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La libertad de expresión no es para todos
Hace tiempo que estamos viviendo un fenómeno alarmante.


Por: Mónica Muñoz | Fuente: Catholic.net



Hace tiempo que estamos viviendo un fenómeno alarmante, con el que todos nos hemos enfrentado en repetidas ocasiones. Y creo que nos sentiremos identificados con lo que voy a comentar. Estamos en la época de la extrema sensibilidad. ¿Saben a qué me refiero? A que antes, todo mundo podía expresar su opinión libremente sin que nadie reaccionara con exageración ante las discrepancias, claro que es de humanos sentir molestia cuando se tocan temas espinosos, en los que difícilmente podríamos estar completamente de acuerdo. Tanto que, aún es común escuchar que se puede hablar de todo, menos de política y religión. Sin embargo, se podía llegar a un consenso y terminábamos tan amigos como siempre.

Pero de un tiempo para acá, ya no sólo es difícil sino que resulta ofensivo diferir de lo que opinan las minorías, y, penosamente, hasta algunos representantes del gobierno inclinan la balanza hacia el lado más ligero, dejando a la mayoría, por la que han llegado a ocupar sus cargos, con un palmo de narices porque se niegan a escuchar sus peticiones. Y de eso hemos tenido suficientes muestras en los últimos días.

Cito un ejemplo: las redes sociales nos han inundado con información sobre una reunión de mujeres que propugnan para que se despenalice el aborto en México. Por supuesto, no tenemos que estar de acuerdo con ellas, pero en un país que se dice democrático, se les asegura un espacio para manifestarse, siempre y cuando no quebranten las leyes y se apeguen a las reglas que la sociedad ha impuesto para la sana convivencia, porque creo que todos estamos de acuerdo en que la libertad termina donde empieza la del otro. Si no, todo entraría en una situación de caos por la pérdida del orden.

Pues bien, a través un comunicado, se citó a las simpatizantes de ese movimiento a congregarse en el atrio del templo de San Francisco ubicado en la avenida Madero, en pleno centro de la Ciudad el sábado 28 de septiembre, supuestamente para participar de la grabación de un video. Por las mismas redes sociales se convocó a un grupo de jóvenes varones para defender los templos, previendo que pudiese ocurrir algún percance. Desde una noche antes se protegieron los templos, que fueron varios, con láminas y vallas humanas. Los medios difundieron fotografías de los muchachos haciendo oración y resistiendo pacíficamente. Sin embargo, aunque aparentemente el colectivo feminista sólo iba a su asunto, un grupo de vándalos hizo destrozos en la Catedral metropolitana, una librería, edificios y rociaron con gasolina a mujeres policía, entre otras averías.

Obviamente, diluviaron comentarios a favor y en contra. Hablar del aborto significa tocar lo más sagrado que tenemos, que es la vida, sin importar la edad de la persona. Pero retomo lo que comenté líneas arriba: todos en este país tenemos derecho a la libre expresión, la Constitución mexicana así lo afirma en el artículo séptimo. Sin embargo, el artículo 6 dice a la letra: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley”.



Con tristeza constatamos que quienes deberían hacer valer la ley, se convirtieron en pasivos espectadores, seguramente atendiendo órdenes de sus superiores, sin embargo, siendo a su vez víctimas de aquellos que no respetan a quienes piensan distinto. El hecho de que agredieran a las policías sin que nadie lo impidiera, admite muchas hipótesis, una de ellas, que la libertad de expresión no es para todos, sencillamente porque cuando el tema ha sido diferente, la autoridad sí ha reaccionado como corresponde, así fue el 11 de septiembre cuando un grupo de comerciantes de la central de abastos y la Merced bloquearon la entrada del Palacio Nacional reclamando el apoyo que se les había ofrecido en tema de seguridad, la policía de la Ciudad de México intentó replegarlos con gas pimienta.

Luego entonces, ¿por qué no se actuó contra quienes cometieron delitos y perturbaron el orden público, violando lo dispuesto por nuestra Constitución? En este país en el que se habla de igualdad, es necesario que nuestros gobernantes repasen las leyes y las hagan valer de la misma manera para todos, porque de otra forma no podrán garantizar que se respete el famoso “Estado de Derecho” que tanto pregonan, y si no les queda claro de qué se trata, que le echen un vistazo a la página del Sistema de Información Legislativa, de donde extraje esta definición: “Estado de derecho se refiere al principio de gobernanza en el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se promulgan públicamente y se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos”.

Pido sinceramente que Dios ilumine a nuestros gobernantes.

¡Que tengan una excelente semana!







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