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Señor, enséñanos a orar
Meditación al Evangelio 9 de octubre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



¿Todavía habrá alguien que rece? Me preguntaban en días pasados y con mucho gusto puedo afirmar que hay muchas personas que diariamente hacen oración y que en este mes de Octubre, dedicado al Santo Rosario, se organizan para rezarlo con mayor devoción. Es necesario hacer oración y un modo bello es el Santo Rosario.

Quizás a muchos se les dificulte por el ritmo acelerado de vida que llevamos, a otros les parezca monótono y aburrido estar repitiendo frases que no llevamos al corazón. Pero el Santo Rosario, bien meditado, bien vivido, es una fuente de espiritualidad y fortaleza para el cristiano. No, no se trata de esa monotonía de quien parece que lleva prisa por terminar las palabras y acaba diciendo frases sin sentido.

No, es buscar la profundidad de una frase o de una oración, dejarla caer en nuestro corazón, mientras continuamos alabando al Señor con las oraciones. Hoy precisamente nos ofrece San Lucas esa enseñanza tan especial del Padre Nuestro.

Que bueno que aún continuamos rezando el Padre Nuestro en todos los momentos, si estamos preocupados, si estamos felices. Me consuela y me anima el que muchas familias buscan un momento en su día para hacer esta oración que nos acompaña en toda nuestra vida, desde nuestra infancia y que nos descubre el camino para seguir a Jesús. El gran mensaje de Jesús es que tenemos un solo Padre y que todos somos hermanos.

Esta verdad meditada y profundizada en nuestro corazón nos haría vivir una vida en plenitud. Saberse amado por Dios, reconocerse como su hijo, encontrar a los demás como hermanos, le da sentido a nuestra vida. Si continuamos con la oración descubriremos que “la santificación de su nombre y el hacer su voluntad” serán nuestra propia felicidad.

El reino de Jesús se convierte en el objetivo de nuestra vida y estaremos mirando si cada una de nuestras acciones está dirigida a construir este Reino. Imploraremos el pan para nosotros y para nuestros hermanos, que nadie muera de hambre, que a nadie dejemos con su estómago vacío y con la esperanza muerta.

Es el compromiso de un hijo de Dios. Nos empuja a pedir y dar el perdón. El Padre Nuestro es un camino que Jesús nos ofrece para descubrir el rostro amoroso de Dios como Padre, como providente, como fuente de amor y de perdón.

Ojalá recemos con devoción y cariño cada día el rosario, de preferencia en familia o en comunidad, para descubrir este rostro amoroso de Dios. Que hoy brote desde lo profundo de nuestro corazón esa sencilla pero profunda oración: “Padre Nuestro, que estás en el cielo…”





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