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Sus pecados le han quedado perdonados, porque ha amado mucho
Meditación al Evangelio 19 de septiembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Es dolorosa la situación de muchas mujeres y de muchos jóvenes en nuestra sociedad. Lamentable que se tengan que hacer leyes que digan que las mujeres tienen igual derecho que los hombres, porque eso demuestra que no es así en la realidad. Por más que se diga que se ha avanzado mucho en la equidad de género, sigue siendo la mujer la que sobrelleva las cargas más pesadas en el hogar, quien es acosada y utilizada y quien después afronta las peores consecuencias.

Basta que nos acerquemos a los lugares de trabajo, a las escuelas, al campo, para constatarlo. Hoy escuchamos en el evangelio ese relato doloroso que nos presenta a un fariseo que no cumple con las leyes de la hospitalidad, que no le da el trato humano y cortés a Jesús y que después se pone a criticar la actitud de Jesús hacia una mujer que cumple lo que él ha olvidado.

La mujer con lágrimas lava los pies, con sus cabellos los enjuga y los unge con el perfume… el fariseo lanza su crítica despiadada tanto contra Jesús como contra la mujer. No es extraño este caso en nuestros días. Se sigue condenando y vituperando a la mujer, se le explota en los trabajos, se le acumulan las obligaciones del hogar, de la familia, y son innumerables los casos donde ella, al faltar el hombre por emigración o “des-obligación”, tiene que afrontar con toda la responsabilidad de la educación y manutención de los hijos.

Cristo respeta la dignidad de la mujer y da una lección a Simón – y a todos nosotros- al hacerle esta pregunta, sobre quién amará más. De paso está invitando a una conversión y un cambio a todo pecador, no porque sea muy bueno, sino porque Dios es capaz de dar más amor. Dos rescates hace a un tiempo: del pecador y de la mujer.

Signos muy preciosos para nuestro tiempo. Es necesario meditar profundamente en esta actitud de Jesús para adecuar nuestras acciones con las suyas: no condena, no discrimina, no destruye, ni al pecador ni a la mujer. Que escuchemos a Jesús y que nos dejemos impactar por sus signos para construir una nueva sociedad.





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