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Historias desde las personas
Una victoria o una derrota son explicables solo desde personas concretas.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Una historia puede decir que Francia atacó a Alemania, y que Alemania respondió con una contraofensiva que provocó enormes daños a las dos naciones.

O puede decir que un gobernante francés dio la orden a los generales del Estado Mayor para organizar un ataque, y que varios generales (con nombres y apellidos) elaboraron planes equivocados que permitieron luego a varios generales alemanes, que tenían mejores planes, organizar una contraofensiva seriamente dañina.

Se podrían poner muchos más ejemplos de relatos históricos muy diferentes. Unos, que aspiran a simplificar y que tratan los hechos como si fuesen realizados por "Estados" o incluso por ideas. Otros, que se fijan en las personas concretas, con sus prejuicios, sus intuiciones y sus miedos.

Salta a la vista que el primer tipo de relatos parece más fácil. Además, simplifica mucho las cosas pues construye o supone que existen realidades abstractas (un Estado, un pueblo, una clase social, un partido político) que actuarían como si fuesen sujetos autónomos.

El segundo tipo de relatos es más difícil, porque intenta bajar a los detalles, porque no quiere olvidar a los actores concretos, porque tiene que buscar informaciones sobre lo que discutían y decidían personas individuales, con sus límites o con aciertos en ocasiones sorprendentes.



Al leer ciertos libros o artículos de historia parece que nos encontramos con sujetos abstractos o realidades colectivas que actúan unitariamente ("los griegos" que vencen a "los persas"). Pero si uno quiere comprender lo que realmente pasó, reconocerá que una victoria o una derrota son explicables solo desde personas concretas.

Por eso, aunque resulte un ideal casi inalcanzable, una historia que pretenda exponer lo que ha ocurrido en un determinado periodo del pasado necesita presentar a los protagonistas concretos de los hechos más relevantes, sin olvidar el papel de "pequeños actores" (el soldado que, en la primera línea del frente, da un grito de alerta) que pueden ser decisivo para un triunfo o un desastre.

En otras palabras, aspirar a escribir historias desde las personas significa reconocer y dar su valor a cada actor humano que, de maneras a veces sorprendentes, pone cada día su granito de arena en el gran desarrollo de los hechos que construyen el devenir de la humanidad.





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