Menu


Una promesa renovada a Dios
Si pudiera definir mi experiencia en la Jmj en una palabra sería ENCUENTRO. Un encuentro que sobrepasó mis expectativas.


Por: Ángela Rodríguez Acosta (Colaboradora RC 2018-2019) | Fuente: www.somosrc.mx



Si pudiera definir mi experiencia en la Jmj en una palabra sería ENCUENTRO. Un encuentro que sobrepasó mis expectativas, que me llenó de amor  y que me demostró una vez más que los sueños que Dios tiene para mí son mejores que los míos.

Un encuentro principalmente con Cristo, que lo pude ver en la mirada de muchos peregrinos y voluntarios que estaban a mi alrededor, de sacerdotes y consagradas y  de panameños que salían de sus casas a ofrecerme agua o un snack. También pude encontrarme con Cristo por medio de mi familia Regnum Christi que me ayuda a elevar mi mirada a Dios y sentirme acompañada en este camino contracorriente en un mundo que invita a todo menos a lo eterno. Otro momento muy especial de encuentro fue con mis hermanos colaboradores que a través de su testimonio me reafirman que vale la pena entregarse por completo a Dios y a los demás. Me pude encontrar también con jóvenes de muchas partes del mundo, con diferentes idiomas y costumbres, pero con un mismo deseo en el corazón que nos une, el deseo de trascender, de parecernos más a Cristo y  de amar como El lo hace. Me encontré con una Iglesia joven que late con un mismo corazón y que festeja su fe con una alegría que llena y que da paz, una felicidad que sobrepasa las dificultades, tristezas y dolor, una felicidad que solo puede venir de Dios y que tanto falta compartir con el mundo.

Un encuentro con María, la mujer más bonita de todas, que con un “sí” cambió la historia del mundo. Que con su sencillez me invita a poner mi vida a los pies de la cruz como ella lo hizo, y que nunca me deja sola, toma mi mano para pronunciar con ella “hágase en mí” y abrazar la voluntad de Dios en mi vida.

Un encuentro con el Papa Francisco, el máximo representante de Dios en la tierra, que verdaderamente revela con solo su mirada el inmenso amor y ternura de Dios. Y que nos invita a  dejar los miedos, a soñar en grande, a amar con el mismo amor con  que Él nos ama y a darle vida a los sueños de Dios.

Y finalmente un encuentro conmigo misma, con lo más profundo que hay en mi corazón, con la misión que Dios pensó para mí desde la eternidad. Me voy de la Jornada Mundial de la Juventud con mi promesa renovada a Dios de amar y de colaborar con Él para la salvación de las almas, de llevar a Dios a las personas que no lo conocen y que ni siquiera saben que lo necesitan, a las personas que sufren sin el consuelo de la fe. Me voy con el corazón recargado y dispuesta a decirle a Dios confiadamente “sí” en lo que sea que me pida.



Gracias a todos los que hicieron este evento posible, los llevo en mi corazón y muy especialmente en mis oraciones.





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!