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La “salud reproductiva”: nueva propaganda antivida de la IPPF y sus aliados
La IPPF comienza a comercializar sus metas en pro del control demográfico y de la eugenesia bajo el disfraz seductor de su falsa “preocupación” por la “salud” de las mujeres


Por: Sylvia Jiménez y Magaly Llaguno | Fuente: Catholic.net



De “pro-choice” a “pro salud”

Hace unos años, la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés) organizó una nueva campaña y una nueva estrategia de relaciones públicas para intentar mejorar la imagen extremista que se tenía de ella y que estaba relacionada con su lenguaje “a favor de la libre elección” (en inglés: “pro-choice”), que significa estar a favor del aborto. Para lograr que su imagen fuese más aceptable, la IPPF comenzó a comercializar sus metas en pro del control demográfico y de la eugenesia bajo el disfraz seductor de su falsa “preocupación” por la “salud” de las mujeres. En vez de llamarse “pro-choice”, ahora prefiere llamarse “pro salud”.

¿Por qué la IPPF ha dado este cambio de lenguaje, cuando su jerigonza “pro-choice” le ha proporcionado tanto éxito en Estados Unidos? Para contestar a esta pregunta necesitamos conocer el plan mundial que tiene la IPPF para controlar la población, especialmente las poblaciones que esta organización considera “menos deseables”, como las minorías, los pobres y los que tienen menos formación académica.

La IPPF y sus asociaciones miembros siguen el camino trazado por su fundadora, Margaret Sanger, una mujer que estaba a favor de la eugenesia según la ideología de Adolf Hitler. Pero a diferencia de Hitler, Sanger se lanzó por un camino más sutil, pero no menos siniestro, en la ruta hacia la “purificación” racial, creyendo que la gente “inferior” podría fácilmente ser convencida para que aceptara los anticonceptivos y el aborto bajo el disfraz de la “libertad personal”. Uno de los objetivos principales de Sanger fue fomentar “más niños de los aptos; menos de los no aptos” (1). Su torcida ideología se manifestó en toda su plenitud cuando escribió estas terribles palabras: “Lo más misericordioso que una familia numerosa puede hacerle a uno de sus miembros más pequeños es matarlo” (2).


La IPPF ha emulado los planes racistas y eugenésicos de Sanger.
El Obispo James P. Lyke, O.F.M. nos informa: “Yo quisiera saber cuántos de mis hermanos de herencia afro-americana saben....1- que por cada tres bebés negros que nacen, dos son abortados; 2- que unos 400,000 bebés negros son abortados en Estados Unidos cada año; 3) que el 70% de los abortuarios de Paternidad Planificada [la filial de la IPPF en Estados Unidos] están en vecindarios negros o hispanos” (3). Jim Sedlack, director nacional de Stop Planned Parenthood, Inc. (Alto a la IPPF), señala que mientras los negros constituyen el 12% de la población de Estados Unidos, “un estudio realizado por los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) demuestra que el 32% de todos los abortos son practicados a mujeres negras (y de otras minorías) e indica que la práctica del aborto se ha vuelto discriminatoria” (4).

La nueva propaganda del movimiento proaborto se dirige principalmente hacia las naciones del tercer mundo, donde el eufemismo “pro-choice” no ha sido aceptado tan a la ligera como en los países más ricos. ¿Y qué mejor plan que apelar a la necesidad de la gente de poder obtener cuidados médicos adecuados? Los líderes, los legisladores y la gente de cualquier nación quieren hacer todo lo posible para que el cuidado de la salud sea bueno para todos sus ciudadanos. Pero sin un cuidadoso esfuerzo para detectar el mal, los perversos planes de la IPPF y de sus aliados serán aceptados e implementados como si fueran buenos.

De la ingeniería verbal a la ingeniería social

Nunca se debe subestimar el poder del lenguaje. El Dr. Bernard Nathanson, un obstetra provida, que en el pasado fue director del abortuario más grande de Estados Unidos, reconoce el poder de la manipulación del lenguaje. Nathanson advierte que: “La ingeniería del lenguaje siempre precede a la ingeniería social” (5).

Para poder comprender el gran daño que la IPPF y sus aliados están perpetrando en todo el mundo, es esencial examinar cuidadosamente su uso engañoso del lenguaje. Por ejemplo, ¿qué quiere decir el término “reproductiva”? Según el diccionario Webster, “reproducción” significa “el proceso por el cual los animales y las plantas producen nuevos individuos” (6). Parece evidente que una reproducción sana significa la consumación exitosa de este proceso natural. Sin embargo, la IPPF y sus aliados han torcido el significado de las palabras “reproducción sana” a tal grado que en realidad significan exactamente lo opuesto. Para ellos, el término “salud reproductiva” en realidad significa impedir el proceso natural de la reproducción, que tiene lugar desde la concepción hasta el nacimiento. Utilizando el eufemismo “salud reproductiva”, la IPPF y sus aliados promueven la anticoncepción y el aborto, pero ambas cosas son anti naturales y contrarias a la salud.

Otro término engañoso que utilizan la IPPF y sus aliados es la contradicción en términos “aborto seguro”. El aborto nunca es seguro para el indefenso bebé no nacido, ni tampoco lo es para la madre --ya sea desde el punto de vista físico, mental o espiritual.

La “salud reproductiva” en general

Para comprender la ingeniería verbal y social que la IPPF y sus aliados están llevando a cabo, es crucial que examinemos la definición que la Organización Mundial de la Salud (OMS), las Naciones Unidas (ONU) y la IPPF han dado del término “salud reproductiva”. Dicha definición apareció en el documento final, titulado Programa de Acción, de la Conferencia sobre Población y Desarrollo, del Fondo de Población de la ONU (FNUAP o UNFPA, por sus siglas en inglés), que se llevó a cabo en El Cairo en 1994. La definición dice así:

La salud reproductiva es un estado de completo bienestar físico, mental y social en todo lo referente al sistema reproductor, así como a sus funciones y procesos --y no la mera ausencia de enfermedad o defecto. Por lo tanto, la salud reproductiva implica que las personas son capaces de tener una vida sexual satisfactoria y segura y que tienen la capacidad de reproducirse y la libertad de elegir si llevar a cabo o no dicha reproducción y cuán a menudo hacerlo. Implícito en esta última condición está el derecho de los hombres y de las mujeres a recibir información acerca de los métodos de planificación familiar, para regular su fertilidad, que no sean contrarios a la ley y que sean aceptables para ellos, así como seguros, eficaces y al alcance de sus posibilidades económicas. También tienen el derecho a tener acceso a dichos métodos. Las mujeres en particular tienen el derecho a recibir servicios apropiados de salud que las hagan capaces de llevar a cabo el embarazo y el parto con seguridad. Estos servicios también deben capacitar a las parejas para que tengan las mejores posibilidades de tener un hijo saludable. En este mismo sentido, el cuidado de la salud reproductiva se refiere a la constelación de métodos, técnicas y servicios que contribuyen a la salud reproductiva y al bienestar, al impedir y resolver los problemas de la salud reproductiva. Esta definición también incluye la salud sexual, cuyo propósito es realzar la vida y las relaciones personales, y no solamente prestar servicios o asesorar en lo referente a la reproducción y a las enfermedades de transmisión sexual (7).

La “salud reproductiva” y el aborto

Ahora bien, la OMS, que es un organismo de la ONU, ha definido la “regulación de la fertilidad”, término claramente utilizado en esta definición de la “salud reproductiva”, de tal forma que incluye la “interrupción de los embarazos no deseados”, lo cual sin duda alguna se refiere al aborto (8). Por consiguiente, entre los métodos de “planificación familiar”, que se incluyen en la definición de la “salud reproductiva”, parece estar implícitamente el aborto.

Además de ello, hay que observar que los principales métodos anticonceptivos que se utilizan hoy para la “planificación familiar” son abortivos, por cuanto a veces hacen imposible la implantación del óvulo ya fecundado, o sea de la nueva vida humana, en el útero de su madre (9). Entre estos métodos se encuentran la píldora anticonceptiva, el Norplant, la Depo-Provera y el dispositivo intrauterino o DIU (10).

Pero ello no es todo. Desde por lo menos el año 1989, la IPPF y otras organizaciones proabortistas han estado preparando el terreno para implementar la estrategia de la “salud reproductiva” para promover el aborto. En octubre de ese año, se llevó a cabo en el Brasil el II Simposio Internacional Christopher Tietze titulado “La Salud de las Mujeres en el Tercer Mundo: El Impacto del Embarazo No Deseado”. En esa reunión participaron 200 ginecólogos, todos ellos tuvieron de anfitrión a la organización proabortista llamada Coalición Internacional para la Salud de las Mujeres o IWHC (International Women’s Health Coalition).

En ese simposio también participaron el Dr. Fred Sai, quien antes de convertirse en aquel entonces en presidente de la IPPF, fue asesor de alto nivel sobre asuntos de población del Banco Mundial; y Janet Nassi, quien también fue asesora del Banco Mundial. Ellos dos planearon la estrategia que luego siguieron la IPPF y sus aliados en las conferencias de la ONU en El Cairo y en Pekín.

Dos de los logros más grandes que el movimiento mundial a favor del aborto obtuvo en la Conferencia de El Cairo fueron la ya citada definición de la “salud reproductiva” (11) y la aceptación de la siguiente declaración, que también se encuentra en el Programa de Acción: “... en aquellos países donde el aborto es legal, éste debe ser seguro” (12).

Obsérvese que la definición de la “salud reproductiva” de El Cairo afirma que las personas tienen “derecho” a recibir información sobre los métodos de “planificación familiar” que “no sean contrarios a la ley”. Es cierto que el Programa de Acción de El Cairo explícitamente prohíbe que el aborto (quirúrgico) sea utilizado como método de “planificación familiar” (cláusula que se logró incluir gracias a los esfuerzos de la Iglesia Católica y del movimiento provida). Sin embargo, dada la mentalidad a favor del aborto de la IPPF, organización que influyó mucho en la Conferencia de El Cairo, y del FNUAP, organismo responsable de dicha conferencia, no es aventurado sospechar que en esta frase de la definición de la “salud reproductiva” y en la otra declaración de que “en aquellos países donde el aborto es legal, éste debe ser seguro”, haya una velada promoción de la legalización del aborto mal llamado “seguro” bajo el ropaje de la “salud reproductiva”.

De hecho, los que promueven el aborto estimulan a los profesionales de la medicina a que desafíen las leyes que limitan el aborto. Para ello, utilizan expresiones como la siguiente: “Donde las leyes sean restrictivas, los médicos podrían prestar sus servicios a un mayor número de mujeres, si conociesen la ley y si la interpretasen lo más ampliamente posible...” (13) Incluso, la IPPF y sus aliados han llegado al extremo de promover abiertamente la transgresión de las leyes como medio para eventualmente lograr cambiarlas: “Las asociaciones de planificación familiar y otras organizaciones no gubernamentales no deben usar la ausencia de la ley o la existencia de una ley desfavorable como excusa para no hacer nada; la acción fuera de la ley, y aún la violación de la ley, es parte del proceso para estimular el cambio” (14).

Precisamente, en febrero de 1994, se estableció la Organización Internacional de Médicos Parlamentarios o IMPO (International Medical Parlamentarians Organization). IMPO promueve este tipo de actividades, estrategias y objetivos a favor del aborto. Para ello usa el camuflaje de la “salud reproductiva” (15).

Pero la cosa no se detiene ahí. Los que promueven vigorosamente el aborto y la anticoncepción bajo el disfraz de la “salud reproductiva” reclutan no sólo a médicos, a otros trabajadores de la salud, a educadores y a legisladores para que promuevan más aún su causa; también intentan engañar y utilizar a cualquiera --en particular, a líderes religiosos-- para obtener credibilidad. El siguiente caso muestra la astucia de los que promueven la “salud reproductiva”.

En 1995, la OMS estableció un programa de “salud reproductiva” llamado “Sección de Familia y de Salud Reproductiva” (16). Bajo la supervisión de su directora, la Dr. Tomris Turmen, la definición de la “salud reproductiva” de la Conferencia de El Cairo quedó establecida. La Dra. Turmen ha confesado abiertamente que “en un ambiente donde la religión se considera importante, lo más conveniente es pedir ayuda a los líderes religiosos para promover la salud reproductiva” (17). Según ella, lo que se necesita es “abordar el asunto correctamente”, para de esa “tener a los líderes religiosos de nuestro lado” (18). Después de visitar a dos sociedades tradicionalmente conservadoras, Malasia y Pakistán, la Dra. Turmen aseveró que “en esos lugares intenté formular otra definición de la salud reproductiva, dije que la salud reproductiva se refería a la calidad de la vida” (19). De esa forma la Dra. Turmen intentó manipular a sus anfitriones para que aceptaran la “salud reproductiva”.

Todo lo anterior implica que el aborto legal y “seguro” es considerado, por la IPPF y sus aliados, un “servicio de salud reproductiva”. La lógica consecuencia de esta descabellada afirmación es terrible: el acceso al aborto, como a cualquier otro “servicio de salud”, es un “derecho humano” fundamental al cual ninguna autoridad --nacional, religiosa o de ninguna otra índole-- puede sustraerse.

De hecho, la IPPF publicó un documento en 1994 que se llama El derecho humano a la planificación familiar (“The Human Right to Family Planning”) (20). Recordemos una vez más que, según la definición de la “salud reproductiva” de la Conferencia de El Cairo, tal parece que los métodos de “planificación familiar” que en ella se hacen referencia incluyen el aborto quirúrgico. Ciertamente, la mal llamada “planificación familiar” incluye también los anticonceptivos y, como también ya señalamos, los principales de éstos son abortivos.

La “salud reproductiva” y la “educación” sexual hedonista
El aborto no es el único mal llamado “servicio” de la “salud reproductiva”. De hecho, aún más fundamental que el aborto, los anticonceptivos y los otros males que esta astuta estrategia promueve, es el método por el cual estos “servicios” son dados a conocer y propagandizados: la “educación” sexual hedonista. En efecto, si la “salud reproductiva” engloba una serie de “servicios” fundamentales de “salud”, es lógico que se tenga que “concienzar” a la gente para que los reconozca como “necesarios”. La “educación” sexual de la IPPF y sus aliados es el vehículo para ello. Incluso esa misma “educación” sexual se convierte en un “derecho”.

Es evidente que la “educación” sexual hedonista está implícita como “derecho” en la definición de la “salud reproductiva”. Recordemos que dicha definición declara lo siguiente: “Implícito en esta última condición está el derecho de los hombres y de las mujeres a recibir información acerca de los métodos de planificación familiar para regular su fertilidad...”

Ahora bien, la IPPF, en armonía con la Conferencia de El Cairo, define la “salud reproductiva” de tal manera que ésta incluye la “educación para una sexualidad responsable y humana, para la anticoncepción segura y apropiada y para los servicios en relación con las enfermedades de transmisión sexual, el embarazo, el parto y el aborto” (21). De manera que la IPPF y el resto del movimiento proaborto mundial están promoviendo, bajo el ropaje de la “salud reproductiva”, la “educación” sexual hedonista, los preservativos, los dañinos anticonceptivos y abortivos --aún para menores de edad (22)-- y el mal llamado aborto legal y “seguro”.

La “salud reproductiva” y el “embarazo no deseado”

Por medio de campañas “educativas”, la IPPF y sus aliados también le lavan el cerebro a la gente --especialmente a las mujeres y a los jóvenes-- para que adquieran una mentalidad que considera la fertilidad, no como un estado saludable de la mujer en edad de concebir hijos, sino como algo indeseable, como si fuese una enfermedad detestable, una plaga de la cual hay que “inmunizarse”. Actitudes como éstas, que caracterizan a la mentalidad anti-vida, se manifiestan en afirmaciones como las siguientes: “Se debe reconocer que los adolescentes a menudo sufren, desde el punto de vista social y de la salud, de problemas sexuales y de salud reproductiva, como el embarazo no deseado...” (23). El ya fallecido Dr. Alan Guttmacher, que fue director en cuestiones de medicina de la Federación de Paternidad Planificada de Estados Unidos (Planned Parenthood Federation of America) o simplemente Paternidad Planificada, filial de la IPPF en ese país, declaró lo siguiente ante el subcomité del Senado estadounidense: “...uno de los problemas sociomédicos más graves que existen hoy...es, desde luego, el embarazo no deseado” (24). El Dr. Carl Tyler, Jr., de los Centros para el Control de las Enfermedades de Estados Unidos o CDC (Centers for Disease Control), y el Dr. Willard Cates Jr. escribieron: “podemos considerar al embarazo no deseado una ‘enfermedad de transmisión sexual’, y al aborto su ‘tratamiento’...podemos calcular que el embarazo no deseado es la segunda enfermedad de transmisión sexual de mayor frecuencia en Estados Unidos...” (25)

Debería ser evidente que el embarazo no deseado no es una enfermedad, por lo menos no lo es del bebito no nacido, en todo caso es una enfermedad de los que no lo desean, especialmente de los que precisamente lo proponen como una enfermedad. ¿Cómo es posible que personas con una preparación académica tan elevada, como las ya citadas, afirmen algo tan erróneo e insolente? La respuesta a esta pregunta es el hecho de que nuestra sociedad contemporánea sufre del terrible mal del relativismo moral, una verdadera bancarrota intelectual. Uno de los principales exponentes de esta catastrófica ideología es el fundador de la ética de situación, Joseph Fletcher. Este autor escribió estas infames palabras: “El embarazo, cuando es deseado, es un proceso saludable; cuando no es deseado es una enfermedad --de hecho, es una enfermedad venérea” (26).

La “salud reproductiva” y una falsa preocupación por la “salud” de las mujeres

La IPPF y sus aliados dicen que defienden el “derecho” de la mujer a “controlar su fertilidad”, sin embargo, lo que de verdad quieren es controlar a la mujer. Para ello, son especialmente astutos a la hora de pedir ayuda a los médicos y a otros miembros del campo de la salud bajo la apariencia de la “compasión” hacia la salud y el bienestar de las mujeres. Las publicaciones como Safe Motherhood Newsletter (“Boletín de maternidad sin riesgos”) de la OMS, “animan” mucho a los médicos, especialmente a los ginecólogos, a que proporcionen “servicios completos de salud reproductiva”.

Uno de los principales diarios de la ciudad de Dallas, en el Estado de Texas, Estados Unidos, informó que en México “el personal médico --bajo presión para cumplir las cuotas del gobierno para reducir el crecimiento demográfico-- están de hecho obligando a las mujeres que vienen a dar a luz a que acepten el DIU o la esterilización después del parto” (27). El artículo afirma lo que la mayoría de los activistas provida ya saben: que la salud y el bienestar de las mujeres no constituyen la preocupación principal de muchos de los mal llamados “proveedores de servicios de salud”. De hecho, el artículo mismo dice que “un informe del FNUAP sobre ocho países arrojó que son pocos los proveedores que examinaron las necesidades de las mujeres en relación a la salud cuando les distribuyeron los anticonceptivos” (28).

La IPPF y sus aliados ejercen presión sobre los líderes de los países donde el aborto es ilegal para que lo legalicen. Esta presión la ejercen con el pretexto de estar “preocupados” por la seguridad de, dicen ellos, los cientos de miles de mujeres que están muriendo a causa del aborto ilegal e inseguro. La muerte de una sola mujer a consecuencia de un aborto clandestino es tan trágica como lo es la de su bebito no nacido. Pero la evidencia demuestra que los proabortistas han proporcionado datos falsos y exageradísimos sobre el número de muertes maternas por aborto ilegal en distintos países (29). Como este tema ya lo hemos abordado en otra publicación nuestra (30), nos limitamos a dar un ejemplo. En Brasil, algunos activistas a favor del aborto indicaron que el diario O Globo reportó en 1988 que cada año morían 400.000 mujeres por aborto clandestino en ese país (31). Sin embargo, según la OMS, el número total de muertes maternas en ese país en 1983 fue de 2.166, de las cuales no más de 371 fueron por aborto (32). Se trata de un factor de exageración de más de 1.000. Además de ello, la IPPF y sus aliados no les prestan atención a los estudios que muestran los devastadores efectos, incluyendo las muertes maternas, del mal llamado aborto legal y “seguro”. Entre los daños físicos, tanto físicos como psicológicos, que el aborto, legal o ilegal, le puede causar a la mujer están además de la muerte: infecciones, laceración o perforación del útero, trauma renal, embolias, trombosis, esterilidad, culpabilidad, angustia, tendencia al suicidio, depresión, etc. Sólo a través de la reconciliación con Dios, del amor de personas comprensivas, y en muchos casos también, de la ayuda profesional, logrará perdonarse a sí misma, mitigar el dolor y lograr la paz (33). Ambas cosas, las exageradas cifras de muertes maternas por aborto ilegal y la falta de interés por las muertes maternas por aborto legal, demuestran que el verdadero interés de estas organizaciones es la legalización del aborto y no la salud de las mujeres. Por ejemplo, Paternidad Planificada (la filial de la IPPF en Estados Unidos) habla mucho de la “necesidad” de tener abortos legales y “seguros”. Sin embargo, se opone a cualquier proyecto de ley para regular la industria del aborto (34).

La IPPF y sus aliados tampoco toman en cuenta los múltiples daños y riesgos que los anticonceptivos les causan a las mujeres, tales como las trombosis, los infartos, la esterilidad y aún la muerte (35).

Si la IPPF está tan preocupada por la salud de las mujeres, ¿entonces por qué les niega la información correcta acerca de los métodos naturales de planificación de la familia, los cuales protegen totalmente la salud femenina? La IPPF y sus aliados promueven incansablemente los anticonceptivos y el aborto en nombre de la “salud reproductiva”, cuando ambos son dañinos para la mujer. Al mismo tiempo, les dan de lado a los métodos naturales de planificación de la familia o imparten información equivocada sobre los mismos, especialmente en lo relativo a su eficacia. La IPPF alega falsamente que la abstinencia periódica “ofrece poca seguridad”, que podría causar “problemas psicológicos”, que “es mucho menos eficiente que otros métodos de planificación familiar” y que “su tasa de falla es muy elevada” (36).

Sin embargo, los estudios han demostrado que los métodos naturales de planificación de la familia nunca ponen en peligro la salud de la mujer. Incluso, estos métodos también sirven para promover en la mujer un mejor autoconocimiento de su cuerpo y de su fertilidad. Debido a ello, las mujeres que practican la planificación natural de la familia pueden detectar posibles problemas ginecológicos y de esa forma recibir una diagnosis y un tratamiento a tiempo. Los distintos métodos de planificación natural de la familia son completamente inocuos, no así los métodos anticonceptivos, como ya hemos señalado (37).

La “salud reproductiva” en América Latina

En América Latina, los promotores del aborto y de la anticoncepción han presentado proyectos de ley y programas de control demográfico bajo el disfraz de la “salud reproductiva”. Estas actividades constituyen el terreno adecuado para la legalización del aborto. La promoción de anticonceptivos abortivos, llamados eufemísticamente “anticoncepción de emergencia” o “anticoncepción post coito”, forman parte de este camino hacia la legalización del aborto.

La IPPF y sus aliados están promoviendo la “anticoncepción de emergencia” aún en países, como Colombia y México, donde el aborto es ilegal (38). En el caso de México, el Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar aprobado por el gobierno, fue preparado con “la participación activa” de organizaciones como MEXFAM (que es la filial de la IPPF en México), el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) --que es un grupo de feministas -- y la Iniciativa para la Maternidad sin Riesgos de México.

Un programa similar al de México, que fue aprobado en Argentina, anuncia sin ambages la disponibilidad de los “anticonceptivos post coitales” como parte del “arsenal anticonceptivo” (39). Sorprende el hecho de que este programa de control demográfico argentino sea parte del Plan Social del Presidente Menem, quien se ha declarado a favor de la vida. El programa es financiado por medio de un préstamo de $400 millones por parte del Banco Mundial (40). Hay que tener en cuenta que Argentina también es un país cuyas leyes prohíben el aborto.

El Perú, otro país donde el aborto es ilegal, también ha sido objeto de programas de control demográfico bajo el sofisma de la “salud reproductiva”. La sucursal de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en ese país les suministró una enorme cantidad de dinero a dos grupos feministas anti-vida. El objetivo de este financiamiento es la promoción de un proyecto llamado “ReproSalud”, que promueve a su vez la mal llamada “salud reproductiva”. Una publicación proabortista informó que estas dos organizaciones recibieron $19.626.000 para el ya mencionado proyecto (no, querido lector, la cantidad que hemos proporcionado no es el resultado de un error, la cifra es la correcta) (41).

Pero Colombia, México, Argentina y el Perú no son los únicos países latinoamericanos bajo la amenaza de proyectos disfrazados de “salud reproductiva”. En la Cumbre de Presidentes que se celebró en Miami del 9 al 11 de diciembre de 1995, los participantes firmaron un acuerdo que les abre las puertas a todos estos proyectos anti-vida. Los presidentes latinoamericanos acordaron “respaldar un conjunto básico de servicios de salud pública, clínica y preventiva, en concordancia con las recomendaciones de la OMS, la Organización Panamericana de la Salud, el Banco Mundial y el Programa de Acción acordado en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de 1994 [la Conferencia de El Cairo]. El conjunto de servicios de salud estará dirigido a... las intervenciones en materia de salud materna y reproductiva, incluyendo...la información y los servicios sobre planificación familiar” (42). Los presidentes también acordaron: “Desarrollar o actualizar los planes de acción o los programas de nuestros países...para lograr...las metas de la salud reproductiva y asegurar que exista un acceso universal y sin discriminación a los servicios básicos...” (43)

Recordemos que la definición de la “salud reproductiva” de la Conferencia de El Cairo también afirmaba que ésta “implica que las personas [no dice los matrimonios] son capaces de tener una vida sexual satisfactoria y segura y que tienen la capacidad de reproducirse y la libertad de elegir si llevar a cabo o no dicha reproducción y cuán a menudo hacerlo”. De ello se sigue que el falso “derecho” de los adolescentes a usar anticonceptivos está incluido en el plan firmado por los presidentes latinoamericanos. ¿Sabían los presidentes latinoamericanos que son provida lo que estaban firmando? Probablemente no, y he ahí precisamente el problema: la capacidad de engañar que tienen la IPPF y sus aliados por medio de la estrategia de la “salud reproductiva”.

Conclusión

Hemos visto que la “salud reproductiva” es un verdadero engaño. La “salud reproductiva”, tal y como la entienden la IPPF y sus aliados, no es ninguna de las dos cosas que pretende ser, ni es “salud”, ni es “reproductiva”, sino todo lo contrario. La verdadera “salud de la reproducción” promueve los métodos naturales de planificación de la familia cuando los esposos tienen motivos serios para espaciar los nacimientos de sus hijos, así como una auténtica atención ginecológica y, en el caso del embarazo, una auténtica atención pre-natal y post-parto. En vez de tirar a la basura tanto dinero gastado en literatura, personal y métodos anticonceptivos, de esterilización y de aborto, se deberían invertir esos fondos en la verdadera salud de la reproducción y en la educación para ella. Esperamos que este informe sirva de información y alerta para todos nuestros hermanos en América Latina.

1. Margaret Sanger, The Birth Control Review, mayo de 1919.

2. Sanger, Women and the New Race (Nueva York: Brentano’s, 1920), 67.

3. “Calls on Wattleton To Denounce High Number of Abortions Performed on Blacks,” The Wanderer, 29 de noviembre de 1990.

4. Ibíd.

5. Brian Clowes, Ph.D., Pro-Life Activist’s Encyclopedia (Stafford, VA, EE.UU.: American Life League, Inc., 1993), 15-4.

6. Webster’s New World Compact School and Office Dictionary, 3rd Ed., Simon & Shuster, 1989, p. 365.

7. United Nations International Conference on Population and Development Programme of Action, Cairo, 23 September 1994, paragraph, 7.1.

8. Austin Ruse, Friday Fax vol. 1, no. 49, 17 de septiembre de 1998, Nueva York: Catholic Family and Human Rights Institute. www.c-fam.org.

9. D. Mishell, “Current Status of Oral Contraceptive Steroids,” Clinical Obstetrics and Gynecology 19 (enero de 1976): 746-747.

10. Ibíd.

11. En el documento de la IPPF titulado Moving Forward After Cairo and Beijing, publicado en 1996, la IPPF afirma sin lugar a dudas que ella apoya la definición de la “salud reproductiva” del Programa de Acción de la Conferencia de El Cairo. He aquí la afirmación de la IPPF, que aparece en la página 8 de su ya mencionado documento: “Los gobiernos acordaron que la implementación del Programa de Acción de El Cairo debería ser guiada por una amplia definición de la salud reproductiva, que incluye la planificación familiar y la salud sexual. La IPPF respalda esa definición.”

12. El documento de la IPPF, citado en la nota anterior, dice en la página 10: “Una elevada proporción de la mortalidad materna es el resultado del aborto realizado en condiciones de riesgo [= inseguro], el cual, como declara el Programa de Acción de la ICPD [las siglas en inglés para referirse a la Conferencia de El Cairo], debe recibir la urgente atención que se le debe a un problema serio de salud pública. Además de la tragedia personal que constituye la muerte de una mujer, las muertes maternas tienen consecuencias muy serias para las familias, debido al papel tan importante de la madre en relación a la salud y el bienestar de sus hijos... Ambos documentos, el de El Cairo y el de Pekín, enfatizan que la mayoría de las muertes, de los problemas de salud y de las lesiones que resultan de los abortos realizados en condiciones de riesgo, se pueden impedir por medio de un mejor acceso, por parte de todas las mujeres (incluyendo las adolescentes), a servicios adecuados del cuidado de la salud...”

13. “Women’s Health in the Third World,” International Journal of Gynecology & Obstetrics, p. 5.

14. The Human Right to Family Planning, IPPF, párrafo 46, 1984.

15. IMPO Information, Issue 2, octubre de 1994.

16. Interview with Dr. Tomris Turmen, Interactive Information Services (IIS), Report # 21, 11 de marzo de 1996.

17. Ibíd.

18. Ibíd.

19. Ibíd.

20. Véase la nota 14.

21. Fred Sai, M.D., M.P.H. y Janet Nassim, M.A., International Journal of Gynecology and Obstetrics, 1989, Suplemento 3: p. 103, International Federation of Gynecology and Obstetrics.

22. Véase el paréntesis hacia el final de la nota 12.

23. IPPF Medical Bulletin, vol. 27, no. 3, junio de 1993, p. 4, art. 10.

24. Alan Guttmacher, M.D., Hearings on Competitive Problems in the Drug Industry, by the Senate Subcommittee on Monopoly -- Select Committee on Small Business, Part 16, p. 6,572, 25 de febrero de 1970.

25. Willard Cates, Jr. M.D., y Carl Tyler, Jr. M.D. (el principal autor de este ensayo), “Legal Abortion in the United States: Its Effects on the Health of Women,” en Abortion in the U.S., p. 17.

26. Joseph Fletcher, Humanhood: Essays in Biomedical Ethics, 1979, p. 138.

27. “Birth Control by Force,” Dallas Morning News, 3 de enero de 1996, 5C y 7C.

28. Ibíd.

29. Carta del Dr. Alana D. López, de la OMS, 18 de abril de 1988; D. Kurchoff, Deutsches Arzblatt, vol. 69, no. 27, 26 de octubre de 1972; Anuario Estatistico Portuguese, tablas 11, 16 y 111; John Cavanaugh-O’Keefe y Kathleen Essex, “Protecting Life in Brazil,” HLI Reports (septiembre de 1989): 1.

30. Consúltese Adolfo J. Castañeda, ¡Vale la pena vivir! Hay alternativas al aborto (Miami: Vida Humana Internacional y Florida Center for Peace, 1997), 48-57.

31. Agencia de prensa EFE, 8 de agosto de 1988.

32. Carta del Dr. Alan D. López, de la OMS, 18 de abril de 1988.

33. Hemos tratado ampliamente y con total documentación este tema en Adolfo J. Castañeda, ¡Vale la pena vivir! Hay alternativas al aborto (Miami: Vida Humana Internacional y Florida Center for Peace, 1997), 48-92.

34. Ibíd., 23.

35. Sobre los riesgos de los anticonceptivos, véase: Javier Marco Bach, “Métodos artificiales de regulación de la fertilidad humana,” Cuadernos de Bioética (abril-junio de 1991): 37; Frances French, “The Connection Between the Pill and AIDS,” Living World (1988); Marge Berer, “Controversia sobre el uso de Depo-Provera por asiladas en Hong Kong,” WGNRR, Boletín 32 (1990): 10-12; Carol Lynn, “Métodos que requieren atención especializada,” Network en español (octubre de 1994): 19; “FDA Warning,” Los Angeles Times, 28 de mayo de 1991; Journal of the American Medical Association, 8 de diciembre de 1989.

36. Abstinencia periódica como método de planificación familiar, IPPF, 1983.

37. Tenemos una amplia información sobre este tema en nuestro sitio en Internet: www.vidahumana,org.

38. Adolfo J. Castañeda, “La ‘anticoncepción de emergencia’: Nuevo engaño del movimiento anti-vida,” Documentación para la vida y la familia (Miami: Vida Humana Internacional, 1998), completamente documentado y disponible a la venta en las oficinas de Vida Humana Internacional.

39. Padre Juan C. Sanahuja, “¿Salud reproductiva o aborto?,” AICA, documento 351, 22 de noviembre de 1995, www.aica.org.

40. Rita Barros de Sverlik, “Quieren legalizar el aborto en la Argentina,” citando al Diario La Nación, 4 de enero de 1996.

41. Women’s Global Network for Reproductive Rights, abril-junio de 1996, boletín 54-31, edición en español.

42. The Miami Herald, 12 de diciembre de 1994. 43. Ibíd.

 





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