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22 de julio de 2020

¿A quién buscas? Al amor de mi alma
Santo Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18. Miércoles XVI del Tiempo Ordinario


Por: Edgar Maldonado, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Una cosa pido al Señor, morar en su casa todos los días de mi vida, gozar de su presencia y contemplar su templo santo. Dice de ti mi corazón: «busca su rostro». Sí, Señor, tu rostro busco, no me escondas tu rostro (Salmo 27).

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: “¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo han puesto”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabbuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’”.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«Estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro». La fe de María es duramente probada cuando se encuentra con el sepulcro vacío. Claramente, ella no piensa en que el Señor resucitó, sino que alguien se ha llevado el cuerpo de su Señor. ¿Qué significa este no encontrar el cuerpo de Jesús? Para María, significa no tener la imagen de aquel que expulsó de ella siete demonios, significa extrañar a aquel que ella amó porque le perdonó mucho. María no piensa en la resurrección, piensa en que todo se ha acabado, pues, se han llevado al Señor. En María, muchos de nosotros podríamos exclamar «en mi dolor te busqué y no te encontré, Señor Dios, no sé en dónde te han llevado, no sé en dónde te habrán puesto».

No permitamos que el dolor, la confusión o la aflicción ciegue nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor: Cristo Resucitado. Tengamos presente que cuando nos hallamos en medio de una gran confusión Él nos llama por nombre. Cuando nos encontremos en un callejón sin salida, Él nos llamará.

«Y en el Evangelio, el icono de la fidelidad: esa mujer fiel que nunca ha olvidado todo lo que el Señor ha hecho por ella. Ella estaba allí, fiel, frente a lo imposible, frente a la tragedia, una fidelidad que también le hace pensar que es capaz de llevarse el cuerpo... Una mujer débil, pero fiel. El icono de la fidelidad de esta María de Magdala, apóstol de los apóstoles. Pidamos hoy al Señor la gracia de la fidelidad: de darle las gracias cuando nos da certezas, pero nunca pensemos que son “mis” certezas y siempre, miremos más allá de nuestras propias certezas; la gracia de ser fieles incluso ante las tumbas, ante el hundimiento de tantas ilusiones. Fidelidad, que siempre permanece, pero no es fácil de mantener. Que Él, el Señor, sea quien la guarde».
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de abril de 2020, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Señor, yo creo que estás aquí. Creo que estás presente. Creo que soy obra tuya. Gracias por dejarnos tu cuerpo en el sacramento de la Eucaristía; ese cuerpo que María no encontró al inicio, nosotros lo podemos ver en el sacrificio de la Misa.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Ofreceré una comunión espiritual para crecer en fe y en amor en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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