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"Se transfiguró en presencia de ellos"
Meditación al Evangelio de San Marcos 9,2-12 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Si observamos el camino que nos presenta San Marcos en el seguimiento de Jesús, nos habremos dado cuenta que sus discípulos muchas veces se enfrentaron a la grave dificultad de no entender el dolor y la cruz que implicaba el Evangelio.

Cuando por fin se llega al culmen con la confesión de Jesús como Mesías, el discípulo, en la persona de Pedro, recibe un fuerte desengaño porque todavía está lejos de comprender el corazón de Jesús.  En medio de estas exigencias, se presenta el relato de la Transfiguración para esclarecer cómo se ha de seguir a Jesús y cuál será la meta a la que habremos de llegar.

La Transfiguración de Jesús es la luz que ilumina el camino de todos los discípulos y que asume no el dolor del fatalismo, sino nos lleva a transformar el rostro humano del hombre y hacerlo semejante al rostro de Jesús. Habrá que escuchar la voz del Padre que nos asegura que no hay otro camino para la salvación y la liberación del hombre que sólo Jesús. En Él tendremos que centrar todos los esfuerzos, subir con Él la montaña del Tabor, recoger todos los anuncios de los profetas, asumir la ley de Moisés que ahora tiene plenitud en Jesús.

Es importante acercarse a Jesús y vivir su presencia, pero no sólo para sentirse a gusto, sino para dejarse impactar y cuestionar sobre la forma de vivir el Evangelio. Hoy vuelve a resonar fuerte la voz del Padre para insistirnos en que Jesús es su Hijo predilecto y que sólo su palabra será la guía para nuestro mundo actual. Cuando contemplamos los rostros actuales, doloridos, indiferentes o ansiosos y angustiados, tendremos que recordar que el ideal del discípulo es transformarse en rostro de Jesús y en mirar en cada hermano ese rostro de Jesús.

Tendremos que luchar mucho para que, dejando la comodidad de sólo contemplar a Jesús, nos acerquemos a la realidad de cada día para asumir la cruz del dolor y el sufrimiento, y darles su verdadero sentido. Mirar a Cristo, no para sentarnos indiferentes y dejarnos llevar por la apatía, sino para transformar este mundo en la casa que Papá Dios nos ha dado para que juntos como hermanos podamos habitarla.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:



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