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El obrero de Cristo
Una humildes reflexiones sobre un grande


Por: Hernán Bressi | Fuente: Catholic.net



1. El obrero de Cristo

El 20 de Febrero de 1878, fue elegido por amplia mayoría para ocupar la cátedra de Pedro, el Cardenal Pecci con tan sólo 69 años. Aún con la activa oposición de Francia, que lo tenía por acreditado germanófilo. Delgado, enérgico, de buen carácter y trato amable adopta el nombre de León XIII, el hombre que pasará a la historia como el Papa de los obreros. Era el primer Papa elegido después de la unificación italiana y la pérdida de los Estados Pontificios. León XIII inicia su pontificado en una Europa convulsionada y dividida. El equilibrio de poder entre las grandes potencias se inclina a favor de Prusia. Tras el triunfo de Prusia sobre Napoleón III, en tiempos de Pío IX, la unificación alemana es una realidad y Víctor Manuel II ordena invadir los Estados Pontificios tomando prisionero al Santo Padre en el Vaticano. La kulturkampen Alemania, el josefismo en Austria, la ley de reorganización de la iglesia del Gran Consejo de Ginebra en Suiza y el inicio de la tercera república en Francia mostraban una clara apostasía por parte de Europa y una separación del poder temporal de la Santa Madre Iglesia. La revolución industrial transformó la economía. La aparición de la máquina, modifico las condiciones de vida de los trabajadores y las relaciones con sus patrones. El mercado se transforma en el nuevo Dios. La escuela de Manchester es la propulsora en materia económica de la nueva ideología: el liberalismo. El aumento de la producción a un costo menor, la acumulación de riquezas en manos de unos pocos, la desaparición de los gremios, el relajamiento moral y la falta de un justa reglamentación de la usura trajeron como consecuencia una brecha más amplia entre los dueños del capital y el trabajo (obrero industrial - proletario). Frente a este yugo de esclavitud, en 1848 un autor alemán Karl Marx escribió el Manifiesto Comunista tratando de dar respuesta a esta a la nueva situación social emergente. León XIII sale al ruedo criticando la falsa solución antropológica marxista de pretender mejorar las condiciones de vida del proletariado con la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, la lucha de clases (capital vs. Trabajo) y el establecimiento de una dictadura del proletariado como de consolidación de su tan ansiado paraíso en la tierra.

2. Aproximaciones a su Magisterio Pontificio.

La Encíclica DiuturnumIllud sobre la autoridad política es la primera de las cinco que constituyen lo que en doctrina social de la Iglesia se ha llamado el Corpus Politicum Leonianum junto a la Humanumgenus(20-IV-1884), la Inmortale Dei (1-XI-1885), la Libertas praestantissimun(20-VI-1888) y la Sapientiae christianae (10-I-1890). Esto hace suponer que los problemas más inmediato durante los diez primeros años del Pontificado de León XIII eran los problemas de “moral política”. En un contexto histórico dónde los atentados anarquistas estaban al orden del día (Zar Alejandro II de Rusia, tres atentados), el marxismo en auge y la teoría del Contrato Social de Rousseau era aceptada por el liberalismo doctrinario y las consecuencias socio-económicas de la Revolución Industrial fueron catastróficas, León XIII debe salir desde su cátedra de Pedro a poner las cosas en claro.

En DiuturnumIllud rechaza el concepto de soberanía popular de Rousseau fundamentando que el origen del poder político viene de Dios, no de un contrato propuesto por el Pueblo.Con San Pablo en la Epístola a los Romanos, nos dice: “no hay autoridad sin Dios”. La argumentación filosófica se basa en tres premisas:



  1. La sociabilidad natural del hombre.
  2. En la necesidad de la obediencia política como una obligación de conciencia.
  3. El asentimiento universal de los pueblos respecto al origen sagrado de la autoridad.

Sobre la intervención del pueblo en la elección de los gobernantes, la encíclica, en su tenor literal (No 4), parece inclinarse por la teoría de la llamada “designación”, no aceptando la teoría de la “traslación”, que sería “collativa” o atributiva de las facultades de poder: ¨... es importante advertir en este punto que los que han de gobernar los Estados pueden ser elegidos, en determinadas circunstancias, por la voluntad y juicio de la multitud, sin que la doctrina católica se oponga o contradiga esta elección. Con esta elección se designa el gobernante, pero no se confieren los derechos del poder. Ni se entrega el poder como un mandato, sino que se establece la persona que lo ha de ejercer. No se trata en esta encíclica de las diferentes formas de gobierno. No hay razón para que la Iglesia desapruebe el gobierno de un solo hombre o de muchos, con tal que ese gobierno sea justo y atienda a la común utilidad. Por lo cual, salvada la justicia, no está prohibida a los pueblos la adopción de aquel sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su manera de ser o a las instituciones y costumbres de sus mayores¨.

Siguiendo este razonamiento y para evitar confusión de los católicos con vocación al llamado del orden político, nos exponeenGraves de communidel18 de enero de 1901, sobre la democracia Cristiana[1], en su punto 5 lo siguiente: ¨…No hay duda alguna sobre lo que pretende la democracia social y a lo que debe aspirar la democracia cristiana. Porque la primera en muchos llega a tal grado la malicia, que admite fuera de lo natural, busca exclusivamente los bienes corpóreos externos, poniendo la felicidad humana en su adquisición y goce. De aquí el deseo de que la autoridad resida en pueblo, para que, suprimidas las clases sociales y nivelados los ciudadanos, se establezca la igualdad de bienes; como consecuencia se aboliría el derecho de propiedad y la fortuna de los particulares así cómo los medios de vida pasarían a ser comunes. Por el contrario la democracia cristiana, por el hecho mismo de recibir ese nombre, debe estar fundamentado en los principios de la fe divina, atendiendo de tal suerte al interés de las masas que procure perfeccionar saludablemente los ánimos, destinados a bienes sempiternos. Nada pues para ella tan santo como justicia que manda que se conserve íntegro el derecho de propiedad, defiende la diversidad de clases, propia de toda sociedad bien constituida y quiere que su forma su forma sea la que el mismo Dios su autor ha establecido. De donde claramente se infiere que nada hay de común entre la democracia social y la cristiana y que entre sí difieren como se diferencia la secta del socialismo y la profesión de la religión cristiana”.

  1. La cuestión obrera.

El 15 de Mayo de 1891, escribe la obra que Pío XI denomino como la Carta Magna de la acción cristiana en el orden social que fue la RerumNovarum, sobre la situación de los obreros.Constituyó la culminación del Catolicismo social.Precedido por una serie de actuaciones y estudios de los católicos sociales: 1. el Cardenal De Bonald de Lyon, 2. Cardenal Manning, arzobispo de Westminster, 3. Cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, el márques de la Tour du Pin, Balmes, Donoso Cortés, De Mun, etc.

León XIII, nos enseña que no se puede ir contra la naturaleza del orden creado. La violencia o el enfrentamiento no es el camino más adecuado para solucionar los problemas, porque dejamos en un segundo plano el respeto de la condición humana. No existe enemistad entre las clases, sino concordia. Esos supuestos son artificiales. La comunidad no puede desarrollarse en aras del bien común sin el equilibrio entre el trabajo y el capital.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, con inteligencia y voluntad. Lo hizo dueño y señor de los demás bienes y creaturas de la tierra. Porque de la fecundidad de la tierra, el hombre con su recta razón subordinada a la ley eterna tiene la capacidad de elección de las cosas más convenientes para su propia conservación y la de su familia. El hombre es coparticipe de la creación, por ese motivo debe utilizar justamente de los bienes. El derecho natural primero del hombre es el de casarse por medio del sacramento del matrimonio y tener descendencia. Dos una sola carne, nos enseña el magisterio pontificio. El varón, como padre de familia debe proveer el sustento. El hombre con su inteligencia y fuerza corporal (trabajo) dignifica su persona y a su familia. Por esta razón, no se puede colectivizar la propiedad porque dañaría la dignidad de la persona y su herencia (prolongación de la personalidad del padre). El hombre no es un instrumento mecánico de la sociedad, tampoco un individuo autosuficiente (liberalismo). Los principios son inmutables y la acumulación de las riquezas y de los medios de producción en manos de unos pocos acrecientan las desigualdades sociales y económicas de las clases sociales; razón por la cual, sustentados en la teoría plusvalía, el socialismo veía como única metodología de combate para eliminar las injusticias sociales, lalucha de clases (tesis-antítesis-=síntesis). Enfrentamiento entre capital y trabajo.



El Estado es el ordenamiento jurídico de la nación. Es un ente artificial creado por el hombre debido a su naturaleza social conforme a las enseñanzas de la divina sabiduría. Su función es la de velar por la prosperidad y el bien común de los pueblos. Está constituido por una clase gobernante que ejerce la administración del mismo, procurando la recta ordenación de las familias, la justicia social, distributiva y conmutativa, la caridad política, haciendo respetar los derechos especialmente de los pobres y débiles para que orgánicamente e institucionalmente se logre alcanzar el bien común de la sociedad. Los gobernados deben obedecer y respetar la autoridad del Estado en tanto que sus derechos y dignidad no se vean afectados.

León XIII en RN, nos propone el modelo del Estado Bienestar. Concepto que es rechazado por el liberalismo y por el socialismo. El liberalismo propugna la mínima intervención del Estado, reduciéndolo únicamente a cuestiones privadas. Por su parte, el socialismo atribuye al Estado el control absoluto de la vida de los ciudadanos.

 

  1. Los derechos sociales del trabajador.

El Estado debe tutelar los bienes externos y de los derechos de sus ciudadanos. No sólo de los bienes materiales sino también de los espirituales porque no sólo de pan vive el hombre. Pero no puede expropiar lo que es legítimamente adquirido por sus súbditos. El salario justo por el libre consentimiento es otro de los derechos que la RN nos menciona. El salario debe cubrir todas las necesidades básicas tanto personales como necesarias para los diversos usos de la vida. A través del ahorro, el hombre adquiere la propiedad privada. El derecho de propiedad es inviolable. El Estado no puede absorberla por la dureza de los impuestos. La tierra producida es el trabajo del hombre y el fundamento de la propiedad; por la misma el hombre se arraiga a un lugar cultivando la virtud de patriotismo.

El derecho de asociación es un derecho natural de los obreros. La finalidad de estas asociaciones debe ser la de proteger los intereses de los obreros frente a las injusticias sufridas y aspirar a una prudente solicitud por el bien común. La naturaleza social de los hombres los lleva a adoptar este tipo de organización para satisfacer su vocación de perfección. La moderación y la disciplina deben ser pilares en el funcionamiento de estas asociaciones para lograr un justo acuerdo y la unanimidad de voluntades en la acción. Los intereses de las partes deben ser armónicamente fusionados. Los sindicatos también deben velar por la salud espiritual de sus miembros. Estas asociaciones obreras han sido instituidas para garantizar los derechos naturales de sus afiliados y no para someterlos.

La huelga es un derecho que tienen los trabajadores para hacer valer sus derechos y sus justas pretensiones. Pero esta metodología no puede ser sino una opción extrema; antes se debe agotar todos los medios de conciliación y entendimiento posibles. La decisión de lanzarse a la huelga debe estar aprobada por el sindicato. La huelga es un derecho que tiene sus limitaciones. Antes de lanzarse a esta potestad, los dirigentes gremiales deben tener presente algunas consideraciones como por ejemplo: si el objetivo y el bien que buscan es justo y de ser así, si será posible que obtengan el resultado esperado sin provocar mayores males que el bien anhelado. Como el bien común priva sobre el de los particulares, la huelga de los gremios de servicios públicos; al igual que los miembros de las FF.SS. y FF.AA. es considera ilícita. Los obreros deben evitar todo acto de violencia y vandalismo con particulares y bienes materiales.

El magisterio de León XIII, aborda la cuestión obrera en su total dimensión enalteciendo y defendiendo la dignidad del trabajador. El liberalismo rechaza la intervención del estado como garante del bien común, el salario se debe ajustar a la ley de oferta y demanda. En cambio el socialismo pretende solucionar el problema social con la colectivización de la propiedad privada. En síntesis se puede concluir que León XIII no está cerca de ninguna postura sino que redimensiona la cuestión obrera a partir de, por y para Cristo.

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[1]No debe interpretarse esta acepción de democracia cristiana con la Filosofía del Humanismo Integral de Jacques Maritain que años más tarde va ser el cimiento de la filosofía política de la actual democracia cristiana. Maritain era un filosofó aristotélico-tomista francés que intenta sacar la concepción filosófica de Santo Tomás de los calustros cerrados (tomismo académico importado diría más adelante Methol Ferré) para buscar la conciliación con las filosofías modernas desarrolladas a partir de Descartes , en el Siglo XVII. Se interesó en razonar y pensar sobre la acción y el obrar humano, tanto en cuanto a conducta personal, como a la participación de la convivencia social fundado en una visión personalista que afirma la dignidad y los derechos irrevocables del ser humano como condición primera de una estructura social en que imperen la justicia y la libertad (posición contraria a la organización corporativista de los regímenes políticos de Franco, Olivera Salazar, Mussolini, etc.) centrándose en el problema urgente de la reconstrucción de la democracia devastada por la Guerra intentado dejar las bases sólida para la convivencia democrática indispensable como punto de partida de la NUEVA CRISTIANDAD, concepción a la que jamás renunció. Esto da el estamento político a la democracia cristiana actual surgida en la post-guerra mundial, intentando pensar una modernidad construida desde categorías católicas, con la inserción de la revolución científica y social como derivación de la Revolución Industrial en la realidad continental Europea.

 





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