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Pasos para volver a casa
La ayuda de Dios resulta decisiva.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Cuando hemos tocado fondo, cuando el mal ha mostrado su rostro más dañino, podemos pensar cómo volver a casa, cómo llegar a la verdadera conversión.

Resulta difícil si miramos nuestras propias fuerzas. A veces el pecado ha dañado seriamente nuestra voluntad y ha dejado el corazón lleno de desesperanza.

Pero cuando nos abrimos a la acción de Dios y vemos cómo tantos hombres y mujeres han logrado volver a casa, es posible dar los primeros pasos.

La ayuda de Dios resulta decisiva. Solo desde ella podemos reconocer nuestro pecado y, al mismo tiempo, descubrir que tenemos un Padre misericordioso.

A partir de ese momento, es posible ponernos en camino. El reconocimiento de las propias culpas nos prepara para recibir el sacramento del perdón.



Al mismo tiempo, la experiencia del amor de Cristo que salva y que cura nos permite tomar propósitos para abandonar el pecado y empezar a vivir como hijos rescatados.

Entonces nos unimos a tantos hombres y mujeres que se han dejado curar, que han experimentado el triunfo de la gracia, que han recibido el abrazo del Padre de las misericordias.

Seguramente habrá dificultades: hay pecados que dejan huellas profundas, incluso dependencias, que en ocasiones requieren ayuda especializada.

Más allá de las dificultades, el hecho de haber dado los primeros pasos para volver a casa ya es, en sí mismo, un refuerzo maravilloso para que el corazón se llene de esperanza.

Lo que ocurre en los momentos de conversión queda descrito en el Evangelio como una gran fiesta, como un gozo extraordinario: “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión” (Lc 15,7; cf. Lc 15,22-32).









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