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Comenario a la Liturgia. Domingo Cristo Rey
La Iglesia termina este periodo ordinario y con él todo el año litúrgico con la afirmación celebrativa de que Cristo es el Rey del universo


Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net



Con este domingo, la liturgia cristiana cierra el año con la fiesta de Cristo Rey del universo. La Iglesia termina este periodo ordinario y con él todo el año litúrgico con la afirmación celebrativa de que Cristo es el Rey del universo. Es el triunfo, la última palabra que tiene la Iglesia y que invita a sus miembros a festejar, a celebrar, a elevarse en gozo. Cristo es el Rey, Cristo es el dueño y Señor, Cristo ha vencido. Y nuestra voz unánime proclama: Cristo Rey nuestro. Venga tu Reino.

La liturgia de este domingo está centrada en el tema del Reino de Dios. Sobre todo, en la lectura de San Pablo a los colosenses encontramos algunos rasgos de este Reino que ha llegado a nosotros en la persona de Cristo. Lo primero que nos dice el texto es que el Reino de Dios es el reino de la luz. Este es un criterio de discernimiento importante para nosotros para poder comprender si estamos viviendo o no según el Reino de Dios. ¿En nuestra vida hay luz? ¿En nuestro hogar hay luz? ¿En el entorno en el que nos encontramos hay luz? Si hay luz está el Reino.

Y si encontramos en nuestro interior o en nuestro entorno que hace falta la luz San Pablo nos indica quién nos ha liberado del poder de las tinieblas: Cristo. Él es la luz, nos dice San Juan en su Evangelio. Jesús, luz del mundo, viene a llenar de luz nuestra oscuridad. Las tinieblas tienen una característica. Uno no puede quitarse las tinieblas, más bien la luz tiene que invadir la oscuridad ya que solo así puede ser disipada. En el fondo la oscuridad no existe es más bien falta de luz. Esta es una clave para poder llenar nuestra vida de luz. Estamos invitados a dejar que Jesús, luz del mundo, llene nuestra oscuridad con su luz. Así viviremos en el reino de la luz.

Además San Pablo nos explica que hemos sido liberados del poder de las tinieblas a través de la sangre del Hijo amado del Padre de quien recibimos la redención. ¿Qué es la redención para San Pablo? El perdón de los pecados. Vivir en la luz es haber sido purificados de los pecados. Esta purificación se lleva a cabo con la sangre de Jesús. Es el sacrificio de Cristo el que nos ha otorgado el perdón de nuestros pecados. Esa sangre, que recibimos contantemente en la gracia sacramental y en la oración, es la que hace blancas y puras nuestras vestiduras y nos permite estar ante la presencia de Dios alabándolo siempre.

El Reino de Dios es por tanto un reino de luz en el que habitamos todos aquellos que hemos blanqueado nuestras vestiduras con la sangre del cordero. Es decir, todos aquellos que nos hemos dejado purificar, progresivamente, por la gracia sacramental y entonces podemos ser parte del reino de la luz porque nosotros mismos somos luz. Estamos llenos de la luz de Dios la cual irradiamos incluso en nuestras vestiduras blancas.



Por último, el texto nos dice que el Reino de Dios es un reino de paz. Cristo nos ha liberado de las tinieblas, nos ha obtenido el perdón de nuestros pecados y además nos ha dado su paz por medio de su sangre derramada. Esto quiere decir que uno de los frutos del Reino es la paz. Dios, en Cristo nos ha dado su paz. Este es otro criterio de discernimiento para saber si permitimos que el Reino de Dios habite en nuestro interior y en nuestro entorno. La pregunta que nos tenemos que hacer es la siguiente: ¿Somos agentes de paz? Y ser agente de paz no se conquista, sino que más bien es consecuencia de haber dejado que Dios llenara de luz nuestra oscuridad y que la sangre de Cristo purificara progresivamente nuestra alma. La consecuencia de esta acción de Dios en el corazón es la paz. Y esta paz la perciben los demás que nos rodean y por lo tanto nos convertimos en agentes de paz.

Pidamos a Cristo Rey en esta solemnidad que nos conceda estos dones: «Cristo, rey nuestro, queremos vivir en tu Reino. Sabemos que tu Reino es un reino de luz y de paz. Sabemos que solo tu puedes llenar de luz nuestra oscuridad y que solo tu nos puedes purificar con tu sangre para así ser agentes de paz. Este día nos acercamos con humildad pidiéndote este don. Ven a reinar a nuestro corazón haciéndolo morada tuya y por lo tanto lugar de tu manifestación de luz y de paz para nuestros hermanos. Amén»





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