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Tocamos la flauta y ustedes no bailaron, cantamos canciones tristes y no lloraron
Meditación al Evangelio 16 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



¿Quién puede dar gusto a todas las personas? Bien dice el refrán popular: "No soy monedita de oro...", unos condenan y aborrecen lo que otros buscan y prefieren. Lo que hoy era lo más agradable y solicitado, mañana se convierte en pasado de moda y detestable. ¿Cómo agradar a los hombres? El mismo Jesús reclama a su generación esta incongruencia de exigencias.

Lo que rechazaban en Juan el Bautista ahora lo exigen del Mesías, y lo que condenan del Mesías, antes lo solicitaban del Bautista. Cuando se tiene el corazón en lo exterior, siempre habrá manipulaciones e inconformidades. Jesús invita a mirar lo que hay en el corazón. San Pablo en su carta a los Corintios nos ofrece este día el bello pasaje que conocemos todos como el himno del Amor y nos centra en lo que es importante y puede llenar el corazón.

Ni los extremos del ayuno que hacía Juan el Bautista, ni los milagros de Jesús, son lo realmente importantes, lo que importa es el amor. Y vaya que Juan tenía un amor fuerte como para soportar las adversidades, y vaya que Jesús se inflama de amor para recibir a los pecadores, para manifestarles misericordia, para darles nueva dignidad. Pero si no descubrimos el verdadero amor estaremos siempre discutiendo qué podemos y qué no podemos hacer, criticaremos cada una de las acciones.

Descubrir el verdadero amor nos llevara a dar no sólo sentido a cada una de nuestras acciones, sino a nuestra vida misma. Por eso San Pablo lo coloca por encima de todas las virtudes, porque sin amor lo que es generosidad se puede transformar en manipulación o exhibición, lo que es fe, se puede quedar en terquedad, lo que es servicio, se deforma y pierde su sentido. Ya nos describe con mucha precisión las cualidades del amor: comprensivo, servicial, no tiene envidia, comprende todo, disculpa todo, todo lo cree.

¿Cómo es nuestro amor? Si nos acercamos a Jesús y le decimos que nos inflame de su amor, podremos iniciar este camino bello, de entrega y donación que es el amor.










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