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Raíces cristianas de Europa
La trascendencia de una referencia a las raíces cristianas de la nueva Europa y relación histórica entre el cristianismo y Europa


Por: www.loiola.org | Fuente: www.loiola.org



¿En qué consiste el importante debate que existe entre los países que forman la Unión Europea, en torno a la inclusión en el preámbulo de la futura "Constitución Europea", de una referencia a las raíces cristianas de la nueva Europa?

Parece ser que el Papa ha reivindicado públicamente esa inclusión en distintas ocasiones. Por una parte no termino de entender la trascendencia de una referencia tan mínima; y por otra me gustaría que me explicasen qué relación histórica hubo entre cristianismo y Europa.


Respuesta

Ciertamente, el objetivo del Papa no es la introducción de una "frasecita" en el texto constitucional. No se trata de una especie de demostración de poder o de influencia por parte de las distintas iglesias cristianas, como algunos se atreven a decir. ¡Sería absurdo! Lo importante es que esta ocasión nos abra a un importantísimo debate: ¿sobre qué valores va a ser construida la Unión Europea? Tal y como van las cosas, Europa corre el peligro de ser configurada en base únicamente a parámetros económicos, como si de un "gran supermercado" se tratase. Es decir, estamos ante la tesitura de crear un "cuerpo sin alma"; renunciando a la historia, a la filosofía, a la espiritualidad, a la religión...

Sin embargo, las dos guerras mundiales del siglo XX nos debieran de haber demostrado a los europeos que los problemas de un proyecto político conjunto superan el ámbito de la economía, para adentrarse en la concepción de la historia, del hombre y del sentido mismo de la vida. Nazismo y marxismo no nacieron y se desarrollaron como meras teorías económicas, sino que se presentaron con vocación de totalidad. Tras la caída de estas ideologías que comprometieron la paz europea en el siglo XX, la tentación es ahora limitarse a unos valores ambiguos, lo suficientemente genéricos como para que todos puedan sentirse cómodos, renunciando para ello a entrar en el contendido real de esas palabras de consenso: "democracia", "libertad", "tolerancia", etc, etc...

Sin embargo, repasando la historia de Europa, vemos que no hay mucho margen a la ambigüedad. El cristianismo es el único elemento unificador de países con recorridos históricos tan distintos. Ni tan siquiera cabe afirmar que el Imperio Romano o la Grecia Clásica sean patrimonio común de Europa; ya que tan solo es común a los países mediterráneos. Otras naciones como Irlanda, Alemania, Dinamarca, Austria, Suecia, Hungría, Chequia, Finlandia, y no digamos los nuevos países candidatos del este europeo, muy poco tienen que ver con esas raíces mediterráneas. Estamos ante el hecho objetivo de que el cristianismo ha sido el elemento histórico unificador de países tan diversos. Incluso países como Polonia, Hungría o Suecia, le deben a su conversión al cristianismo -allá por el año mil-, su incorporación a la civilización europea, a la que hasta entonces habían permanecido ajenos.

El acontecimiento que marcó el nacimiento de Europa fue sin duda la coronación de Carlomagno como emperador por el Papa León en la Navidad del año 800, bajo el nombre de "Imperio de Cristo", "Reino de David", para pasar a llamarse al poco tiempo "Europa". Es decir, el mismo término de "Europa" nació como una denominación política y, desde ahí, pasó a designar un territorio geográfico. Los monjes benedictinos fueron los que se encargaron de extender este ideal de Carlomagno de "europeidad cristiana" en los siglos IX, X, y XI; hasta que en el siglo XII florecieron por toda Europa las bellas catedrales, las ferias mercantiles, las primeras universidades, el humanismo articulado en torno al latín, la recuperación del derecho romano, las traducciones del corpus aristotélico, los tratados de ciencia árabe, la escolástica, etc....

Esta unidad espiritual y cultural de Europa se rompería con el nacimiento del llamado "renacimiento", con el que surgirían los estados-nación. Será entonces cuando las lenguas vernáculas sustituyan al latín y surjan las fronteras; con las consiguientes guerras nacionalistas. La trágica división de Europa en protestantes y católicos complicó todavía más las cosas. Europa se desangraría en una infinidad de guerras, hasta que la paz de Westfalia (1648) terminase por marcar el fin definitivo de la cristiandad.

Y con este panorama histórico, surge de nuevo la inevitable pregunta: ¿en dónde colocamos las raíces de Europa si no es en su tradición cristiana?

Es un hecho que la enseña oficial de la Unión Europea, la bandera de las doce estrellas doradas en campo de azur, debe su inspiración a la iconografía tradicional de la Virgen María basada en Apocalipsis 12, 1: "Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza". Los padres fundadores de la nueva unidad europea (todos convencidos católicos, no se olvide: Jean Monnet, Robert Schuman -éste último en proceso de beatificación-, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer) tomaron modelo de la corona cerrada de doce estrellas sobre la cabeza de María que se puede contemplar en los vitrales de la catedral de Estrasburgo -de increíble parecido con la que hoy luce la enseña-, y la llevaron a la bandera del Consejo de Europa, que hoy es también la bandera de Europa.

¿Dónde se encuentran las raíces de Europa? ¡Los padres ideólogos de la actual unión europea lo tuvieron así de claro! La cuestión está en que ellos entendían de historia...



 





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