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¿Encontrará la Fe sobre la tierra?
Jesús nos llama a mantenernos despiertos y firmes en la fe.


Por: Marlene Yañez Bittner | Fuente: Catholic.Net



No es un secreto. Si pudiéramos medir la fe en el mundo con algún sistema científico y obtener estadísticas, tal como se trabaja por ejemplo, en el ámbito meteorológico, creo que simplemente nos escandalizaríamos. Y si lográramos tener un antecedente histórico fidedigno mediante el cual se establezca una predicción futura de cuántos cristianos habrán, quizás, dejemos aquella “pereza espiritual”.

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Me refiero a la pereza espiritual y religiosa o la denominada “acedia”, pero aplicada a aquel cristiano frío; el que cree, tiene fe, realiza buenas obras, participa en su comunidad parroquial, asiste a la Eucaristía, persevera en la oración y es activo en la lectura de la Sagrada Escritura; es decir, es un buen cristiano católico.

Sin embargo Jesús nos pide más, pues simplemente, hay almas sin fe y almas que de a poco van perdiendo su fe: “Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Mateo 18,8). Qué estremecedoras palabras ¿verdad? ¿Y hacemos algo? Quienes somos, ¿católicos fríos, tibios o calientes?

Y es que el Señor nos pide que defendemos la fe y proclamemos el evangelio: “Y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Marcos 16,15). Nosotros como Discípulos de Cristo tenemos el deber de vencer la pereza espiritual e intentar llegar a tantas almas sin fe. Son tiempos difíciles y cada vez es más complicado poder actuar, pero Cristo nos fortalece siempre, sólo debemos disponer nuestros corazones para realizar de verdad esta misión.



Es una necesidad humana buscar el bienestar, el punto es en dónde la hallamos. Vemos como se busca en prácticas y terapias que estarían de moda, tales como el Reiki, el Yoga, la Acupuntura, entre otros. Aquí debemos tener mucho cuidado en dos grandes puntos. Primero, si estas prácticas comienzan a tener un papel preponderante en nuestras vidas, podrían justamente estar alejándonos de Dios. Segundo, pueden ser la puerta de entrada para otras creencias distintas al cristianismo.

Estas prácticas se realizan en varias sesiones semanales y cobran vital importancia para las personas. Si obviamos los dos puntos anteriores, ello podría no ser cuestionable. Sin embargo, si tenemos tiempo para asistir periódica e infaltablemente a estas sesiones y no así a la Santa Misa, al menos la del día del Señor, pues estamos en un grave problema.

Por ello es que Jesús nos llama a mantenernos despiertos y firmes en la fe (1 Corintios 16,13); cuando detectemos que personas cristianas están cayendo en creencias que las alejan de Dios, debemos corregir. Más aún lo debemos hacer, al ver personas que no buscan su seguridad y paz en Dios.

El Papa Francisco lo señala: “La verdadera paz no está hecha por el hombre, es un don del Espíritu Santo. Una paz sin cruz no es la paz de Jesús, porque sólo el Señor puede darnos la paz en medio de las tribulaciones” (Francisco, 2018). Sin embargo la paz se busca en donde no se encontrará jamás.

Hace muchos años atrás, en Abitene, una pequeña población del Norte de África, tras la persecución de cristianos, la policía imperial sorprendió a 49 personas celebrando la Santa Misa. Cuando les ofrecieron perdonarles la vida a cambio de que no lo hicieran más, la respuesta fue: “Sin el domingo no podemos vivir”.



Y nosotros… Con las Iglesias cada vez más vacías, intentamos regocijarnos en modas, tendencias y creencias de todo tipo. La Misa Dominical se ha transformado en el paseo del día Domingo para quienes al menos, asisten. Para otros, una pérdida de tiempo que es preferible aprovechar en los centros comerciales.

Hermanos, no se trata sólo de tener fe y de hacer buenas obras. Nuestro Señor nos hizo discípulos para que colaboremos con Él en su Plan Perfecto, es nuestro deber. Cumplir con la Ley de Dios implica asumir un rol activo de evangelización, pasar de ser un católico frío a acalorarse hablando de Dios, defender la fe y la Iglesia, incluso cuando las tribulaciones de la vida lo complican.

No olvidemos lo que nos dice Jesús: “Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10,32).

“Por lo tanto, el que quebrante uno solo de estos preceptos mínimos y lo enseñe así a los hombres será tenido por el menor en el reino de Dios. Pero el que los cumpla y enseñe será tenido por grande en el reino de Dios.” (Mateo 5,19).

En los asuntos de Dios toda herramienta puede servirnos para llegar a las almas ciegas de fe. La oración, la lectura de la Sagrada Escritura, incluso la canción y por cierto el testimonio personal. Debemos poner todo lo que tenemos a disposición del Señor para que É obre de la mejor manera a través de nosotros. Jesús nos recuerda ser sal y luz del mundo (Mateo 5, 13-16).

Hay algo más queridos hermanos, el único pecado mortal que no tiene perdón de Dios es la Blasfemia contra el Espíritu Santo.

El evangelista San Marcos relata lo siguiente:

“Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Está poseído por Beelzebul y por el príncipe de los demonios expulsa los demonios. El, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir”. (Marcos 3,22-24).

En este texto, vemos que los fariseos no creían en los milagros que Jesús hacía por el poder del Espíritu Santo, más aún, lo tildaron de Demoníacos. No reconocer el amor de Dios, desconocer a Jesús como el Mesías y Salvador e incluso afirmar que es el Demonio es pecar contra el Espíritu Santo.

“Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.” (Mateo 12, 31-32).

De aquí el carácter urgente que tiene nuestro rol como Discípulos de Cristo. Proclamar el evangelio para que muchas almas logren reconocer a Jesús como el camino, la verdad y la vida. No hacerlo, nos condena eternamente.





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