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Entre Ser Prudente y Cobarde
La sana diplomacia que nos pide no solo la palabra apropiada, sino también el momento adecuado.


Por: Juan De Dios Castillo | Fuente: Catholic.Net



En algunos momentos de nuestra vida, nos encontraremos con la disyuntiva de hablar o callar, de permitir o denunciar. Y es que en ciertas ocasiones la postura por definir no es fácil, y en otros casos, no resulta nada clara la postura que hemos definir.

 

 

 

Hay casos donde la prudencia nos pide callar. No porque estemos de acuerdo, sino porque hay momentos donde nuestra intervención es más conveniente y se aseguran más los frutos de la misma. Esta espera no denota cobardía o indiferencia ante el caso; podríamos decir, que es la sana diplomacia que nos pide no solo la palabra apropiada, sino también el momento adecuado.



En otros casos, nuestra decisión y nuestra intervención deben ser expeditas y sin ambigüedades. Situaciones donde debemos denunciar lo que está claramente mal y, donde el callar o dilatar, nos hace responsables de aquello mal hecho. Pensamos en casos de violencia, atropellos a la dignidad humana, de mal trato a personas vulnerables, actos de discriminación, etc. El silencio culposo no es prudencia, y la pasividad es una enferma tolerancia a lo que está mal.

Sin duda que cada caso nos pide una respuesta proporcional y específica. Y aunque aquí no podríamos hablar de todos los casos, que leer sobre este tema, nos invite a pensar si estamos en una situación donde debemos actuar sin premura, o es necesaria una prudente espera. No olvidemos que la defensa de la justicia debe ser firme, y en la medida de lo posible que se haga eficaz sin perturbar la paz. Que aun cuando implique la denuncia, que nunca deseemos mal a nadie, y mucho menos fomentemos el odio entre las personas. Si hemos de marcar raya con otros, que esto no signifique caer en la amargura. Siempre hemos de ser voz de quien no la tiene, y defender a quien por su estado vulnerable no puede hacerlo por sí mismo.
 

Recuerda y no lo olvides, ante cualquier momento o circunstancia que siempre nos asistan la prudencia, la caridad y la sabiduría.





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