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El deber y la libertad
Ninguna autoridad impone a la gente que respete una promesa entre amigos.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Se habla continuamente de deberes. La gente debe pagar impuestos, respetar las reglas de tráfico, comportarse con cierta educación, cumplir las promesas.

Se habla también de libertad: cada uno puede decidir según sus propios modos de pensar, de sentir, de querer.

Surgen un sinfín de problemas cuando se intenta explicar qué es el deber, cómo se funda, y en qué maneras se relaciones con la libertad.

Para afrontar esos problemas hacen falta muchas reflexiones y aclaraciones, lo cual no es fácil ante una diversidad de teorías sobre el tema.

De modo simple, y como un pórtico, podemos reconocer que los deberes pueden venir de lo exterior (desde las "autoridades"), o desde lo interior (la propia conciencia).



Las "autoridades" indican dónde se puede aparcar, en qué manera pagar impuestos, cómo respetar los acuerdos de un contrato.

Desde las indicaciones y la mayor o menor energía de las "autoridades", las personas se sienten obligadas a respetar ciertos deberes.

Otros deberes surgen desde dentro. Ninguna autoridad impone a la gente que respete una promesa entre amigos. Pero cada uno percibe que, tras formular una promesa, tengo el "deber" de cumplirla...

Cada uno de los deberes externos o internos puede chocar con lo que las personas desearían hacer libremente. Basta con pensar en cuántos querrían ser libres para aparcar su coche en una calle llena de prohibiciones.

No pocas personas van contra algunos deberes, porque prefieren hacer prevalecer su propia libertad y secundar sus propios deseos o, en ocasiones, sus caprichos.



Otras personas, o por miedo (un policía en la calle lleva a muchos a respetar las reglas de tráfico) o por convicción, optan por respetar sus deberes, aunque a veces desearían, libremente, hacer cosas opuestas a los mismos.

Lo anterior explica por qué sea tan importante, en el ámbito personal y en las discusiones públicas, incluso antes de elaborar leyes, encontrar cuáles sean los fundamentos de los deberes y obligaciones que se exige a la gente, para poder distinguir entre los que sean correctos y los que no lo sean.

Pero esas discusiones pueden llegar a ser muy difíciles en sociedades pluralistas, donde conviven muchas teorías y donde algunos defienden que no existen verdades en la política, la ética o la filosofía.

Sin embargo, y a pesar de esas discusiones, al reflexionar sobre los deberes en el mundo del trabajo, en la convivencia social, incluso en el cuidado del ambiente, necesitamos superar ciertas visiones relativistas y alcanzar verdades bien fundamentadas que identifiquen deberes que siempre hemos de respetar.





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