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Hoy se incrementan las vidas independientes, aisladas bajo el mismo techo.

Solo se piensa en ser, en tener, en vivir para sí
Cuán importante es caminar unidos, sin evasiones hacia adelante, sin nostalgias del pasado.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



La desintegración familiar, los divorcios cada día van en aumento porque el egoísmo y la soberbia crece. Todo mundo busca, vivir “feliz”, se esfuerza al máximo por crear, cuidar y vivir en su zona de confort.

El individualismo impera, solo se piensa en ser, en tener, en vivir para sí.

Se desconoce al(a) otro(a), no importan los hijos, ni los sentimientos de nadie.

El matrimonio no es la meta… es el camino para caminarlo juntos. Pero en sentido de unidad, de compartir objetivos, de obtener logros, de vivir el uno para el otro, todo esto cada día se desvanece más y más. Porque nadie quiere hacer el menor esfuerzo por mantener la unión. Como pareja, cada uno quiere “vivir” su vida…a su manera. Los casados quieren vivir como solteros, porque se pensó que al casarse habría liberación de las reglas del hogar paterno.

Ahora es más común vivir aislados en pequeños núcleos. El choque de generaciones y sus diferencias generan desintegración. La situación de la mujer que trabaja y desempeña diversas actividades, da un nuevo sentido a la vida de la pareja y produce problemas de acoplamiento, que pueden llevar a la separación o al divorcio (1).



Están también las familias desintegradas, que se caracterizan por la evasión de sus miembros y por los puestos vacíos; o por silencio de muerte donde no hay palabras de cariño, ni manifestaciones de amor. La familia desintegrada es un foco de corrupción que produce vagos, vividores, viciosos (1).

Hoy se incrementan las vidas independientes, aisladas bajo el mismo techo. Las parejas viven unidas sólo porque están bajo el mismo techo, pero están demasiado distantes a pesar de la cercanía física. No hay comunicación, ni el mínimo dialogo. Por el contrario, hay frialdad e indiferencia absoluta. Sólo conservan la apariencia de una familia integrada y “feliz”. Viven en una misma casa como dos perfectos desconocidos y hacia el exterior cada uno hace su propia vida, emocional y sentimental, sin importar absolutamente nada del (de la) otro(a). Los hijos deben y están en total “libertad” de tomar las decisiones y vivir la vida como ellos así lo quieran.

Papá y mamá han convenido esa “vida”. Todo esto podría haberse evitado si la pareja se hubiera conocido antes de casarse y de unir sus vidas sólo por estar “enamorados”. Y porque humanamente la soberbia y el orgullo impiden ofrecer disculpas a tiempo, tal vez no se sabe perdonar a tiempo. O tal vez no se ha aprendido a decir: “Perdona”, estaba cansado. “Me equivoque”, te engañe, te mentí, etc. Estas palabras mágicas evitan separaciones dolorosas.

La importancia de caminar unidos

Cuán importante es caminar unidos, sin evasiones hacia adelante, sin nostalgias del pasado. Y mientras se camina se hablan, se conocen, se cuentan unos a otros, se crece en el ser familia (Discurso, 4 de octubre de 2013) (2).



¿Tu familia todavía tiene sueños?

A mí me gusta mucho esto de soñar en una familia. Toda mamá y todo papá soñó a su hijo durante nueve meses, ¿es verdad o no? Soñar cómo será el hijo…No es posible una familia sin el sueño. Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar, los chicos no crecen en el amor, el amor no crece, la vida se debilita y se apaga. ¡Es tan importante soñar! Primero que todo, soñar en familia. No pierdan esta capacidad de soñar. (Discurso, 16 de enero 2015) (2)

No existe la familia perfecta: conviértela en una escuela del perdón

La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentaran los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se conviertan en una escuela de perdón. (Mensaje, 23 de enero de 2015) (2)

No es el mundo el que está en decadencia. Ni la corrupción, ni la delincuencia, ni la prostitución, ni la droga se ha sembrado en la calle. Todo aquello que tenemos, tiene su origen en el seno de la familia. Son las familias las que decaen y cuando pierden su esencia, la persona se autodestruye irremediablemente. (1)

Definitivamente, en una crisis como esta no se trata de buscar culpables, sino de encontrar soluciones y de tomar cada uno la responsabilidad que le corresponde. (3)

(1) La familia hoy | Guadalupe Pimentel
(2) La felicidad en esta vida | Papa Francisco
(3) Luz Ivonne Ream | Aleteia





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