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Impulsado por el Espíritu, fue al templo
Santo Evangelio según San Lucas 2, 22-40. La Presentación del Señor


Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Espíritu Santo, Tú que me guías siempre, dame la fortaleza para abandonarme totalmente en tu providencia para poder seguir tus inspiraciones.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy celebramos la presentación del Señor, y al mismo tiempo, recordamos el encuentro de Jesús con Simeón y con Ana. Estos dos ancianos tenían algo en común: ambos sabían escuchar al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Santísima Trinidad, siempre está actuando en nosotros: inspirándonos buenos pensamientos, impulsándonos a obrar el bien e incluso ayudándonos a perdonar en los momentos en que no nos sentimos capaces. Por ello, debemos aprender a buscar tiempo para estar a solas con Él; a hacer silencio, pues sólo así podremos escuchar y comprender la voz del Señor en lo más íntimo de nuestro corazón.

Dios quiere que todos seamos santos, que podamos llegar un día a ser felices con Él para siempre. El Espíritu Santo quiere ser el guía que nos conduzca a la santidad. ¿Quiero ser feliz para toda la eternidad? ¿Estoy dispuesto a dejarme guiar por el Espíritu Santo?

«Solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo nos viene por Él. Cada familia está llamada a reconocer tal primado, custodiando y educando a los hijos para abrirse a Dios que es la fuente de la misma vida. Pasa por aquí el secreto de la juventud interior, testimoniado paradójicamente en el Evangelio por una pareja de ancianos, Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo dice a propósito del niño Jesús: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel y para dar señal de contradicción […] a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”. Estas palabras proféticas revelan que Jesús ha venido para hacer caer las falsas imágenes que nos hacemos de Dios y también de nosotros mismos; para “rebatir” las seguridades mundanas sobre las que pretendemos apoyarnos; para hacernos “resurgir” hacia un camino humano y cristiano verdadero, sobre los valores del Evangelio.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 31 de diciembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación. Voy a dedicar diez minutos, antes de dormir, para hablar con el Señor sobre cómo viví mi día.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





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