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El Diezmo
El diezmo es la manera de contribuir con la Iglesia.


Por: Javier Ordovàs | Fuente: Catholic.Net



Como un pastor protestante concluye que el diezmo fue solamente para el pueblo de Israel.

 

“El diezmo pertenece a la ley que Dios le dio al pueblo de Israel. La Iglesia no es la nación de Israel”.

 

Como otros muchos pastores protestantes, el Pastor Nicolás García, analizando con profundidad y coherencia la Biblia llega a conclusiones católicas. Este es el resumen de su argumentación en lo que se refiere al diezmo:



El pueblo de Israel debe cumplir su ley y la Iglesia cumple la Nueva Ley. El pueblo de Israel obedece a las leyes del Antiguo Testamento y la Iglesia se edifica sobre el Nuevo Testamento.

 

Algunas iglesias, para justificar el diezmo actual,  buscan entonces el fundamento de que el diezmo es “anterior a ley” en los siguientes pasajes bíblicos:

 

Gen 14: Abraham da diezmo a Melquisedec. Olvidan el contexto en el Abraham da ese diezmo del resultado del “botín de guerra” que obtuvo; ni antes, ni después, ni en ningún otro pasaje se menciona que Abraham diese diezmos. Es un hecho aislado, resultado de una situación excepcional, de la victoria de una guerra.



Gen 28:20-22: Jacob le propone a Dios darle el diezmo, si le bendice y le guarda y le da prosperidad. No sabemos si Dios aceptó su propuesta, ni sabemos si Jacob la cumplió, ni en ningún otro pasaje se habla de que Jacob diese diezmo.  Hay que tener en cuenta, también ese contexto, antes de aceparlo como ley universal.

Luego, los pasajes “anteriores a la Ley” no pueden ser  concluyentes.

 

Entre los pasajes de la Biblia que establecen el diezmo para el pueblo de Israel, el preferido por los “defensores” del diezmo actual, está

Mal 3:8:10:”…con vuestros diezmos, la nación entera me defrauda…” Pero, una vez más, olvidan su contexto: Dios está hablando a la nación de Israel.

 

El diezmo era el alimento para los huérfanos, las viudas y los levitas.

 

Como enseña el Deut 14:22-29 se trataba del diezmo de alimento,  de los frutos de la tierra y del ganado (nunca fue dinero)

El que no tenía tierra o ganado no tenía que diezmar.

El diezmo anual era para que todo el pueblo lo emplease en una gran fiesta de agradecimiento a Dios, no solamente para los levitas, los huérfanos y las viudas. 

El diezmo de cada tres años, sí que era, para los huérfanos, viudas y levitas.

Cada siete años, no se recogían diezmos porque no se cultivaba la tierra.

 

En el Deuteronomio se especifica que “sólo los levitas podían cobrar diezmos”.

Tanto es así que  los judíos actualmente no cobran diezmos porque no pueden probar quienes son los descendientes de levitas. ¿Qué pastor puede asegurar que desciende de la tribu de Leví?

En la Iglesia de los primeros cristianos cada uno aportaba según le dictaba su generosidad y sus posibilidades.

1 Cor 16:1-3: “…cada uno de vosotros guarde en su casa lo que haya podido…”

Era para ofrenda de los santos (que no eran los apóstoles, sino todos los cristianos y, concretamente, los de Jerusalén que estaban pasando hambre).

2 Cor 8:1-12; “…según las posibilidades de cada uno, a decisión de la voluntad…”

2 Cor 9:7-8.: “que cada uno de, conforme a lo que resuelva su corazón”

 

Por otro lado, los pastores que se acogen a la Ley para el diezmo, olvidan otras múltiples exigencias y preceptos de la Ley: no tomar mariscos, apedrear al hijo rebelde y contumaz, circuncisión, guardar el sábado, no comer sangre… Lev 11:9-23. Deut 21:18-21.

 

No tiene sentido exigir el cumplimento de determinados preceptos de la antigua ley y olvidar otros.

 

El pastor concluye que es correcto dar el diezmo, o lo que se quiera dar a la Iglesia, pero lo que  no es correcto  es “exigirlo”.

Este tema, entre otros, le llevó al pastor Nicolás García a abandonar la iglesia evangélica.

 

Aprovechamos para recordar al lector la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la obligación de ayudar a la Iglesia, n.2043.

El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia.

La Iglesia enseña la doctrina Paulina sobre la obligación de los fieles de contribuir generosamente con las necesidades de la Iglesia, cada uno según sus posibilidades, pero la manera en que lo hacen no está definida por la ley.  La medida es el amor y la capacidad de cada uno.





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