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La sencillez episcopal frente al mundo
Así se vive la sencillez episcopal, hasta en el obispo de Roma.


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net



En una reunión internacional de empresarios en Ámsterdam, hace años, tuve oportunidad de conocer a un gran hombre de Dios, apóstol de la paz, del amor y la esperanza, defensor de los pobres, el arzobispo de Olinda y Recife, en Brasil, Dom Helder Câmar

Sabía mucho de él, estando yo inmerso en el mundo de la doctrina social de la Iglesia y su acción pastoral. Al verlo y conversar con él, me llamó de inmediato la atención su gran sencillez. Mientras los obispos europeos, en general, seguían la costumbre diría yo medieval, de ropajes de cierto lujo y cruces pectorales de metales preciosos, Dom Helder vestía una sencilla sotana negra y un pectoral de madera. Todo en él era sencillez sacerdotal. Quizás no lo era su magnífico dominio del idioma francés, con el que expuso su conferencia en defensa de los pueblos latinoamericanos.

También en otra ocasión conocí en Lovaina a otro obispo distinguido por su lucha por los pobres, el obispo de Cuernavaca, al que quienes lo acusaban de marxista (que no lo era) llamaban “el obispo rojo”. Don Sergio Méndez Arceo. Llegó acompañado de otro obispo, un colombiano.

En la conversación, salió a relucir su anillo episcopal, de oro, pero muy sencillo, obsequio papal a todos los obispos tras el Vaticano II. Al comentar al respecto, era inevitable compararlo con el del colombiano, un bello anillo con una gran esmeralda, que casi esconde entonces entre sus manos. No estaba mal el obispo de Colombia, era lo normal, pero la sencillez de Don Sergio se notaba; Pude tratar con él luego y siempre era sencillo. (“Tengo un problema, -dijo en una conversación-, una cosa es lo que digo y otra lo que dicen que dije”).

En Italia hubo un santo sacerdote, cuyo sueño de seminarista era ser cura de pueblo, pero a quien el Señor elevó a la Silla de San Pedro, Angelo Giuseppe Roncalli, quien tomó el nombre de Juan XXIII. Se le llamaba “il Papa buono”, por su gran sencillez y jovialidad, la bondad era su forma natural de ser. Un papa sencillo en todo, contrastaba con otro gran papa, proveniente de la alta aristocracia italiana, que seguía las costumbres solemnes tradicionales vaticanas, Eugenio Pacelli, el papa Pío XII. Por cierto, con todo y el esplendor ceremonial del vaticano, Pío XII dormía en una sencilla habitación apenas amueblada.



Pero hay otro obispo latinoamericano con quien no he cruzado palabra, pero lo conozco por su labor episcopal y antecedentes sacerdotales, que de pronto se hicieron del conocimiento del mundo. Fue arzobispo de Buenos Aires, y con todo y su sotana y capa cardenalicias, viajaba en metro y vivía en gran sencillez, misma con la que trataba a la gente: Jorge Mario Bergoglio SJ.

Y el más reciente cónclave vaticano lo hizo obispo de Roma, es decir cabeza de la Iglesia católica, Papa, tomando el nombre de Francisco (pidiendo que no le pusieran “primero”, sólo Francisco, lo veía más sencillo), en memoria del humilde monje de Asís. Ha llevado lejos la sencillez episcopal, no a la pobreza de los obispos de diócesis de zonas miserables, claro, pero sí en contraste con la elegancia vaticana tradicional y de Jefe de Estado.

Tras el cónclave, decidió vivir en un modesto hotel interno de la Ciudad del Vaticano, Santa Marta, en vez de las habitaciones papales dentro del edifico catedralicio de San Pedro. Su blanca sotana es sencilla, sus zapatos son los que antes usaba, no los especiales rojos tradicionales. Viaja en un modesto auto Fiat y su mitra episcopal es sencilla. Recuerdo una foto en la que levanta su brazo izquierdo, observándose su reloj Casio sencillo, de plástico (tengo uno igualito).

Sí, todo en él es sencillo, como siempre lo fue Jorge Mario, el jesuita Papa. Su lenguaje es simple, al alcance de los letrados e iletrados del mundo. Su trato cordial, buscando acercar a quienes integran otras comunidades cristianas y otras religiones. Sus intentos de acercarse a “los pecadores”, a los enfermos del alma, lo asemeja al Maestro, Jesús de Nazaret, criticado por estar con los pecadores. También a Francisco lo critican por lo mismo.

Así se vive la sencillez episcopal, hasta en el obispo de Roma. La Iglesia está llena de religiosos, sacerdotes y obispos que viven en sencillez, como lo hacía el Maestro, quien declaró que el Hijo del Hombre no tenia casa ni donde reclinar su cabeza. Habiendo de todo en la viña del Señor, ya es normal que mucha de la vestimenta episcopal del mundo sea sencilla, con las distinciones propias de su función o de su rango cardenalicio.



Y la sencillez, por cierto, no impide vivir entre cosas materiales de gran valor humano, como son las habitaciones anexas a las grandes catedrales. La catedral de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, es una construcción de gran magnificencia, llena, como varias partes del Vaticano, de obras de arte, que se conservan como patrimonio de la humanidad. Y dentro de ese esplendor material, el Papa Francisco vive con gran sencillez episcopal.





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