Menu


Parece lo mismo pero no lo es
Nunca seremos iguales, más si adaptables y perfectibles por convicción.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Cuántas tragedias y conflictos, de pareja (violencia de género), familias, cónyuges, de padres e hijos, sociedades y en instituciones mundiales se evitarían si dejara de recurrir, insistir, amenazar, imponer u obligar con agresión y violencia extrema, hasta que las cosas se salgan de control (al punto de caer en homicidios o suicidios), por querer “corregir” indebidamente la forma de actuar de las personas.

Parece lo mismo, pero no lo es.

Ayudar a CAMBIAR, ayudar a SUPERAR algunos defectos, ayudar a la autocorrección, no es pretender quitar los defectos por medio de intolerancia extrema. Es muy importante aceptar y respetar a la persona, como ser humano, con todos sus defectos, imperfecciones y virtudes mutuas. ¡Ese es el reto! Hay que vencer los enormes obstáculos personales: orgullo, ira y soberbia, y con humildad ir adquiriendo la capacidad de adaptación y aceptación.

Muchas personas, parejas, hombres, mujeres y padres, obsesionados, se desgastan toda la vida queriendo “corregir”, imponer y cambiar a los demás; cuando no logran el resultado deseado, llegan al fastidio, frustración, sentimiento de tristeza, decepción, falta de interés y desilusión y hasta la ruptura que esta imposibilidad provoca, además de haber logrado solo rebeldía y agresividad poniendo a la defensiva a la otra persona. Si ha todo esto le agregamos violencia, no olvidemos que, la violencia genera violencia.

El problema comienza cuando recurrimos obsesivamente a cualquier tipo de abuso, violencia o agresión verbal, física o chantaje, como recurso, y hacemos hasta lo imposible por cambiar los defectos e imperfecciones de los demás, según nuestras conveniencias, deseos impulsivos y vehementes, de forma irreflexiva, precipitada y apasionada. Cuando pretendemos hacer de los demás un estereotipo de nosotros, algo similar a nosotros; imponer, intentar “programar” a las personas.



Todos tenemos defectos, unos más que otros. Todo ser humano es imperfecto, y además negamos frecuentemente la realidad de ser intolerantes a los defectos ajenos. Pretendemos ser comprendidos, pero no comprender, ser amados, pero no amar. intentamos el sometimiento absoluto a una autoridad. Se pretende que todos tengan frio cuando uno tiene frio, que todos tengan calor cuando uno tiene calor. Que a todos les agrade lo que a uno le agrade. Pensar y decidir y elegir uno solo por los demás. Que todos piensen de igual forma y siempre le den la razón a uno solo. Ser diferentes, pensar y tener gustos diferentes, siempre será algo que debe ser respetado.

Siempre será útil y necesario, ayudar, no pretender “cambiar”, a los demás. Debemos, como padres, como hijos, esposos (as), ayudar, apoyar al cambio. ¡Nunca! Imponer y menos por la violencia; hay que convencer con respeto, comunicación, dialogo permanente y prudencia a superar los defectos más dañinos o perjudiciales para si mismo y para los demás. Hay que convencer de las bondades del cambio por el bien y superación personal, al surgir el cambio por convicción, también resultará beneficiado todo el entorno y se mejorará substancialmente la convivencia propia y todos.

Corrección no es sinónimo de agresión.

Corrección, será comentario, observación que se hace a una persona, para que esta corrija sus errores o manera de actuar de manera incorrecta.

Agresión, es toda acción violenta con la firme intención premeditada de causar daño físico, psicológico y emocional atentando contra los derechos de una persona.



Cuando los defectos son insuperables, por falta de reconocimiento, aceptación, falta voluntad propia y capacidad humana para decidir con libertad y disposición personal, es mejor mantenerse en sana distancia por respeto para las partes en conflicto. “A veces la mejor manera de convencer al otro de que está equivocado, es dejarlo seguir su camino” (Programa chiquitín misionero).

Todos los seres humanos somos afines, parecidos en sentimientos, actitudes, forma de pensar, con características comunes. Pero nunca seremos iguales, más si adaptables y perfectibles por convicción.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |