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9 de octubre de 2019

Coherentes con lo que rezamos
Santo Evangelio según san Lucas 11, 1-4. Miércoles de la XXVII del Tiempo Ordinario


Por: H. Jose Torres, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey Nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios).

Señor, que en este rato de oración experimente tu presencia renovadora en mi corazón, para ser cada día más un fiel discípulo tuyo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-4

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”.

Entonces Jesús les dijo: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el Evangelio de hoy vemos cómo en el corazón de los discípulos nace ese deseo de orar, ese mismo deseo que tenemos todos, algunos en una medida, otros en otra, pues todos buscamos estar en contacto con Dios nuestro Padre, ya que ese contacto nos llena de gozo, de amor y de esperanza, y las palabras no alcanzan para describir el amor y la misericordia que solo Él puede dar.

Vemos que esta oración, la más importante por antonomasia solo por el hecho de que salieron de los propios labios de Jesús, es sublime y agradable a Dios Padre. Es por eso que debemos rezarla, saborearla, pensando en todas sus palabras y en la importancia de hacer nuestras todas ellas, para que a la hora de recitarlo, no lo hagamos de manera mecánica, sino que de nuestra boca salga algo que fue pensando con el corazón y el entendimiento.

Busquemos orar con el padrenuestro, como lo hizo Jesús; pongamos nuestros corazones a la par del divino Maestro que hoy nos enseña a dirigirnos a su Padre. Abramos nuestros corazones y pidamos al Padre que nos dé la gracia de ser coherentes con lo que rezamos. Que esta oración que hoy nos enseña se nos haga vida, y que sepamos dar testimonio de hijos en el Hijo, que es la única forma de poder llevar más almas al encuentro con Cristo resucitado.

«Respondiendo a la pregunta explícita de los discípulos, Jesús no da una definición abstracta de la oración, ni enseña una técnica efectiva para orar y “obtener” algo. En cambio, invita a sus seguidores a experimentar la oración, poniéndolos directamente en comunicación con el Padre, despertando en ellos el anhelo de una relación personal con Dios, con el Padre. ¡Aquí está la novedad de la oración cristiana! Es un diálogo entre personas que se aman, un diálogo basado en la confianza, sostenido por la escucha y abierto a la solidaridad. Es un diálogo del Hijo con el Padre, un diálogo entre los hijos y el Padre. Esta es la oración cristiana».
(Papa Francisco, Ángelus, 28 de julio de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezaré un padrenuestro pidiendo especialmente por las vocaciones misioneras y por todas las personas que consagran su vida al servicio del prójimo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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