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No es lo mismo derecho que capricho
¿Tenemos derecho a todo?


Por: Mónica Muñoz | Fuente: Catholic.net



Estamos viviendo tiempos complicados, conforme avanzan los descubrimientos tecnológicos, se relaja la moral y caemos en situaciones antes inimaginables.  Por ejemplo, los padres de familia ahora tienen que pedir permiso a sus hijos para corregirlos, cuando anteriormente los controlaban sólo con la mirada, y, en casos extremos de rebeldía, aplicaban unas cuantas nalgadas y asunto arreglado, las generaciones anteriores éramos niños correctos y educados y teníamos la certeza de que debíamos dedicarnos a estudiar y trabajar para ser personas de bien en nuestra sociedad, formar una familia y educar a nuestros hijos de la misma manera. 

Recuerdo que las calles eran seguras y conocíamos a todos los de la cuadra o hasta los del pueblo entero, porque habíamos crecido entre las mismas personas o por lo menos pasado gran parte de la vida con ellos.

Por supuesto, el respeto a las personas y a sus propiedades se inculcaba y todos convivíamos en paz. Viene a mi memoria un recuerdo: mi papá dejaba su coche bajo un árbol, que colindaba con la barda del vecino.  Una tarde, una botella de vidrio salió volando del otro lado, cayendo exactamente en el parabrisas del auto.  El padre de mis vecinitos se dio cuenta e inmediatamente acudió con mi papá para que los niños ofrecieran disculpas y pagaran el desperfecto. En su casa, les esperaba un buen castigo.  Los dos son ahora padres de familia y estoy segura que nunca olvidaron la lección que les dio su papá.

Pero, de pronto, el mundo cambió a velocidad vertiginosa; de unos años para acá, de pronto ya no se puede hablar libremente, a pesar de que los que atacan las ideas “tradicionales” enarbolan la bandera de la libertad.  Y digo “tradicionales”, un vocablo que también se ha tachado con un sinfín de epítetos negativos, siendo que la tradición es lo que da identidad a las naciones y las hace mantener su historia, su lugar y arraigo en el mundo.

Con tristeza veo que nuestros jóvenes son arrastrados por las deplorables costumbres que la modernidad les siembra, ahora creen que tienen derecho a todo sin trabajar, que esforzarse es inútil, que el sacrificio es un mal y no algo necesario para alcanzar sus metas, y lo peor, están siendo adoctrinados para deshacerse de la vida, acabando con su propia sangre, ya sea de un niño engendrado por ellos o de un anciano que les ha dado el ser y todos sus bienes.



¿Qué pasa con nosotros que tan tibiamente vemos tanta desgracia y ya no nos inmutamos?, ¿por qué hemos permitido que los valores que sostenían nuestra sociedad y familias hayan sido desechados? Ahora todo es regido por el mero placer, no ya por la conciencia ni la razón, si no me siento a gusto, si los demás no actúan como yo quiero, entonces les hago la guerra y los insulto.  En nombre de los derechos, se cometen muchas injusticias, ya no se tiene claridad respecto a esos términos, ahora resulta que todo esté permitido porque es el derecho del trasgresor, ignorando que para ejercer un derecho también se debe cumplir con obligaciones. 

El primer derecho inalienable que tiene todo ser humano por el simple hecho serlo, es a la vida, y aún ese elemental y obvio, se está poniendo en entredicho, los legisladores que tienen la grave tarea de hacer leyes que protejan a sus representados,  son los primeros que pretenden atentar contra lo más sagrado, porque el hombre puede hacer leyes, pero son imperfectas, porque siempre alguien saldrá dañado.

Sólo Dios puede hacer leyes perfectas y a la medida para todo ser humano, por eso la vida, que es hechura de Dios, nadie puede quitarla, sólo Él es dueño de ella y aquél que atente contra la obra maestra de Dios, la vida humana, cargará una culpa enorme, porque ha querido usurpar el lugar del Creador.

Es urgente que retomemos el camino del bien, que regresemos a Dios y a sus mandamientos, no nos extrañe que el mundo esté de cabeza, todo lo que se desvía de la voluntad divina termina mal, entendamos que la vida es sagrada y nadie puede quitarla. No confundamos derecho con capricho, respetemos a los demás pero también defendamos lo correcto, no desprotejamos a los más indefensos porque de sus vidas también se nos pedirá cuentas.

 







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