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Malestar y salvación
A ti ¿qué te molesta?


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Miles, millones de personas sienten malestar. Porque hace mucho calor o mucho frío. Porque el vecino de arriba pone la música a todo volumen. Porque un familiar no contestó un mensaje urgente de WhatsApp. Porque una muela da señales de poca salud.

La lista de situaciones o hechos que provocan malestar es enorme. Algunas cosas parecen poco importantes, aunque produzcan cierta tristeza. Otras son realmente serias, y no siempre encontramos maneras para solucionarlas.

En muchos casos, deseamos vencer la causa del malestar, encontrar caminos para curar un dolor o superar una situación de injusticia. Pero un muro de dificultades parece negar espacio a la esperanza.

Surge entonces la pregunta: ¿hay que resignarse ante ciertos hechos? ¿Hay que aprender a convivir con malestares que se prolongan en el tiempo? Las respuestas pueden ser muchas. Desde un estoicismo que ayude a resignarse ante lo que es visto como inevitable hasta una actitud rebelde que luche apasionadamente por arreglar las cosas.

Constatamos, sin embargo, que algunos fenómenos que causan malestar no tienen salida. Entre ellos, según dijo un pensador del pasado, esos "dramas" que hasta ahora parecen ineliminables: la muerte y los impuestos...



Existe, sin embargo, una posibilidad de salvación completa ofrecida a todos y capaz de superar hasta las situaciones más dramáticas: la que viene de un Dios omnipotente y bueno, capaz de curar heridas, perdonar pecados, enmendar injusticias, vencer a la muerte.

Solo si existe ese Dios interesado por el ser humano y con poder suficiente para salvarnos del mal y de la muerte será posible encender esperanzas y consolar a los afligidos.

En un mundo donde el malestar domina tantos corazones, donde las lágrimas acompañan momentos puntuales o largos de la propia vida o de la vida de seres queridos, la mirada del corazón hacia Dios abre esperanzas y anima en la lucha.

Si, además, constatamos que ese Dios ya ha intervenido en la historia al enviarnos a su Hijo, y si ese Hijo asumió nuestros males para destruirlos en la Cruz y en la Resurrección, entonces la vida tiene un sentido pleno.

Tras la venida de Cristo al mundo no existe mal que no pueda ser curado: su salvación se ofrece a todos. Por eso tenemos el porqué decisivo para luchar por el bien y confiar en su victoria definitiva.







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