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Homilia del 8 de Noviembre 2018

El que busca al Señor será dichoso
La nueva dinámica del amor de Dios es buscar al pecador cuando todavía no se ha arrepentido


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Filipenses 3, 3-8: “Por amor a Cristo he renunciado a todo, y todo lo considero como basura, con tal de ganar a Cristo”

Salmo 104: “El que busca al Señor será dichoso”

San Lucas 15, 1-10: “Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte”

 

Todo cambia con Jesús. Ya en los pasajes anteriores había roto con esa ideología que expresaba que la riqueza y la salud eran señal de justicia, y había dejado a los escribas y fariseos lejos de sus seguridades. Pero también los discípulos tienen que cambiar su mentalidad y buscar en su interior la presencia de Dios y no sustentar sus seguridades en ritos, justicias aparentes o alabanzas ajenas. Hoy también cambia la imagen de Dios y su relación con los pecadores. En todo el Antiguo Testamento encontramos que Dios es justo y entendemos perfectamente que a graves pecados se sumen también graves castigos. Ya es un gran paso cuando descubrimos que hay conversiones y arrepentimientos que logran apaciguar la “ira de Dios”, y contemplamos sorprendidos como Dios ama más allá de la bondad y justicia de la persona que se ha arrepentido.



Pero lo que ahora plantea Jesús se sale de toda la lógica y de la dinámica que plateaba que habría misericordia sólo cuando hubiera verdadera conversión, y aún así, el pecador se hacía merecedor de un castigo acorde con su pecado. La nueva imagen que Jesús nos ofrece de Dios causa grave escándalo: Jesús come, convive y comparte con los pecadores. ¿Cómo entenderlo si Él es el justo, el puro y el que no tiene pecado? Las críticas de sus adversarios tienen razones fuertes y quizás si nos ponemos en su lugar, también nosotros estaríamos criticando.

La nueva dinámica del amor de Dios es buscar al pecador cuando todavía no se ha arrepentido, ofrecer su amor aunque se haya alejado. El célebre capítulo 15 de San Lucas nos ofrece esta nueva imagen y comienza con estas dos bellas parábolas que se han hecho clásicas al anunciar el perdón: la oveja perdida y la dracma perdida. Lejos han quedado las imágenes aterradoras de un Dios castigador para dar lugar a la dulce imagen de un pastor que recorre barrancas y montañas para encontrar a aquella tozuda oveja que se ha alejado del redil.

La imagen de una mujer que barre la casa hasta dar con la moneda que se ha extraviado, añade esta sensibilidad femenina de quien cuida de todo lo que le ha sido dado. Y en ambas está fuertemente subrayada la alegría de la conversión y del encuentro. Más que castigo es reconciliación, más que condena es búsqueda, más que temor  al dios iracundo, es el dolor por no corresponder a un amor fiel. De ahí brota la plena alegría. ¿Seremos nosotros capaces de convertirnos o nos quedaremos en temores, leyes y acusaciones en contra de Jesús

 

 



 





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