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Todos los odiarán a ustedes por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá
Meditación al Evangelio 27 de noviembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



San Lucas refleja en el pasaje de este día lo que ocurría en sus días y sufrían los discípulos: la persecución a causa de Jesús. Esto provocaba dificultades entre algunos que no esperaban que por predicar el evangelio tuvieran que afrontar tales dificultades. San Lucas recuerda las palabras de Jesús y pone en sus labios estas sentencias que vienen a ser la piedra de toque para mirar la fidelidad al evangelio.

Las predicciones de Jesús parecen difíciles y quizás para algunos hasta desalentadoras. Sin embargo, su mensaje es de esperanza. Jesús habla de los sufrimientos que tendrá que atravesar la comunidad. Predice la cárcel y la persecución. Distingue entre los poderes judíos (sinagoga), y los romanos (reyes y gobernadores). Los discípulos fieles serán llevados ante esos tribunales. El centro del pasaje hace referencia al testimonio que tendrán que dar los discípulos ante el público. Pero también Jesús asegura su presencia y su asistencia en tales momentos. Hay quienes quisieran predicar el evangelio, defender la verdad y seguir a Jesús, pero sin sufrir ningún contratiempo.

Cuando se enfrentan a las dificultades propias del discípulo de Jesús, se asustan y quisieran hasta dejarlo. La búsqueda de la justicia y de la verdad siempre ha tenido enemigos, pero Jesús nos asegura su asistencia, su fortaleza y su sabiduría para salir adelante. La persecución y el martirio han sido una constante gloriosa de quien es fiel a Jesús. Quien asuma el proyecto de Jesús debe estar dispuesto a ser ajusticiado por los poderes de este mundo, pero también tendrá la seguridad de esa presencia consoladora que Él nos ofrece.

Hoy también es difícil seguir a Jesús. A veces por la oposición de los contrarios a la verdad y a la justicia; otras, por las atracciones y tentaciones de un mundo que nos subyuga. El Papa Francisco nos dice que no nos dejemos subyugar por la fascinación mundana. Recordemos en este día que Jesús nos ha prometido su presencia y que estamos en las manos amorosas de nuestro Padre a pesar de los contratiempos que debemos vivir. Recordemos sus palabras: “Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”





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