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Jesús hablaba del templo de su cuerpo
Meditación al Evangelio 9 de noviembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hoy celebramos la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán. Es considerada la catedral del Papa y la primera en antigüedad y dignidad de todas las de Occidente. Las lecturas que nos ofrece la liturgia de este día nos llevan a reconocer en los templos la presencia de Dios.

La primera tomada de Ezequiel nos presenta el templo como una fuente inagotable de agua que fecunda y hace fructífera la tierra. En cambio el evangelio de San Juan nos presenta aquel enfrentamiento que tuvo Jesús con los vendedores y cambistas que se aprovechaban del templo. Es duro para un israelita ser criticado en lo más profundo de su fe.

El templo, el único templo en Israel, representaba  el culto y la dedicación a un solo Dios. Implicaba la fidelidad. Los sacrificios y ofrendas eran manifestaciones que los peregrinos traían con fe desde todas las regiones. Sin embargo cuando Cristo encuentra a los vendedores y cambistas, no encuentra a gente que busque a Dios, sino que busca sus negocios, comercio e intereses económicos. Así la devoción de la gente se convierte en medio de obtener ganancias para los dirigentes. Por eso Jesús tiene esta reacción que denuncia a un sistema que dejando de lado al Dios único, ha propiciado la adoración al dios del comercio y del dinero.

Lo que denunciaban los profetas desde antiguo, se hace realidad: el culto se pervierte y es sólo un pretexto para buscar riquezas. Cuestionamiento serio de Jesús también en nuestros días para muchas iglesias que bajo el pretexto de la palabra o la salvación esconden intereses de poder o de economía. Reflexión especial nos merece a cada uno de nosotros las palabras con que San Juan culmina esta narración: “pero él hablaba del templo de su cuerpo”.

Es menester hallar un equilibrio frente a ese templo físico donde encontraremos espacios para la oración, para la enseñanza, para la comunión y para fracción del pan, con el otro templo de su propio cuerpo formado por todos los creyentes. Ambos nos merecen todo nuestro respeto y cuidado. ¿Cómo respetamos las iglesias? ¿Cómo respetamos el Cuerpo de Cristo vivo que formamos todos nosotros?





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