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La mente de Cristo
¿Cuál es esa forma en la que Cristo piensa? ¿Y cómo es que podemos nosotros adoptar su mente?


Por: Maleni Grider | Fuente: www.somosrc.mx



“¿Quién ha conocido la forma de pensar del Señor y puede aconsejarle? Y precisamente nosotros tenemos la forma de pensar de Cristo.”
1 Corintios 2:16

 

La Biblia dice que quienes creemos en Jesucristo somos nuevas criaturas y tenemos la forma de pensar de Cristo, en otra traducción: “nosotros tenemos la mente de Cristo”. Pero ¿qué significa esto? ¿Cuál es esa forma en la que Cristo piensa? ¿Y cómo es que podemos nosotros adoptar su mente?

Para poder controlar nuestra voluntad y nuestras emociones, es necesario que tengamos la mente de Cristo, de otro modo nuestras emociones tendrán la supremacía y debilitarán nuestra voluntad. Después de todo, Dios nos creó a su imagen y semejanza. Nos dio una mente. La mente humana es poderosa, pero aun así nuestras emociones pueden llegar a dominarnos.

En cambio, si tenemos la mente de Cristo, también tendremos la capacidad de someter nuestro cuerpo y emociones a nuestro espíritu. Los resultados de este dominio darán grandes frutos en nuestra vida y abrirán la posibilidad de que Dios derrame sobre nosotros todas sus bondades.



La mente de Cristo está llena de fortaleza, es poderosa. La mente de Cristo está llena de sabiduría, porque está influida por el Espíritu Santo. Jesús es Dios, sin embargo, caminó en esta tierra como hombre, y fue sólo por el bautismo del Espíritu Santo que tuvo completo dominio sobre su cuerpo, pudo enfrentar a sus detractores, llevar a cabo su misión redentora, y cumplir así la voluntad del Padre, en completa santidad.

Jesús nutrió siempre su mente con la Escritura, conocía la Palabra de Dios, Él era el Verbo encarnado. Su mente estaba nutrida con las profecías, estatutos y promesas del Creador. Por ello, su mente siempre se mantuvo enfocada, sin pecado, buscando la voluntad del Padre y trabajando para el Reino de Dios. Sabiendo que Dios es todopoderoso, santo y eterno, mantuvo su mirada y su confianza en Él.

Cristo tuvo siempre una actitud de servicio, en vez de una actitud egoísta. Asimismo, mantuvo siempre una actitud de perdón, con la cual desechó toda ofensa y liberó a toda persona oprimida por el diablo. Jesús sabía que el diablo es mentiroso, por lo tanto, nosotros tampoco debemos creer la mentira que proviene del temor de pecado, enfermedad y muerte.

El Señor, desde que nació en un pesebre, siempre conservó la humildad. La soberbia nunca estuvo en su corazón, porque un corazón soberbio no agrada a Dios. El pecado de orgullo es el origen de todo pecado. Es el pecado de rebeldía que condenó a Luzbel y lo echó fuera de la presencia de Dios. La mente de Cristo es lo opuesto a la mente del diablo, cruel y orgulloso. Jesús eligió la humildad y siempre fue compasivo.

La mente de Cristo conoce lo que Dios espera de nosotros, su propósito en nuestra vida. La mente unida al Espíritu Santo produce la visión del Reino de Dios. Sólo podemos tener dominio cuando creemos en el poder y la autoridad de la Palabra de Dios y la usamos contra toda tentación o potestad del mal.



Tener la mente de Cristo significa renunciar a nuestra propia manera de ver las cosas para adoptar la forma de pensar del Salvador. Reconocer que las leyes del mundo fueron establecidas por Dios, y que la ciencia nunca ha creado ningún orden, sino que sólo ha descubierto el orden que Dios propuso, es una forma de pensar como Cristo. Someternos a los mandamientos del Señor y obedecerlos es la manera más exacta de pensar como Jesús pensaba. La mente de Cristo siempre quiso ser obediente a la voluntad de su Padre.

Para tener la mente de Cristo es necesario morir a nosotros mismos.





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