de sociedad.

El valor del salario debe fijarse en función de las siguientes variables:

1. Carácter social e Individual. El Estado debe garantizar todas las condiciones sociales, orgánicas y estructurales para el ejercicio del trabajo. De esta manera, el capital y el trabajo pueden producir los frutos necesarios.

2. Sustento del obrero y su familia. La remuneración lograda por el fruto del trabajo debe cubrir el sustento de las necesidades de vida del trabajador y su familia. No es recomendable que los hijos y mujeres salgan por necesidad a trabajar dejando de lado sus deberes de estados.

3.Situación de la empresa. Sería injusto exigir salarios tan altos que lleven a la arruina a la empresa y la pérdida laboral del resto de los trabajadores. Debe existir la concordia cristiana entre patrones y obreros.

4. Necesidad del Bien Común. Debe acomodarse al bien público económico. Al obrero, una vez cubiertas sus necesidades, tiene que reunir un pequeño patrimonio (ahorro).

Pío XI, nos propone una verdadera reforma en las instituciones y costumbres para aliviar la cuestión social. El hombre se encuentra desprotegido frente a los vicios del individualismo. La economía debe estar ajustada a un recto orden, viendo Pío XI en el Estado el instrumento de enmienda de las injusticias. Pero el Estado puede caer en el vicio del totalitarismo, al intentar absorber todos los ámbitos de la vida del hombre. El principio inviolable de subsidiariedad a través del cual el Estado o otras comunidades mayores no pueden quitar a los hombres o comunidades menores aquellos actos, acciones e industria que brotan de su propio esfuerzo ya que toda acción de la sociedad por su naturaleza debe ser puesta en ayuda de todos los integrantes del cuerpo social debe ser preservado y difundido como política de Estado al igual que el principio de asociación siendo derecho propio connatural a la sociedad civil. Su objetivo es velar por los intereses comunes y colaboración de las profesiones en detrimento del bien común. Para el establecimiento, de un justo orden social y jurídico, debe ser regulado acorde a las leyes de la justicia conmutativa con la ayuda de la caridad social. La tutela recaería en el Estado. El principio de justicia social, debe inspirar a las instituciones e impregnar la vida social de los hombres para que el mercado no sea el principal regulador de la vida de la comunidad

La encíclica nos habla de la ruptura del socialismo. Nos expone los matices de ambas tendencias. Esto es muy importante porque hay muchos católicos que veían una compatibilidad muy grande entre el socialismo moderado y la doctrina social de la Iglesia. Frente a este interrogante, el papa es muy contundente cuando afirma que ningún tipo de socialismo es compatible con el catolicismo. El socialismo modera y mitiga el tema de la violencia como metodología política y de la abolición de la propiedad privada concibiendo la sociedad de una manera opuesta a la verdad revelada, siendo deber de todo católico purificar aquellos postulados del socialismo, en la medida que sean justos, para que puedan ser difundidos en virtud de los principios de la fe y promovidos más eficazmente en virtud de la caridad cristiana. No debemos olvidar que el cristiano es un peregrino en esta tierra y que el verdadero paraíso se encuentra en el cielo. Estas enseñanzas son muy importantes porque nuestro objetivo debe ser el reino social de Cristo y para eso debemos dar testimonio de la verdad revelada para no caer en el error de la antropología socialista poniendo en riesgo la salud de nuestras almas y la de nuestros prójimos.

4. Remedios católicos para estos males.

La principal propuesta que su santidad nos propone en todo momento durante su magisterio, es la conversión de nuestros corazones, especialmente de aquellos que tienen a su cuidado el bien de la comunidad. Una firme y severa disciplina moral debe ser aplicada para erradicar el pecado y el vicio de nuestra sociedad. La economía debe estar al servicio del hombre. Los bienes creados tienen que ser considerados como simple medios en la consecución de nuestro fin supremo. El hombre debe buscar el reino de Dios y su justicia. La caridad que es vínculo de perfección debe ser vehículo que nos ayude a unir los corazones en orden al bien común. La educación en la fe debe ser un objetivo primordial. Sólo a través del evangelio se podrá revertir la situación existente. Los apóstoles del mundo obrero debe ser los obreros, los apóstoles del mundo industrial y comercial deben salir de los propios gremios. La juventud debe ser educada en los valores católicos y para eso los círculos de estudios, las agrupaciones juveniles, las asociaciones cristianos o los ejercicios espirituales son excelente medios para la formación de verdaderos soldados de Cristo.

 





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