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Arrastrados por los argumentos
Hace falta un sano espíritu crítico para analizar con calma los argumentos.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Es un fenómeno frecuente: leemos un artículo o escuchamos a un conferencista, y nos convencemos de la conveniencia de pensar o actuar de una manera. Luego leemos otro texto o escuchamos a otra persona, y nos convencemos de lo contrario.

Pasa esto en el ámbito de temas sencillos, como el deporte, o la literatura. Pasa también en temas más complejos: cómo mejorar la economía, cómo afrontar esta nueva epidemia, cómo elegir buenos candidatos al parlamento.

Los seres humanos pueden ser arrastrados por los argumentos, como una nave que se deja mover según la dirección del viento. Así, en la mañana pensamos que hay que subir este impuesto, y en la tarde hemos cambiado de opinión, tras haber escuchado los razonamientos de unos y de otros.

Los griegos, especialmente los sofistas, reflexionaron sobre este fenómeno, incluso ofrecieron ideas y métodos para promover, en los oyentes, persuasiones según los deseos y convicciones de los que escribían o hablaban.

Sócrates, para muchos un gran crítico de los sofistas, también era capaz de orientar sus palabras y razonamientos hacia un lado o hacia otro, para que interlocutores pudieran percibir el problema que surgía al adherirse a una idea y luego a la idea opuesta.



Por desgracia, si los argumentos están heridos por la falsedad, si son elaborados por expertos en la manipulación, mucha gente llegará a aceptar como verdadero lo que no lo es, lo cual en algunos casos puede tener consecuencias más o menos graves.

Es inevitable que al escuchar un argumento nuestro interior quede afectado de un modo o de otro. Incluso quienes tienen un mayor espíritu crítico y una cierta desconfianza hacia lo que escuchan o leen, pueden incurrir en el error de declarar falso un argumento que podría ser verdadero.

Para no dejarnos arrastrar por los argumentos y llegar a situaciones en las que lo falso o lo inseguro quede asentado en nuestro interior como si fuera verdad, hace falta un sano espíritu crítico para analizar con calma unos y otros argumentos.

Entonces será posible separar el grano de la paja, la escoria de lo valioso, y avanzar poco a poco, ayudados por los que muestren honestidad en sus vidas y sus palabras, hacia esa verdad que anhelamos desde lo más profundo de nuestros corazones.









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