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Aborto femenino y silente discriminación femenina en EEUU
Los promotores del aborto nos acusan frecuentemente de odiar a las mujeres, pero en realidad son ellos los únicos promotores de este odio


Por: Colin Mason | Fuente: Population Research Institute



A su inicio la tecnología del ultrasonido era considerada por el movimiento pro-vida como una bendición. Ahora, su uso se ha impulsado tanto en los servicios de planificación familiar en todo el mundo para ayudar a los padres a saber el sexo de sus hijos, que como resultado las estadísticas de aborto señalan que la selección por sexo es la razón más común para que los bebés sean abortados.  

La llegada de la tecnología del ultrasonido normalmente es considerada por el movimiento pro-vida como una bendición. Y con mucha razón. Desde que empezó a hacerse más común su uso, incontables vidas de niños por nacer han sido salvadas, pues la mujer pudo ver por fin una maravillosa y bella forma humana dentro de ella.

Ahora, increíblemente, el poder del ultrasonido está siendo puesto en contra de la vida. ¿Cómo así? El ultrasonido ya no sólo puede presentar la fuerza y la belleza de la vida en el vientre materno, sino que la tecnología ha avanzado al punto en el que también puede dar un diagnóstico preciso del sexo del bebé. Como resultado, por increíble que pueda sonar, las estadísticas de aborto señalan que la selección por sexo es la razón más común para que los bebés sean abortados.

Este problema ya se ha hecho común en lugares como India y China, donde están vigentes políticas reproductivas restrictivas. Debido a la advertencia por parte del gobierno de tener pocos hijos, las familias en estos países están desesperadas por tener un hijo hombre que se encargue del trabajo duro de la granja y cuide de ellos cuando sean viejos. Como resultado, las niñas con frecuencia son abortadas o asesinadas durante el nacimiento, lo cual ha dejado como resultado un catastrófico desbalance de sexos en estas regiones.

De acuerdo a la División de Población de Naciones Unidas, la actual proporción de sexos es de 94 mujeres por cada 100 hombres, en comparación a las 103 mujeres por cada 100 hombres que hay en los Estados Unidos, o las 104 mujeres por cada 100 hombres en Inglaterra. Las estadísticas de India no son nada alentadoras. En el 2007, 93 niñas indias nacieron por cada 100 niños. De acuerdo a los reportes adicionales de las Naciones Unidas, los abortos por selección de sexo y el infanticidio han probado ser los responsables de la pérdida de al menos 60 millones de niñas en todo el mundo, o probablemente más.
Aún cuando China e India han implementado leyes que prohíben estas prácticas sexo-selectivas, éstas han tenido un impacto mínimo. Muchos medios de comunicación, incluyendo algunos de China e India, han culpado a la política de un solo hijo, imperante en China, de producir esta acelerada crisis en el equilibrio de sexos. Y ciertamente puede ser. Pero como quiera que fuere, aquí hay un problema más de fondo.

Fundamentalmente se ha producido un cambio significativo en las actitudes de las personas, por eso existe un problema como éste. Y este problema no está restringido tan sólo a China o India, sino que se presenta incluso en Estados Unidos.   
Las niñas de Asia se están convirtiendo rápidamente en una especie en extinción

La mayoría de las personas en Estados Unidos ven al aborto por selección de sexos como un fenómeno lejano. Uno que sólo ocurre en los países tercermundistas. Allí donde las ideas obsoletas acerca de las mujeres y la sociedad aún continúan siendo normas culturales. De hecho, una encuesta publicada en las Noticias Presbiterianas Pro-Vida muestra que el 79% de los norteamericanos encuestados cree que el aborto no debe ser legal únicamente cuando la mujer no está de acuerdo con el sexo de su hija. El aborto por selección de sexos, visto correctamente, constituye para muchos como la más atroz de las misoginias, una horrible discriminación contra las mujeres incluso antes de que ellas hayan nacido.    

Entonces, ¿Dónde queda el reclamo feminista de que los derechos humanos han sido violados? ¿Dónde está el resentimiento liberal contra una práctica totalmente anti-mujer, tan audazmente opresiva? ¿Dónde están las activistas feministas que no se manifiestan contra una tragedia que incluso Naciones Unidas está lamentando?

Esto no significa que las feministas norteamericanas estén conformes con la idea del aborto sexo-selectivo Incluso algunas denuncian tímidamente esta práctica de cuando en cuando. Sin embargo, la inmensa mayoría de feministas mantiene un silencio imperturbable en un asunto que podría ser el caso más grande de “violencia contra la mujer” que las feministas tanto proclaman rechazar.

La cruda verdad acerca de las feministas y sus actuales prioridades es ésta: la doctrina del aborto a demanda es mucho más importante, tan fundamental en la mente de las feministas, que están dispuestas a sacrificar cualquier otra causa en agenda, por más significativa que sea, en aras de esta doctrina prioritaria.

Como resultado, las feministas con frecuencia volverán atrás para justificar o rechazar el aborto sexo-selectivo. En un documento titulado “¿El Aborto Sexo-Selectivo Puede ser Éticamente Tolerado?”, B. M. Dickens argumenta que la selección por sexos es “claramente sexual, pero no necesariamente sexista… Se supone que cualquiera de las opciones es necesariamente sexista e injusta, y las leyes base introducen penas carcelarias en cada uno de los supuestos… en ambos casos es injusto y opresivo”. Este documento está disponible en la base de datos de la página web del Journal Medical Ethics (Revista Medica de Ética).

La cruda verdad acerca de las feministas y sus actuales prioridades es ésta: la doctrina del aborto a demanda es mucho más importante, tan fundamental en la mente de las feministas, que están dispuestas a sacrificar cualquier otra causa en agenda.

¿Dónde están las activistas feministas que no se manifiestan contra una tragedia que incluso Naciones Unidas está lamentando?

B.M. Dickens también cita a Susan Sherwin, feminista y catedrática de Filosofía y Estudios de la Mujer de la Universidad de Dalhousie y autora del libro No Más Paciencia: Ética Feminista y Cuidado de la Salud. En el libro resume de forma ordenada el punto de vista del feminismo sobre ese asunto. “Independientemente de cuál sea la razón particular para abortar” afirma Sherwin, “la mayoría de las feministas creen que sólo la mujer que se encuentra en ese dilema puede juzgar mejor que nadie si el aborto es la respuesta apropiada al embarazo… la mayoría de las feministas están de acuerdo en que la mujer debe tener el control total sobre su propia vida reproductiva si ello la libera del dominio del hombre”.

Es irónico que el escape del “dominio del hombre” deba incluir, como dañó colateral, la indiscriminada destrucción de casi una generación completa de mujeres por nacer. El compromiso frente al aborto está tan arraigado en las feministas que las ha convertido en opresoras de la misma mujer. Ellas mismas están perpetrando contra las mujeres una forma de violencia que es mucho más generalizada, mucho más siniestra que cualquier otra forma de violencia contra la que ellas dicen estar luchando activamente.

Esta es la discriminación contra la que los pro-vida norteamericanos estamos luchando. Entendemos que nunca habrá una oposición enérgica contra el aborto sexo-selectivo hasta que haya una oposición fuerte contra el aborto en general. La ley nunca debería permitir arrebatar una vida humana inocente por la conveniencia de otra persona. Sin embargo, una vez que esto ocurre, no debemos sorprendernos si, después de no mucho tiempo, nadie intente ni siquiera disimular este hecho. Simplemente, como van las cosas, nada impediría que una epidemia de aborto sexo-selectivo penetre a la sociedad norteamericana moderna debido a su propio capricho. Como Alexis de Tocqueville dijo hace muchos años, “la salud de una sociedad democrática puede medirse por la calidad de las acciones privadas que realizan los ciudadanos”.      

Con la legalización del aborto a demanda, siento un profundo temor por el futuro de nuestra sociedad democrática.





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