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En el Espíritu del Mundo
Pidamos al Señor nos ilumine para comprender el Amor al Mundo.


Por: Marlene Yañez Bittner | Fuente: Catholic.Net



Vemos personas que luego de luchar incansablemente por obtener cada vez más dinero, ahora se enfocan en el Poder. Comienzan a “trepar” por cargos más altos dentro de sus profesiones y el conformismo parece ser cada vez más inalcanzable; el Poder los sitúa en un puesto privilegiado dentro de la sociedad, la economía o la política.

“En el camino que Jesús nos indica para ir adelante, el servicio es la regla. El más grande es el que sirve, el que es más, está al servicio de los otros” (Papa Francisco)

Este anhelo por destacar, por ser superior al resto y por vanagloriarse, es sin lugar a dudas, una condición normal de nuestra naturaleza humana. Sin embargo debemos como cristianos, saber dominarla. Los mismos discípulos discutieron sobre quién será el más grande entre ellos y Jesús les enseñó que el camino en la vida cristiana es el servicio y la humildad.

“Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el más importante entre ustedes debe portarse como si fuera el último, y el que manda, como si fuera el que sirve.” (Lucas 22,26)

Quien se encuentre esclavo del poder, la ambición, el dinero, la vanidad o el orgullo ha perdido el verdadero camino que nos presenta Jesús, pues ha adquirido el espíritu del mundo y no el de Dios. Esta sed de gloria personal provoca daños a nuestro prójimo y nos aleja del verdadero propósito de nuestras vidas que es el de servir.



El éxito, el poder y el dinero son las tentaciones terrenales. Señala el Papa Francisco que simbolizan al becerro de oro. De acuerdo a la Sagrada Escritura, el Pueblo de Israel estaba en el desierto, donde experimentaba una angustia vital, no tenía agua, ni alimento y esperaba a Moisés que había subido al monte para encontrar al Señor.

Aquellas personas, se construyeron "un ídolo hecho a su medida" y en este sentido el Ppa Francisco advirtió de que: “los ídolos nos prometen libertad pero, en cambio, nos hacen sus esclavos”.

Merecen lástima aquellas personas que luchan todas sus vidas por aumentar sus riquezas y su poder llegando muchas veces a la corrupción. Padres de familia cuya prioridad es el trabajo pues les aporta dinero o sus profesiones porque engrandece su autoestima, dejando de lado a sus seres queridos, peor aún a sus propios hijos.

“La vía indicada por Jesús es el servicio” (Papa Francisco)

“El más grande de vosotros que sea vuestro servidor. Pues el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Mateo 23,12)



No es una crítica al trabajo y a los frutos que se obtienen de éste, sino más bien, no caer en las tentaciones del mundo. Un mundo que nos ofrece riquezas y es fácil enfocarse en ellas. El llamado es a volver al centro. ¿Cuál es nuestro centro? Si es Dios y obedecemos al espíritu de Dios, pues estamos en la senda correcta, pero si nos sentimos inclinados a los placeres del mundo, dejando lo verdaderamente importante en nuestras vidas, entonces conviene darse a la oración con fe y humildad, y pedirle a Jesús la misma fortaleza que Él tuvo para no ser tentado en el desierto.

“Porque todo lo que hay en el mundo, las pasiones carnales, el ansia de las cosas y la arrogancia, no provienen del Padre, sino del mundo.” (1 Juan 2,16)

Quien conoce a Jesús y lo lleva en su corazón jamás quiere apartarse de su camino. Ha encontrado la paz, la alegría y su propósito en la vida. Es una sensación de bienestar verdadero, experimentar una felicidad capaz de proyectarse hacia el prójimo. Pero ¡cuidado! Sentimientos similares se logran con el éxito, el poder y el dinero. Cuando los haz alcanzado, sientes bienestar, no te quieres separar de ellos y los comienzas a atesorar. Luchas por mantenerlos y ahí se centra tu atención, incluso tu devoción.

Pidamos en oración al Señor, que nos ilumine, para comprender que el amor al mundo, es decir al espíritu mundano, es enemigo de Dios.

 





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