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5 de junio de 2020

Un Dios grande oculto en lo pequeño
santo Evangelio según san Marcos 12, 35-37. Viernes IX del Tiempo Ordinario


Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’; ¿cómo puede ser hijo suyo?”.

La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Cuántas veces no nos hemos sorprendido al encontrar a Dios en las cosas que parecen no tener un gran valor?

A veces nos sucede que buscamos Dios en cosas aparentemente «dignas de Dios» y nos decepcionamos. Puede ser que esto nos lleve a pensar si en verdad no estoy haciendo lo suficiente para encontrar a Dios. Lo que sucede es que Dios, el Grande, el Inmenso, tiene un gusto especial por las cosas pequeñas. Es un gran amante de los detallitos: de una sonrisa de n hijo, de un dibujo hecho con amor, de un pequeño acto de caridad sin que nadie me vea.

Jesús en evangelio nos lanza un reto: buscar a Dios en lo pequeño. Cristo dice « ¿cómo puede ser hijo suyo?» refiriéndose a sí mismo. Pero casualmente Jesús es efectivamente «el hijo de David». Misterioso, pero cierto. Dios, siendo grandísimo se hizo un hombre. El Dios que le prometió a David darle descendencia se hizo descendiente suyo. Dios se hizo parte de la familia humana.

Así Jesús se esconde en los pequeños, en nuestra vida diaria. A nosotros nos toca encontrarlo. Ahora puede ayudar hacerse unas preguntas para poder contemplar más fácilmente su paso en mi vida: «¿En dónde lo has visto? » «¿Qué sentiste al encontrarlo? » «¿Cómo le hiciste para verlo?».

«Con Dios, la carga de la vida no permanece sobre nuestros hombros: el Espíritu, a quien nombramos cada vez que hacemos la señal de la cruz, justo cuando nos tocamos los hombros, viene a darnos fuerza, a alentarnos, a soportar los pesos. En efecto, es un especialista en resucitar, levantar, reconstruir. Se necesita más fuerza para reparar que para construir, para recomenzar que para comenzar, para reconciliarse que para llevarse bien. Esta es la fuerza que Dios nos da. Por eso el que se acerca a Dios no se abate, sale adelante: comienza de nuevo, intenta de nuevo, reconstruye».
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de junio de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy voy a estar atento para agradecer los pequeños actos de gentileza que las personas hagan por mí.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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