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20 de mayo de 2019

El amor de un hijo
Santo Evangelio según San Juan 14, 21-26. Lunes V de Pascua


Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Padre mío, haz que te ame al punto de saber renunciar a mi y a mis gustos.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): “Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?". Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

De pequeño siempre me gustaba hacer castillos de arena, veía cómo se compactaba la arena con el agua y apretando mis manos. Un día hice un corazón con la arena y le puse las palabras «te quiero mamá.». Fui corriendo a buscar a mi mamá, que estaba en el restaurante del hotel, para que viera el corazón que le había hecho. Cuando mi mamá llegó el corazón se había deshecho y comencé a llorar; mi mamá me decía lo mucho que le gustaba el corazón que le había hecho y me dio un abrazo.

Cuando vemos a Dios y nos ponemos a pensar en cómo le podemos amar, se nos pueden ir las ideas en mil cosas que no durarán mucho, como el corazón de arena, y no serán tan agradables a sus ojos como la intención con que las hacemos, las lágrimas por el corazón de arena nos dan una lección. Como el Evangelio dice que primero amaremos a Dios, y luego cumpliremos sus palabras, pensémoslo, la palabra de Dios es dura si no se hace por amor; y las cosas que hacemos son como arena, pasarán. Lo más importante es la intención con que hacemos las cosas y, por tanto, no amaremos más a Dios porque vayamos a misa, recemos el rosario, o hagamos más actividades en la parroquia o con los grupos de oración... haremos todas estas cosas y más porque el amor por Dios no nos dejará con los brazos cruzados, sino que nos hará verdaderamente hijos suyos. Toda esa acción solo puede proceder del amor de un hijo.

«Entonces, en el camino de la vida, dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados consigo mismos e indiferentes a todo. Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. La vida es así. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad. Necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre.»
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Reconocer cuál es la voluntad del Padre en mi vida y pedirle la gracia de cumplirla con gran amor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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