Menu



Tanatóloga y Bioeticista

La Pérdida
Encontrando la gracia en la desgracia


Por: Mtra. Charín Urbina Egea | Fuente: Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II



Hablar de pérdida es hablar de vida, pero también de aprendizaje, de experiencia, de dolor y de alegría.  La existencia conlleva una serie de diferentes vivencias; hay una variación constante en el exterior, pero también en el interior, y este movimiento armónica y a veces no tanto, es lo que hace que nosotros mismos, ante situaciones que consideramos que se repiten o que son similares a las vividas, reaccionamos de una forma distinta.

Aunque no existe un “dolorímetro” capaz de medir el dolor y sufrimiento, el ser humano está expuesto a que se presenten ciertas condiciones non gratas en su paso por la tierra.  Hace un par de semanas estaba conversando con una de mis pacientes acerca del por qué le dio cáncer y su contestación fue así de simple: “porque soy persona y esto me lleva a la posibilidad de enfermar”.  Pues sí, el hombre es finito, es “enfermable”… pero también es transformable y depende de él y sólo de él,  la actitud que escoge tener frente a la vida, la manera en que el presente, pasado, e incluso el futuro lo conectan con el dolor o bien, el buscar la forma de disfrutar cada momento, cada compañía y cada sorbo de café en el tiempo que le corresponde ser vivido.

El duelo es un tiempo normal en donde se manifiestan una serie de cambios emocionales, físicos, mentales, espirituales y sociales que suceden después de algún evento, generalmente adverso. Dicho “detonante”, puede ser súbito como un accidente, un diagnóstico o un rompimiento con alguna persona querida por ejemplo, o bien, extenso como ese sin-sentido de vida, la rutina, la nostalgia crónica, el vivir en el pasado o en el rencor.  Por tanto, la Tanatología, que inició con el estudio del duelo con pacientes en fase terminal, es aplicable actualmente a cualquier posibilidad de cambio en la vida que no es fácilmente manejado por el doliente y que es ahí, en cualquier ser humano, en cualquier lugar y en cualquier situación dolorosa, en donde hay un campo fértil de apoyo, acompañamiento y seguimiento para que la persona pueda seguir adelante de la mejor forma posible, descubriendo sus propias herramientas para  ser utilizadas tanto en lo complicado como en lo cotidiano.

Ahora bien, ¿por qué hay personas que les suceden eventos realmente dolorosos y que  siguen adelante con una actitud positiva, con una sonrisa constante en su rostro y que además son capaces de ayudar a otros? ¿cuál es su fuente de fortaleza? ¿cuál es su herramienta más poderosa? ¿de que se sostienen cuando se caen sus planes, sueños e ideales?  Indudablemente no hay una sola respuesta, puesto que cada uno piensa, resuelve, reacciona y actúa de una manera diferente, sin embargo, hay un común denominador llamado espiritualidad.  De las cuatro dimensiones del ser humano, la biológica, la psicológica, la social y la espiritual, es ésta última la que sostiene al resto.  No me refiero forzosamente a la creencia religiosa, aunque en muchos casos se relaciona, sin embargo, es esa parte humana, que como decía Víktor Frankl, no enferma, no se ensucia, el verdadero motor del hombre que lleva a pensar que siempre existe una esperanza de renovación y transformación en el ser humano.

Por último, el apoyo de tipo tanatológico podrá ser llevado a cabo de una forma más eficiente cuando se entienden algunos conceptos como:



1.    Todos los seres humanos somos vulnerables y por tanto con posibilidad de experimentar situaciones dolorosas.

2.    La vida es una combinación de hechos agradables y desagradables, esperados y súbitos, de claridad y confusión.  Depende de cada persona el manejo que pueda-quiera darle a cada uno de ellos.

3.    El hombre tendrá vivencias únicas y la forma de reaccionar frente a ellas, está relacionada con su grado de resiliencia (capacidad de afrontar la adversidad), de creencias, de esfuerzo, de búsqueda, de trabajo en la actitud, etc.

4.    El duelo es un proceso humano natural, no una enfermedad, que manejado adecuadamente, es posible llegar a descubrir la gracia en la desgracia, el aprendizaje en el sufrimiento y el verdadero sentido de vida transformado y dirigido hacia  la verdad, el bien y la bondad.





Compartir en Google+




Consultorios
Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!