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Al comenzar la «nueva normalidad», ¿volveremos a nuestro modo de ser y vivir anterior?
En esta segunda oportunidad, ¿estaremos dispuestos a dar fruto?


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Es tiempo de comenzar a vivir en sana distancia, para bien, y lo más saludable para todos, no solo en el aspecto físico, sino también en el aspecto familiar, social, religioso, afectivo, moral y psicológico, Que lo sano sea influir en forma favorable y positiva entre todos los seres humanos sin importar razas, colores o posiciones. Que siempre mantengamos sana distancia entre la responsabilidad, la vida y la libertad de todo ser, que todos tenemos que proteger y resguardar; y un total rechazo al racismo, el atropello a los derechos y la discriminación.

Que la distancia sea para evitar volvernos a contaminar de odio y resentimientos. Que sea para reencontrarnos, para conservar siempre el respeto así mismo, hacia todos los que nos rodean y merecen afecto, apoyo y comprensión. Recordemos siempre que existen personas desquiciadas llenas de maldad para destruirse y destruir… ¡No te contamines!

Aprendamos, practiquemos y vivamos el bien que por mucho tiempo mandamos al baúl de los recuerdos como algo que nos impedía vivir la “modernidad”. No nos volvamos a contaminar de negativismo. No nos contaminemos con relaciones tóxicas; involucrémonos, participemos, vivamos para servir y no para ser servidos, porque lo ultimo genera vacío e insatisfacción, hay que salir de la zona de “confort”, del egoísmo, de la soberbia y del individualismo.

Por muchos años de nuestra existencia, vivimos en la anormalidad: en una verdadera carrera contra el tiempo en grado extremo de agotamiento, en desesperación, depresión, en confusión de ideas y de proyectos, perdiendo el tiempo y las mejores oportunidades, desaprovechando los mejores años de la vida. Aprovechándonos de los demás, con sentimientos encontrados, frustraciones y viviendo el pasado como si fuera el presente llenándonos de amarguras, viviendo con vacío existencial…eso es anormal; tenemos que aprovechar la oportunidad para vivir con una verdadera NORMALIDAD. Desechando, alejando, desterrando todo negativismo, en busca constante y sin flaquear para vivir mejor en una verdadera superación personal y familiar para hacer este mundo de selvático en humano.

Nunca imaginamos que en este año 2020 tendríamos que estar en encierro, con incertidumbre, temerosos por ser invadidos por microscópico virus que puede matarnos, pero que a través de una larga cuarentena, de tiempo de reflexión podamos aprovechar positivamente esta oportunidad para superar, mejorar y retomar los siguientes años de nuestra vida.



La vida se encargó de recordarnos lo débiles, vulnerables y endebles que somos y que nuestra soberbia nos habría hecho olvidar, que el poder económico, prepotente o bélico ante la omnipotencia que lo abarca todo no somos nada.

NUESTRA VIDA DESPUÉS DE LA PANDEMIA

Estamos preocupados de enfermarnos o de que pudiéramos morir. Esto es obvio. Pero en lugar de estar muertos de preocupación, pensemos delante de Dios para qué quiero vivir, para qué quiero vivir sano. ¿Para seguir viviendo como venía viviendo, envuelto en el egoísmo, en el marasmo de la vida por conseguir cosas y placeres, ignorando a los demás?, ¿para esto quiero estar sano y seguir viviendo? Preguntémonos honestamente por qué quiero seguir viviendo. Se supone que no queremos repetir los esquemas de vida que traíamos y que son más bien compromisos con la cultura de la muerte. No queremos vivir para fomentar la cultura de la muerte, sino para renovar nuestra forma de vida para el bien propio y de los demás, para el servicio de la caridad y de la unidad entre la familia humana, para ser y comportarnos como verdaderos hijos de Dios y hermanos unos de otros. Que no queramos seguir viviendo y estar sanos para seguir ignorando, explotando y tratando injustamente a los demás (Cardenal José Francisco Robles Ortega | 26 de abril 2020).

Que nuestra vida no sólo sea para buscar obsesivamente “objetivos” que nos llevan a perder el control sobre sí mismos: DINERO, PLACER Y PODER para destruir a los demás y así satisfacer nuestro propio ego.

ACONTECIMIENTOS VANDÁLICOS A NUESTRA FE



Ante la pandemia del Covid 19, como personas que pertenecemos a la familia humana, nos dimos cuenta de nuestra fragilidad, que necesitamos unos de otros, y experimentamos que esta crisis de salud y sus consecuencias solo la podemos librar unidos y en paz.

¿Por qué nos tenemos que manifestar con tanto rencor y con tanto deseo, no solo de destruir objetos, sino de acabarnos unos a otros? ¿Qué está pasando? ¿Qué tiene que ver ese comportamiento de división, que nos enfrenta, que nos polariza, con los que sabemos que somos hijos de Dios?

Si analizamos fríamente esta situación, no podemos compaginar la verdad de nuestra fe con la realidad de nuestro comportamiento, no la podemos empatar. Nos gana la tendencia al mal, la inclinación al pecado, la prevalencia de la injusticia ante la justicia, el deseo de venganza a la búsqueda de la reconciliación, nos gana el impulso de destruir al otro en lugar de descubrirlo y reconciliarnos con él como verdadero hermano.

Los que somos creyentes tenemos que revisar qué tan auténtica es nuestra fe, porque si la fe que tenemos no influye en nuestra vida cotidiana, no es auténtica, no es verdadera (Cardenal José Francisco Robles Ortega | 7 junio de 2020).

Si no sanamos el mundo, el clima, nuestro corazón, nuestra alma y nuestros sentimientos. Si seguimos llenos de odio, rencor, maldad, a familias dividas y cónyuges en continuo conflicto etc. Volveremos a enfermar de resentimientos y escrúpulos. Que la experiencia de la pandemia que estamos viviendo nos sirva para rectificar, crecer y mejorar. No volvamos a la “normalidad” del pasado, porque esa normalidad de excesos, libertinaje y abusos fue el problema. Esta segunda oportunidad no es para volver a como estábamos antes.

«Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas”» (Lc 13, 6-9).

¿Habremos dado frutos en el pasado? En esta segunda oportunidad ¿Estaremos dispuestos a dar ese fruto?

Muchos(as) están preocupados por volver al salón de belleza, a sus reuniones sociales ¿Cuántos sólo esperan el momento para salir a despilfarrar en banalidades, sin importar los demás? ¿Cuántas veces actuamos con la firme intención de dañar a los demás?, sin pensar que el mayor daño es para nosotros mismos.

Otros verán esto como algo superado y estarán listos para volver a lo mismo, al vacío existencial.

“Si después de esta Pandemia no somos mejores personas, entonces no habremos aprendido nada de la vida…” (autor anónimo), y entonces volveremos a dar excesivo valor a las cosas materiales y a destruirnos unos contra otros por la posesión de algo que no podremos llevarnos cuando tengamos que dejar este mundo.







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