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27 de septiembre de 2020

¿Cuál de lo dos hijos soy yo?
Santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32. Domingo XXVI del Tiempo Ordinario


Por: Emmanuel Toro, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, ayúdame a vivir mi día en tu presencia, que Tú seas mi fuerza en el combate, mi voluntad para hacer posible cualquier tarea. Que vea en tí el apoyo seguro y firme para no dejarme arrastrar por las tentaciones del mundo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le contestó: 'Ya voy, Señor, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?". Ellos le respondieron: "El segundo".

Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron. Ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El evangelio nos recuerda algo que a menudo olvidamos: las palabras pueden carecer de sentido. Las promesas son vacías cuando no van seguidas de acciones. El primer hijo es arrogante pero su acción muestra su bondad. El segundo hijo suena cooperativo pero no cumple su promesa. ¿Hago promesas a otros que se escapan rápidamente por la ventana?

¿Cuál de lo dos hijos soy yo? Reflexionemos como va nuestra vida, que decisiones tomamos, que palabras usamos, que voluntad ponemos para realizar las cosas de cada día. Vivir de cara a Dios y no de los hombres.

Jesús me dice: "¿Qué te parece? ¿Me tomo un tiempo para pensar en mi relación con Dios? ¿Le doy a mi alma una oportunidad de ponerse al día? Le pido al Señor que me ayude a tener tiempo para pensar en las cosas que realmente importan.

Necesitamos ingeniárnoslas para ver cómo podemos hacer feliz a la Persona que nos amó y ama tanto, buscando lo que más le agrada. Y lo que Cristo quiere es nuestro corazón y nuestra vida entera, para que trabajemos junto a Él en la viña de nuestro entorno social, para poder realizarnos dándonos a nosotros mismos y ayudar a los demás; dando testimonio de su amor.

«Esta era la vida de un santo que era muy generoso y ofrecía todo al Señor: Lo que el Señor le pedía él lo hacía. Lo escuchaba siempre y cumplía siempre su voluntad. Y el Señor en una ocasión le dijo: “Tú aún no me has dado una cosa”. Y él, que era tan bueno, respondió: “Pero Señor, ¿qué cosa no te he dado? Te he dado mi vida, trabajo por los pobres, trabajo en la catequesis, trabajo aquí, trabajo allí...”. Así, el Señor le salió al encuentro: “Tú aún no me has dado una cosa”. Pero, “¿qué cosa Señor?”, repitió el santo. “Tus pecados”, concluyó el Señor. He aquí la lección: Cuando nosotros seamos capaces de decir al Señor: “Señor, estos son mis pecados, no son los de este o los de aquel... son los míos. Tómalos tú. Así estaré salvado”, entonces seremos ese hermoso pueblo, pueblo humilde y pobre que confía en el nombre del Señor».
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de diciembre de 2014).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Le demostraré mi amor y gratitud a Jesucristo dando una ayuda considerable a cualquier persona necesitada.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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