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Homilia del 10 de Agosto 2018

El que me sirve será honrado por mi Padre
Cada quien dé de corazón pues Dios ama al que da con alegría


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Lorenzo, diácono y mártir.

II Corintios 9, 6-10: “Dios ama al que da con alegría”

Salmo 111: “Dichoso el hombre honrado que se compadece y presta”

San Juan 12, 24-26: “El que me sirve será honrado por mi Padre”

 



Hoy celebramos un gran santo en nuestra Iglesia: San Lorenzo, diácono y mártir. Las lecturas están encaminadas a una reflexión sobre el servicio, diaconía, no sólo de los nombrados y ordenados diáconos, sino de toda la Iglesia y de todo discípulo de Jesús que se tiene que transformar en servidor. San Lorenzo fue en su tiempo el más importante de los diáconos en Roma y tenía a su cuidado la economía de la Iglesia.

Cuando los jueces y soldados de Valeriano le exigen que presente la riqueza de la Iglesia, Lorenzo presenta una multitud de pobres, lisiados, enfermos, viudas y despreciados, diciendo: “¡Éste es el más grande tesoro de la Iglesia!” Ese amor a los pobres y pequeños provocó su martirio. El Concilio Vaticano II y ahora con mucha insistencia el Papa Francisco, nos han lanzado a redescubrir esta dimensión diaconal y de servicio de toda la Iglesia. Se reinstituido el diaconado permanente que puede ser conferido a hombres casados que en muchas partes de nuestra patria prestan un servicio desinteresado y valioso a sus comunidades.

Con el sacramento del orden y del matrimonio, encuentran una dimensión muy rica en los diferentes espacios de la Iglesia, pero no es una tarea que se les encomiende sólo a ellos y que con eso quede satisfecha esta exigencia. Todos tenemos que ser servidores, todos tenemos que ser diáconos, no en el sentido de la ordenación sino en el sentido más profundo al que nos invita Jesús con su ejemplo y con la tarea que nos encomienda. El grano de trigo que no muere queda infecundo, el cristiano que no “sirve”, queda infecundo. En nuestro mundo de tantas exigencias y de tantos autoritarismos, Cristo y sus seguidores tienen una palabra que puede cambiar profundamente el camino de los pueblos: no ejercer con prepotencia e injusticia la autoridad, sino encarnar el servicio de Jesús.

Ya San Pablo les exhortaba a los Corintios sobre el modo cómo debían servir y dar, y la generosidad en nuestro servicio. “El que poco siembra, poco cosecha… Cada quien dé de corazón pues Dios ama al que da con alegría”. Pidamos en este día por nuestros diáconos, apoyémoslos con nuestro cariño, pero también entendemos que el servicio nos toca a todos y nos hace crecer a todos.

 







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