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24 de agosto de 2020

Encuentros que cambian la vida
Santo Evangelio según san Juan 1, 45-51. Lunes XXI del Tiempo Ordinario


Por: Juan Pablo García Hincapié, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, hoy estoy en tu presencia y quiero recordar ese momento en el cual me llamaste a servirte. Dame la gracia de que seas mi ayuda en cada momento y que sea capaz de encontrarme contigo por medio de esta oración.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 1, 45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El Evangelio del día de hoy nos presenta a Cristo que quiere encontrarse con Natanael. ¡Qué grande es el amor del Maestro que sale al encuentro! Detengámonos a pensar cuántas veces en nuestra vida hemos tenido diferentes encuentros, pero pocos de ellos nos han marcado la existencia.

El encuentro de Cristo cambia de manera radical la vida de Natanael. Incluso llega a lo profundo de su corazón y lo transforma porque se ve interpelado por el Amor. Siempre puede causarnos curiosidad saber cómo vio Cristo a Natanael debajo de la higuera. Podemos pensar que fue una mirada llena de Amor. Cristo así quiere manifestarnos, desde el primer encuentro, ese Amor personal con el cual nos ama.

Vale la pena recordar esos momentos en los cuales Dios toca nuestro corazón, porque son ellos los tesoros que nos hacen caminar, incluso en momentos de dificultad. Sigamos a Dios con alegría de saber que Él siempre está cerca para guiarnos.

«La kénosis [vaciamiento de la voluntad para aceptar la voluntad de Dios] de Cristo no es cosa del pasado sino garantía presente para sentir y descubrir su presencia actuante en la historia. Presencia que no podemos ni queremos callar porque sabemos y hemos experimentado que solo Él es “Camino, Verdad y Vida”. La kénosis de Cristo nos recuerda que Dios salva en la historia, en la vida de cada hombre, que esta es también su propia historia y allí nos sale al encuentro. Es importante, hermanos, que no tengamos miedo de acercarnos y tocar las heridas de nuestra gente, que también son heridas nuestras y esto hacerlo al estilo del Señor».
(Discurso de S.S. Francisco, 24 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Dame la oportunidad de caminar contigo, Señor, desde el primer momento que me llames. Que sea generoso mi corazón para seguir llevando tu nombre a mis hermanos, y que toda mi fuerza apostólica sea la experiencia de Amor que he hecho de ti.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy voy a proponerme hacer una visita al Santísimo pidiendo a Dios que siga llamando apóstoles a su Iglesia.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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