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Dichosos aquellos a quienes su Señor, al llegar, encuentre en vela
Meditación al Evangelio 20 de octubre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Bella imagen nos presenta Jesús de sus discípulos: con la túnica puesta y con las lámparas encendidas. Es decir el discípulo de Jesús debe vivir con entusiasmo, con alegría, con dinamismo. Así lo expresa con energía y entusiasmo el Papa Francisco en su bella “Alegría del Evangelio”.

El cristiano no es un indiferente que se duerme en sus grandezas, no es el que está esperando que todo caiga del cielo, no es el apático que deja que otros resuelvan los problemas. Lleva en su interior fuego y felicidad que debe compartir, por eso siempre estará dispuesto al servicio, a la entrega, al anuncio. Pero… ¿Nos reconocemos en estas actitudes los cristianos? A veces parecemos indolentes, descuidados y sin el entusiasmo de quien vive el evangelio.

Las dificultades en el camino de la vida siempre han existido en la historia de la humanidad, pero pareciera que en el pasado las personas tenían en su interior una fortaleza que los impulsaba a actuar con más valentía, decisión y seguridad. Hoy, sobre todo entre los jóvenes, se percibe una especie de desencanto y de aburrimiento que fastidia y cuestiona. Pero aquí están las palabras de Jesús para despertarnos y entusiasmarnos.

El discípulo se debe caracterizar por el trabajo, la celebración, la atención y la vigilancia. No es que Jesús pretenda asustarnos con el juicio final o que nos invite a una salvación individualista. Al contrario, pretende llenarnos de su mismo entusiasmo por una misión que tiene en su base la fraternidad y el servicio para la construcción del Reino.

El cristiano debería ser el primero que se presentara en las situaciones difíciles de los hermanos en desgracia. Gracias a Dios así hemos podido experimentar mucho de esto en la presente pandemia, en  las inundaciones o desgracias que ocasionalmente suceden. Hay mucha solidaridad, apertura de corazones y disponibilidad de hogares para quienes sufren desgracias.



Que cada día seamos más conscientes de esta actitud del verdadero cristiano: alguien optimista que está siempre dispuesto a encender una luz en medio de la oscuridad y siempre listo para servir a sus hermanos. Así nos lo ha enseñado Jesús.








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