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Dios nos habla… ¡abre tus oídos espirituales!
Dios se comunica con nosotros de diversas maneras, aunque no siempre atendamos a su voz ni percibamos sus mensajes.


Por: Maleni Grider | Fuente: www.somosrc.mx



Cuando vivimos vidas aceleradas, apartadas de los caminos de Dios, difícilmente podremos encontrar el propósito que Él tiene para nosotros. De igual manera, cuando Dios quiere comunicarnos algo, si no ponemos atención a sus señales, será casi imposible que podamos percibir su presencia en nuestros días, o que seamos guiados por su Espíritu.

Dios se comunica con nosotros de diversas maneras, aunque no siempre atendamos a su voz ni percibamos sus mensajes. Por supuesto, nuestros tiempos de oración son los espacios más sagrados, en los que no sólo expresamos a Dios nuestra adoración y le presentamos nuestras peticiones, sino que nuestro espíritu se une a su Espíritu en una comunión íntima en donde los dos se hablan.

Al crearnos, Dios nos dio diferentes facultades, y a través de todas ellas estableció canales entre lo divino y lo terreno, por ejemplo, la conciencia, la intuición, el sentido común, la facultad de creer en algo superior a nosotros mismos, la inquietud de conocer nuestro origen y nuestro destino final, en fin. Mediante todas estas facultades, podemos acceder a esa realidad celestial que está más allá de lo que vemos, es decir, más allá del mundo material inmediato.

A través de nuestro intelecto, nuestra voluntad, nuestros sentidos y nuestro libre albedrío, los cuales representan el alma humana, podemos decidir poner mayor atención a la voz de Dios, usando aquellas facultades del espíritu. Muchas personas han incluso contado historias de encuentros con ángeles cuando se encontraban en algún momento de dificultad o necesidad o riesgo, sólo porque abrieron sus ojos espirituales, su percepción y atendieron a ese instante donde la revelación se presentó ante ellos.

No estamos hablando de la facultad de imaginar cosas, porque la imaginación crea situaciones irreales en nuestra mente con un propósito específico, pero no tiene nada que ver con lo que Dios desea para nosotros. Es ese espacio en el que le pedimos a nuestro Señor que nos hable y nos muestre su voluntad, cuando abrimos nuestros oídos espirituales y disponemos nuestro ser hacia Él, en donde podemos desarrollar una comunicación mucho mayor con el Reino de los Cielos.



Una clara señal de que lo que oímos proviene de Dios es la paz que acompaña a dicha intuición. Nuestro espíritu estará sereno y existirá claridad en nuestra mente, no confusión. Dios nos da certezas y nos guía a través de su Espíritu Santo, el cual es poderoso para transformar nuestro pensamiento e incluso, a veces, cambiar nuestras circunstancias para que podamos seguir el camino correcto.

Incrementemos nuestros tiempos de oración, a solas y en familia, y pidámosle a Dios cada mañana que nos permita ser sensibles a sus mensajes, sus enseñanzas y sus guiños.





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