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Un joven por los suelos
En el mundo de hoy miles de jóvenes sufren soledad, se abandonan a los vicios, sucumben a la más completa desesperación


Por: P. Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Chiara Amirante era una joven italiana que deseaba ayudar a otros jóvenes a evitar males como la droga, el alcohol, el abuso del sexo.

Un día fue a un lugar donde se concentraban cientos de personas de todo tipo, en la zona de la estación Termini de Roma.

Presencia una pelea entre dos borrachos. Siente miedo, desea huir. En esos momentos ve en el suelo a un joven solitario. Había tomado una dosis muy alta de drogas.

Permanece un rato junto al joven. Cuando el muchacho, que se llama Ángel (Angelo en italiano) recupera la conciencia, empieza a hablar y hablar.

Pasa así como una hora. Chiara intenta hacer algo más, pero no consigue encontrar un puesto para acoger al joven que estaba por los suelos. Se despiden.



Dos días después, vuelven a encontrarse. El joven explica que había tomado las drogas para suicidarse. Da gracias a la chica, porque, al haberle escuchado, le ha permitido darse cuenta de que vale la pena vivir.

Luego, enseña a Chiara un mural que había dibujado antes del intento de suicidio. Había escrito: "A pesar de vuestra indiferencia, nosotros existimos".

Como Ángel, en el mundo de hoy miles de jóvenes sufren soledad, se abandonan a los vicios, sucumben a la más completa desesperación.

Chiara Amirante siente que Dios le pide hacer algo por esos jóvenes. Abre un lugar para acogerlos. Luego las iniciativas se multiplican, y surge lo que luego se llamará "Nuovi orizzonti" (Nuevos horizontes).

Puede parecer demasiado fácil, pero a veces con un rato de escucha llena de cariño, se consigue no solo salvar una vida, sino ayudar a un chico o a una chica a reencontrar el sentido de su existencia.



Para Chiara ese sentido está en Jesús. Para Ángel, aquel joven encontrado hace años tirado por los suelos, ese Jesús se hizo presente en quien se acercó para ofrecer ayuda.

En nuestro mundo hay muchas personas que esperan un rato de escucha, de cercanía. Así serán capaces de encontrar un sentido para sus vidas, al reconocer que ese sentido tiene un nombre y una esperanza: Jesús.





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