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Navidad Cristiana
Desde el primer Adviento quedó claro que la Navidad era palabra arcana, no era para todos


Por: Lazaro García | Fuente: Catholic.net



Cada año trae un ciclo litúrgico propio, cada año tiene una Navidad. Un  sabio sacerdote, de esos españoles a la antigua, me dijo alguna vez que la experiencia de Cristo que cada creyente haya hecho en el año se corona en Navidad. La Navidad con cada uno de sus símbolos,  cada figura litúrgica, cada momento de oración ante la Anunciación, ante la Noche Buena, ante los Reyes Magos, ante la Presentación del Señor; todo eso no alcanza un creyente a meditarlo en una semana de adviento.

Chesterton afirma que existe un asombroso romanticismo para la ortodoxia, esa especie de vestal que permite a los cristianos celebrar la Navidad con Cristo y no sólo un tiempo de mucho pavo y ponche.

Cualquiera que entienda que Dios es capaz de someterse al tiempo y a la necesidad debe ser un iluminado, que sabe del Misterio de Dios Hombre, aunque no puede captarlo completamente porque cada vez descubre un lado nuevo de un prisma infinito.

El misterio de profecías cumplidas, de un Dios tan grande e intangible y al mismo tiempo inaccesible que se hace persona humana, naturalmente haría ateo o al menos incrédulo a cualquier persona con espíritu religioso que se acercara al cristianismo. Es tan evidentemente grande y desproporcionado que no se puede comprender.

Esta bella noticia de Dios entre los hombres alegra el corazón de los justos que buscan a Dios, quien persigue el rostro del Señor tiene respuesta, no queda avergonzado por pedir de Dios una señal. Hay un cántico exsultante y profundamente alegre que el cristiano hace evidente siempre en estos tiempos, es un resumen de gozo e hilaridad simplemente cristianas que se hace llamar villancico, canto de ese genuino asombro ante la presencia de un Dios que responde y que seguramente el Rey David hubiera hecho salmodia.

La Navidad no la define un pino adornado con esferas; la define la imagen de un niño entre animales de establo que admiraron a un Dios no recibido por los hombres. Desde el primer Adviento quedó claro que la Navidad era palabra arcana, no era para todos, sólo pocos estaban invitados a entrar en el misterio de la Encarnación.  Algunos iletrados pastores, algunos sabios astrónomos, algunos jornaleros que cruzaban por el camino; es de pocos el misterio de la Navidad. Como cristianos el esfuerzo por estar presentes ante un niño Dios es más que necesario.





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