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El trago amargo
No tengamos miedo al conflicto, sino que busquemos siempre la mejor solución.


Por: Francisco Peralta Dávalos / Anahí Ruvalcaba Ortíz | Fuente: Catholic.net



“No existe la pareja perfecta” es una frase que escuchamos a menudo… y seguramente todos podemos afirmar que es cierto. Hay que partir del hecho de que las parejas están formadas por personas y, si una característica tenemos todas las personas, es que somos imperfectas; con fortalezas y debilidades, virtudes y defectos. Por ello, el hecho de pensar en una relación perfecta, sin conflictos ni desencuentros o malos entendidos resulta ilógico e ingenuo.

Aunque exista una buena comunicación y un trato amable de manera ordinaria en la relación, es esperable que surjan ocasionalmente conflictos o diferencias, eso es absolutamente normal, incluso habría que meterlo en el “presupuesto” de la relación. Sin embargo, a pesar de que todas las parejas pasen por esos momentos complicados, lo que hace la diferencia y sin duda alguna depende de cada persona y de cada pareja, es cómo se reacciona ante esos acontecimientos, qué postura es la que tomamos y cómo llegamos a resolverlo. Muchas parejas terminan dando por concluida la relación después de una riña, pero existen otras que resuelven el problema y logran salir avante, no sólo eso, llegan a salir mejor aún de como entraron al conflicto.

Indudablemente nadie quiere pasar por una mala experiencia, por un momento desagradable, pero una vez que nos encontramos en él, podemos verlo como una oportunidad de crecimiento y capitalizarlo a favor de la relación, de tal manera que algo que pareciera ser totalmente negativo, puede dejarnos una enseñanza positiva y valiosa que, incluso, en algún momento agradeceremos.

Cuando las parejas que están comprometidas platican sobre el mayor conflicto que han tenido a lo largo de su noviazgo, suele existir un común denominador: a final de cuentas, el problema que tuvieron, algún aprendizaje les ha dejado, alguna lección que pareciera una especie de vacuna para prevenir conflictos futuros y que incluso les terminó ayudando a tener una relación más sólida y auténtica. Se puede decir entonces que el abordar y solucionar esa “crisis” que surgió en alguna etapa del noviazgo, en ocasiones hace las veces de un medicamento amargo que ha ayudado a fortalecer la relación.

Son varias la pareja que, inclusive, después de haber terminado la relación o haberse “dado un tiempo”, terminan regresando y valorándose más mutuamente, no sólo eso, muchos son los que en ese momento comienzan a tomar la decisión de comprometerse para contraer matrimonio. A otras parejas lo que les sucede es que aprenden de los errores cometidos que dieron origen a la crisis y los corrigen a fin de mejorar la relación.



En conclusión, ante el conflicto y la crisis, terminar con la relación o aprovechar la experiencia para madurar y crecer en el amor dependerá de nosotros y de la habilidad que desarrollemos para sacar ventaja de las adversidades. No tengamos miedo al conflicto, sino que busquemos siempre la mejor solución como pareja recordando que una pareja no pelea uno contra el otro pues son un mismo equipo, más bien son juntos quienes luchan contra las dificultades. “Todas las situaciones críticas tienen un relámpago que nos ciega o nos ilumina.” Victor Hugo





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